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Botellas para especular

Invertir en vino puede ser rentable, pero exige paciencia y conocimientos

Subasta de vinos en la sede de Christie's en Ginebra.
Subasta de vinos en la sede de Christie's en Ginebra. VALENTIN FLAURAUD (REUTERS)

Era 1968 y era Vega Sicilia. Un joven enólogo, Mariano García, llegaba a trabajar a la bodega. Acababa de completar sus estudios en la Escuela de la Vid y el Vino de Madrid y traía consigo la ilusión de ser la primera cosecha que elaboraba. En aquellos días, Vega Sicilia no era un negocio ni tan reputado ni tan rentable como es hoy. Pero trabajó duro. Sin saber dónde acabarían con el tiempo las 20.000 botellas que elaboró como se hacía en aquella época y en aquellos pagos: depósitos de cemento, sellado con madera y yeso de las tinas, remontado con mangueras… Un coupage entre lo precario y lo artesanal.

El 3 de noviembre de 2011 llegaron a la sala de subastas Christie’s, en Londres, 10 botellas de Vega Sicilia Único de aquel 1968 y de aquel enólogo veinteañero. Era el lote 104. Se remató en 7.475 libras (9.500 euros, al cambio actual), frente a un estimado de 3.500 libras. El vino se situó así como uno de los caldos españoles más caros vendidos por esta casa británica. Otros remates interesantes vistos en Christie’s han sido las 1.800 libras desembolsadas por un Marqués de Riscal de 1900 (vendido en 2008) y, sobre todo, las 2.200 libras que un coleccionista noruego pagó en 1999 por un Marqués de Murrieta de 1877.

Utilizar el vino como un activo más es complicado ya que se trata de un mercado que no es transparente

El 14 de noviembre de 2009, en Nueva York, Sotheby’s adjudica tres mágnum de Vega Sicilia Único 1968 por 36.300 dólares (29.600 euros, al cambio de hoy), récord para un vino de nuestro país en esa sala. El mercado había señalado a ese Vega Sicilia como el más codiciado, pero ¿qué tiene de especial esa añada? “Fue una cosecha en la que todo resultó espléndido. Noches frías, llovió en su momento y hubo sol cuando tocaba”, recuerda Mariano García.

Esta historia, que al igual que el vino marida tiempo, terruño y economía, nos lleva a reflexionar sobre el potencial inversor en este mundo de la uva. Tim Triptree, experto en vino de Christie’s, cree que “los retornos pueden ser muy interesantes”. Aunque para ello es crucial “elegir bien y pagar el precio correcto”. Y ofrece como ejemplo 12 botellas de Petrus 1982 que se vendieron en mayo de 2011 por 37.000 libras y que en 2001 pudieron comprarse en subasta por 14.700. O también una docena de botellas de Château Lafite-Rothschild de 1982, que se remataron el año pasado por 30.000 libras, cuando en 2001 se adjudicaron en 3.400. Remates que explican que durante 2011 Christie’s alcanzara su récord de ventas en el área de vinos, al ingresar 90 millones de dólares.

China está tirando de la demanda, sobre todo con el vino Burdeos

Tampoco le fue nada mal ese mismo año a su gran competidor, Sotheby’s, que sumó 85 millones de dólares. La segunda facturación en vino más alta en su historia. Con estos resultados, parece lógico que defiendan su valor como activo. “Durante los últimos 30 años Burdeos ha sido una buena inversión, pero todo reside en comprar y vender en el momento adecuado. El valor del vino lo determina el mercado, y si lo adquieres en premieur, directamente de la casa, resulta clave para obtener un buen precio”, sostiene Stephen Mould, jefe del departamento de vino en Europa de Sotheby’s. Y avanza: “Los vinos de inversión deben de ser blue chip, pues son los que han aumentado su valor a lo largo de los años”. Y en esto, como en otros activos, hay tendencias. Los inversores han pasado de Burdeos a Borgoña, por eso están muy cotizados los vinos de la Romanée-Conti, Henri Jayer o Armand Rousseau.

Y buena parte de este movimiento se debe al mercado chino, que bebe esas grandes añadas como si fuera agua con gas. China es —según un estudio del International Wine and Spirit Research— el quinto mayor consumidor de vino del mundo. Con especial predilección por los Burdeos, de los que se ha convertido en el principal importador. De hecho, acorde con una nota de la agencia Reuters, 15 inversores chinos han comprado viñedos en la zona en solo un año.

El inversor debe saber que es un activo de baja liquidez

Como vemos, el vino tiene también su particular geopolítica, pero sin perder de vista su lectura económica. José Luis Jiménez, director general de Banca March Gestión, hace una comparación entre tres activos. “Desde el 1 de enero de 1988”, describe el experto, “el oro se ha revalorizado un 240%, la renta variable global el 158% y el vino un 1.646%”. Lo dice el responsable de March Vini Catena, único fondo de inversión español que apuesta por esta industria. Se trata de un instrumento con una rentabilidad acumulada desde su fundación, en 2009, del 26% y que maneja 50 millones de euros. Eso sí, invierte en toda la cadena del vino (bodegas, productores de corcho, vidrio, tierras) menos en botellas. “Requieren unas necesidades muy concretas de almacenamiento y conservación”, afirma Jiménez.

Por lo tanto, utilizar el vino como un activo más es complicado. Exige unos profundos conocimientos de un mercado que no es ni muy transparente ni muy abierto. “Es básico alejarse de las marcas y las bodegas industriales. Se van a apreciar mucho los vinos viejos. Como los grandes caldos de Rioja o Ribera de Duero. Es lo que demandan los consumidores”, prevé el enólogo Telmo Rodríguez. “Es importante elegir una bodega con prestigio, notoriedad, historia, tradición y que tenga un reconocimiento internacional de sus vinos”, recomienda Alberto García, de Bodegas Mauro. Y advierte: “Hay que apostar por grandes añadas, pero prestando atención a que no se hayan sobrevalorado por una coyuntura alcista”.

Esta advertencia viene muy a cuento. El pasado mes de abril, la cadena BBC, citando al experto en quiebras Nadin Ailyan, reveló que más de cincuenta fondos de inversión británicos dirigidos al vino de alta gama tenían problemas de solvencia. Ailyan alertó de que se habían detectado “colosales” fallos en la gestión de estos productos, en los que habían invertido sobre todo ahorradores modestos.

En la actualidad, la inversión en cepas y uvas nota, como en tantos otros sectores, un sabor amargo. Los cuatro índices que componen el Liv-ex (mide la cotización de los principales caldos del planeta, especialmente Burdeos) están en pérdidas, tanto en su acumulado interanual (con cifras rojas de dos dígitos) como en lo que va de año. Esto nos recuerda que hay que moverse con cuidado.

“El vino lo puedes manejar como un activo más, pero la ponderación que, por ejemplo, podría tener en una cartera es pequeña, ya que la profundidad del mercado es la que es”, advierte Gonzalo Verdera, fundador de Todovino y experto procedente de las finanzas. “Soy sincero: utilizarlo como inversión no me gusta”. En su opinión, la falta de liquidez y las falsificaciones (como las sufridas en Hong Kong por grandes Burdeos) demuestran la fragilidad de esta industria entendida como dinero y no como simple disfrute.