Reportaje:La crisis del euro

Objetivo: evitar el estallido de la bomba

Exigencias de Alemania, disensiones en la UE, participación de los inversores en la reestructuración de deuda... Las claves del plan para que Grecia no quiebre

Algunos creían estar asistiendo a la reedición de los momentos previos a la quiebra de Lehman Brothers, cuando el sistema financiero mundial estuvo a punto de venirse abajo. Las disensiones entre los líderes europeos y los retrasos para poner en marcha el segundo rescate a una Grecia incapaz de pagar sus deudas colocaron a la zona euro en una situación de respiración asistida a finales de la semana pasada. Pero la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, cerraron el viernes un acuerdo de mínimos. Finalmente, Alemania perdía la batalla y no lograba aquello que más deseaba: asegurarse de que, en caso de que Grecia reestructurara su deuda, los inversores privados también estarían en la práctica obligados a asumir parte de las pérdidas. Los mercados, que hasta entonces castigaban sin piedad a los países más débiles, celebraron la derrota de las tesis alemanas con fuertes subidas. Pero tras el nuevo retraso a una solución definitiva, la estabilidad de la eurozona vuelve a estar en entredicho.

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- La UE retrasa las ayudas que Grecia debía recibir en junio. Tras la mejora del viernes por la esperanza de un acuerdo, el mercado vivió al inicio de la jornada de ayer un desplome que más tarde se moderaría. El FMI rechazó el domingo liberar los 12.000 millones correspondientes al quinto tramo de ayudas pactadas en mayo del año pasado. De esta cantidad, el organismo hasta ahora encabezado por Dominique Strauss-Kahn tenía que aportar 3.300 millones. Los motivos de desacuerdo son ahora varios. El FMI quiere que Europa apruebe ya el segundo rescate a Grecia, que podría oscilar en torno a los 120.000 millones, es decir, 10.000 más que los acordados en el primer salvamento. Los países de la UE, por su parte, insisten en que antes de movilizar nuevos fondos Grecia tiene que ahondar en la austeridad.

- Alemania quiere que los inversores paguen parte del rescate por factores internos. En la prensa sensacionalista alemana, verdadero termómetro sobre por la temperatura del electorado, abundan las referencias a que los trabajadores y ahorradores alemanes se ven obligados a pagar a los manirrotos países del sur. Este es un buen motivo para explicar las recientes derrotas electorales que han sufrido el partido democristiano de la canciller y sus socios de coalición liberales. Así no es extraño que Merkel y su ministro de Finanzas lideraran la batalla para asegurarse de que las arcas públicas no serían las únicas en pagar los platos rotos. En el frente contrario batallaban sobre todo el Banco Central Europeo (BCE) y Francia. Los dos consideran que si se obliga o se coacciona a los inversores a aceptar las nuevas condiciones, Grecia estaría entrando en el pantanoso terreno del default o suspensión de pagos. Y que la onda sísmica se extendería hasta Irlanda, Portugal y quién sabe si también España. El BCE, Francia y otros países como España esperan evitar este escenario asegurando que las entidades privadas accedan a alargar los plazos de cobro, pero de forma voluntaria.

- El acuerdo del Eurogrupo. "Es poco probable que Grecia vuelva a tener acceso a los mercados a principios de 2012. [...] La financiación adicional debe lograrse con aportación de fondos públicos y privados, por lo que los ministros animamos al sector privado a participar de manera informal y voluntaria en la refinanciación de la deuda griega", asegura la declaración de los ministros de la eurozona. El quid de la cuestión es hasta qué punto esta petición de voluntariedad podría convertirse en una coacción velada de los Gobiernos a las entidades financieras poseedoras de deuda helena. El modelo que se pretende seguir es el conocido como acuerdo de Viena, que sirvió para ayudar a algunos países de Europa del Este en 2009. Entonces se incluyó una prolongación voluntaria de los plazos de vencimiento de los bonos en manos de los bancos. Precisamente son las entidades financieras germanas, con casi 34.000 millones de euros, las segundas del mundo con mayor exposición a la deuda griega. Alemania sería pues, después de Francia, también la más perjudicada de una reestructuración o declaración de impago griega.

- Europa exige a Atenas nuevos sacrificios para aprobar el segundo plan de rescate. La pelota está ahora en el tejado griego. El Gobierno socialista de Yorgos Papandreu dispone de dos semanas para ajustarse aún más el cinturón pese a las masivas protestas y al conato de rebelión en el propio grupo parlamentario del partido gobernante. El Eurogrupo puso fecha ayer a la cumbre extraordinaria: será el 3 de julio. Entonces tendrá que decidir sobre lo inmediato y lo no tan inmediato. Sobre el desbloqueo de los 12.000 millones que Grecia necesita para julio y sobre el segundo rescate, de 120.000 millones, que se seguirá tratando en la reunión del 11 de julio. Este chorro de dinero procede de cuatro vías distintas: 30.000 millones de las privatizaciones que Atenas tiene que concluir durante los tres próximos años; otros 30.000 de la participación "voluntaria" de la banca; y 60.000 de los socios de la UE, aunque unos 40.000 son fondos remanentes del primer rescate.

- Grecia tendrá que ahorrar 78.000 millones más. El Gobierno de Papandreu se tambalea: ha tenido que relevar a su ministro de Finanzas, encarnación del mal para muchos conciudadanos, y se enfrenta esta noche a una moción de confianza. Mientras, Europa, con Alemania a la cabeza, exige dar una vuelta más al plan de austeridad que puede acabar ahogando la economía helena. Ahora se trata de lograr 78.000 millones de euros más a través de subidas de impuestos, recortes de gastos y privatizaciones. Para pasar de un déficit público del 15% del PIB en 2009 al 10,5% un año más tarde, Grecia ha tenido que recortar a cuchillo. Entre otras muchas medidas dolorosas, el Gobierno redujo los salarios públicos un 15%, -e incluso un 30% en las empresas estatales-, rebajó las pensiones un 10%, eliminó 2.000 plazas educativas a través del cierre o fusión de colegios... Europa dice que estos sacrificios no bastan.

- Atenas es incapaz de atender a sus compromisos de pago.

La deuda pública helena asciende, según el boletín de marzo del Ministerio de Finanzas, a 355.0000 millones. Esta cantidad se reparte en dos partes prácticamente iguales, de poco más de 155.000 millones, a medio y largo plazo. Y una tercera de 42.000 millones que hay que devolver en menos de un año. Es en esta partida a corto plazo donde Atenas necesita ayuda para sus vencimientos de julio, y sobre todo para la importante amortización de agosto, de 6.000 millones. Con una deuda que supone 1,5 veces su PIB, Grecia es el país más endeudado de la eurozona, cuya media ronda el 85%. El otro Estado miembro que supera la barrera del 100% es Italia, que en las últimas semanas también ha resultado muy castigado por los mercados.

- Los líderes europeos han aumentado gradualmente la cuantía de las ayudas para asegurar la estabilidad del euro. Los 17 ministros de Economía dieron el pasado marzo un paso significativo para crear un fondo permanente que proteja a los países con problemas financieros y a la zona euro en su conjunto. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), operativo a partir de julio de 2013, contará con unos fondos efectivos de 500.000 millones de euros y exigirá una firme participación del sector privado en las operaciones en que participe. El Eurogrupo resolvió ayer el fortalecimiento del fondo temporal (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, FEEF). A partir de ahora su dotación de 440.000 millones será realmente efectiva y no se limitará como hasta ahora a 250.000 millones. El MEDE actuará de dos maneras. Con carácter general, mediante la concesión de préstamos a corto y medio plazo a los países con problemas financieros severos. El acceso al fondo implicará un programa de ajuste macroeconómico. Con carácter excepcional, cuando un país experimente severos problemas financieros, el MEDE podrá intervenir en el mercado primario de deuda.

- La UE y el FMI temen que tras la reestructuración de la deuda griega, lleguen las de Irlanda y Portugal. Con esfuerzos cada vez mayores -a costa en muchos casos de su popularidad-, los líderes europeos tratan de evitar una suspensión de pagos por parte de Grecia, que podría extenderse a otros países europeos y, en última instancia provocar la salida de algún socio de la moneda común. "En un tiempo, no en un año o en dos, podríamos ver la rotura de la unión monetaria europea", avisó el economista y gurú Nouriel Roubini ya el año pasado, aunque posteriormente matizó sus palabras. "Sería una catástrofe para Grecia, pero también para el conjunto de la eurozona", dijo ayer el ministro de Finanzas belga, Didier Reynders. "Con una quiebra nos arriesgamos a una crisis, no solo financiera sino económica y social, tan grave como la que conocimos hace tres años en el sector financiero y después en toda la economía. El contagio afectaría primero a los países más débiles del sur de Europa y después impactaría en toda Europa", insistió el ministro.

- Las agencias de calificación vuelven a ser decisivas en la crisis.

Moody's, Standard & Poor's y Fitch, las tres grandes agencias de calificación, han funcionado como gasolina en un incendio desde el principio de la crisis financiera de 2007: las mismas que daban la mayor nota a las hipotecas subprime en épocas de bonanza han insuflado fuerzas a los ataques especulativos rebajando el rating de los países periféricos. Grecia es, según Standard & Poor's, el país con la peor deuda del mundo, por debajo de Camerún, Uganda o Jamaica. La UE, que ha criticado con dureza a las tres grandes y se ha planteado crear una agencia europea, tendrá que pactar con las agencias el modo en que el sector privado participa de forma voluntaria en el rescate de Grecia para evitar que alguna de ellas lo considere un impago. Las agencias ya avisaron de que si se obligaba a los inversores a pagar la factura del segundo rescate, ellas pondrían la deuda griega al nivel de default, y rebajarían la nota a Irlanda y Portugal.

- España se sitúa como última línea roja para evitar un desastre en la zona euro.

Tras los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, España es la siguiente que más preocupa a los mercados. Su prima de riesgo se ha disparado. La vicepresidenta Elena Salgado insistió ayer en que el Gobierno ha emprendido reformas que los mercados terminarán por valorar positivamente.

- El aumento de la prima de riesgo resta crecimiento, impide crear empleo y ahuyenta a los inversores. El presidente del BBVA, Francisco González, aseguró la semana pasada que por cada 100 puntos básicos que sube la prima de riesgo española, se dejan de crear 160.000 puestos de trabajo y el Estado tiene que pagar por intereses 12.400 millones al año. "Esta cantidad permitiría financiar con creces el plan de infraestructuras, de 8.400 millones", añadió el banquero. Pues bien, desde que comenzó la crisis, el riesgo país de España ha aumentado más de 200 puntos básicos, hasta los 262. Esto quiere decir que si el Estado alemán -considerado como el más seguro pagador- tiene que ofrecer a sus inversores menos de un 3% de interés por los bonos a 10 años, España tiene que aumentar este porcentaje hasta el 5,6%, es decir, 2,6 puntos porcentuales más. Es este un nivel altísimo -lo habitual en la economía española era una prima en torno a los 30 puntos y en algunos momentos entre 2003 y 2006 llegó a ser negativa- pero aún muy lejos de los que tenían los tres países rescatados cuando pidieron auxilio: 965 en el caso griego, 670 en el irlandés y 535 en portugués. Un riesgo país disparado no perjudica solo al Estado, que tiene que pagar más para financiarse, sino también al sector privado, al que le cuesta más encontrar inversores, al verse contagiado por la mala imagen de su país.

Sobre la firma

Luis Doncel

Es jefe de sección de Internacional. Antes fue jefe de sección de Economía y corresponsal en Berlín y Bruselas. Desde 2007 ha cubierto la crisis inmobiliaria y del euro, el rescate a España y los efectos en Alemania de la crisis migratoria de 2015, además de eventos internacionales como tres elecciones alemanas o reuniones del FMI y el BCE.

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