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Habitaciones frente al mar

Las empresas hoteleras españolas echan profundas raíces en Sudamérica

Jóvenes jugando al fútbol en una playa de Río.  EMMANUEL AGUIRRE Ampliar foto
Jóvenes jugando al fútbol en una playa de Río. / EMMANUEL AGUIRRE

La expansión de las principales cadenas españolas de hostelería en el continente latinoamericano parece imparable, sobre todo en Colombia, Brasil, Perú y Chile, países en los que, si bien su coyuntura económica contrasta con la española, existen en cambio plantas hoteleras urbanas poco desarrolladas. Frente a este panorama, y respaldadas en su amplia experiencia internacional, las cadenas españolas han visto aquí la oportunidad de liderar el desarrollo de la planta hotelera urbana en aquellos mercados. Una situación similar a lo que sucedió en la zona del Caribe hace ya dos décadas, área donde ahora copan hasta dos tercios de la oferta.

Entre estos mercados que ofrecen enormes expectativas destaca Brasil, cuyo impresionante auge económico arranca en 2007, con la implementación de su PAC-1 (Plan de Aceleración Constante 2006-2010), apoyado en importantes inversiones públicas y privadas que contribuyeron de manera decisiva al incremento de la oferta de trabajo y la generación de riqueza, abriendo además enormes posibilidades de inversión y cooperación extranjera.

Los datos hablan solos. El crecimiento económico de Brasil —país con más de 193 millones de habitantes, que concentra el 33% del PIB de Latinoamérica y un índice de crecimiento que este año alcanzará un nada despreciable 3%— lo ha convertido en un mercado sumamente apetecible para la inversión extranjera. Sobre todo, dada su consolidación como destino turístico mundial y los acontecimientos deportivos de interés internacional ad portas: Mundial de Fútbol FIFA 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro, para los que están siendo realizadas obras en puertos, aeropuertos, establecimientos hoteleros.... Todos estos trabajos están contemplados en su PAC-2 (2011-2014), que también incluye licitaciones para el turismo o relacionadas con este sector. En conjunto, significan un enorme y variado conglomerado de oportunidades para el sector privado, tanto brasileño como internacional.

Entre estos inversores figura el experimentado sector de nuestros grupos hoteleros. No en vano, recuerdan fuentes del sector, fueron las grandes cadenas españolas las que abrieron Latinoamérica al turismo, por lo que ahora comienzan a pisar fuerte en un mercado con gran presencia de cadenas estadounidenses y en el que hay mucho que hacer. Pero no son objetivos fáciles, ya que si bien Brasil es un mercado abierto, es también muy competitivo, por lo que conviene lograr acuerdos de colaboración con empresas brasileñas para desarrollarse en aquel mercado, y también cara a terceros países. ¿Razones?, la empresa turística brasileña está más orientada hacia países limítrofes y hacia el gran mercado estadounidense.

En Brasil ya están posicionadas las grandes cadenas españolas. Ahí están los casos de Meliá, Iberostar, NH Hoteles o Grupo Hotusa, con un claro sentido de la anticipación. Meliá, por ejemplo, está presente en este mercado desde 1992 y por el momento, administra 14 hoteles. Pero conviene recordar que la incorporación de nuevos establecimientos a la cadena Meliá Hotels International se lleva a cabo fundamentalmente a través de fórmulas de gestión, incurriendo así en un menor endeudamiento y reduciendo la exposición al riesgo. Esta fórmula supone que Meliá entra a gestionar hoteles que son propiedad de terceros; socios que confían a la compañía la explotación de sus inmuebles, dada la experiencia, know how y reputación de la marca. “Como Grupo Hotusa tenemos presencia y reunimos a un total de 43 establecimientos repartidos entre 21 ciudades de Brasil”, comenta Amancio López Seijas, presidente del grupo. “Además, a principios de este año cerramos una joint venture con una compañía brasileña con la que estamos desarrollando dos proyectos de hoteles en propiedad, bajo la insignia Eurostars Hotels”.

190.000 turistas españoles

En cuanto a los flujos turísticos bilaterales, aunque de momento son relativamente bajos, muestran una tendencia al alza. Según datos de la OMT, el número de turistas españoles a Brasil en 2011 fue de 190.000 (incremento del 6,2% respecto a 2010), mientras que el número de turistas brasileños a España, según Frontur (Instituto de Estudios Turísticos), alcanzó los 360.000 (un incremento del 49,2% respeto a 2010). España es, después de Francia, el segundo destino para el turista brasileño que viaja a Europa, destacando entre sus principales atractivos la cultura, el arte, la gastronomía y la vida nocturna. Un turista de fuerte nivel adquisitivo, con formación y un nivel de exigencia y calidad muy alto.

“El número de turistas brasileños que nos visitaron entre enero y septiembre de 2012 creció un 10% respecto al mismo periodo de 2011, y el gasto que realizaron se incrementó casi un 21%, en un contexto en el que los viajes brasileños al exterior han disminuido debido principalmente a la tasa de cambio real/dólar por encima de los dos reales, así como las medidas de reducción de impuestos promovidas por el Gobierno brasileño. Esto ha incentivado el consumo de otros productos en detrimento de los productos turísticos”, señala Pituca Catón, jefa de prensa de Turespaña.

También existe una serie de datos del turismo interior brasileño que conviene incluir en cualquier análisis. Datos derivados inicialmente del programa PAC, gracias al cual fueron creados 8,2 millones de puestos de trabajo en medio de la actual crisis económica, garantizando el empleo e ingresos de la población. Esto permite la continuidad del consumo interno de bienes y servicios y una amplia movilidad social.

“En los últimos cinco años, un 54% de la sociedad brasileña ya puede ser considerada clase media. En otras palabras, se ha pasado de 62 millones de personas a 101, reduciéndose los estratos más bajos en 45 millones”, puntualiza Antonio del Corro, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Brasil-España.

“En estos momentos”, añade, “el turismo interior tiene una gran potencia que se centra en el crecimiento de la demanda interna gracias a una gran masa de habitantes que están ascendiendo a clase media y que, por tanto, son potenciales turistas. Si por otra parte tenemos en cuenta que Brasil recibe anualmente entre 5/7 millones de turistas, no cabe duda de que es un terreno perfectamente abonado para un mayor desarrollo sectorial”.