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Crítica:61ª edición de la Berlinale

El canon de la venganza albanesa

Joshua Marston es un director californiano bastante atípico por su vocación de nómada, por ambientar los argumentos de sus películas en culturas, personajes, ambientes e idiomas que supuestamente le quedan lejanos. En la primera que hizo, María, llena eres de gracia, narraba de forma escalofriante la historia de varias mujeres colombianas contratadas como burras ciegas para transportar la droga dentro de su cuerpo. Todavía recuerdo con sudores largas y tensas secuencias que se desarrollan en un avión, mostrando el pavor de las camellitas a que una de esas cápsulas se desparrame por su organismo.

En su segunda película The forgiveness of blood, el sorprendente Marston se ha trasladado a las montañas de Albania, ese país del que los extranjeros sabemos poco, baluarte durante mucho tiempo del comunismo ultraortodoxo en una sociedad con huellas de subdesarrollo. Pero el propósito de Marston no es hacer un análisis político del derrumbe de esos esquemas, sino hablarnos de sus leyes ancestrales y los rituales de sangre en un canon protagonizado por la venganza. Ocurre en las disputas entre clanes familiares en las que se produce la muerte de alguno de sus miembros. Si el asesino huye, toda la familia de este deberá recluirse a perpetuidad en casa hasta que se pague la deuda de sangre. De la supervivencia económica de la familia se encargarán las mujeres, ya que cualquier varón joven o viejo será asesinado si abandona los límites de esa casa.

Fatalismo

Marston describe con poderosa sensación de verdad esa historia que ocurre ahora aunque sus orígenes y su nunca abolida práctica desprendan hedor medieval. El atroz costumbrismo, la ruina a la que están condenados tantos inocentes, la incomprensión de los niños ante las razones de ese horror que les obliga a enclaustrarse, está descrito con una expresividad, un realismo y un sentimiento fatalista que llegan a hacer daño. Es una película tan extraña como perturbadora. Y te preguntas cuál será el exótico mundo que este director recreará en su siguiente proyecto.

Unknown la dirige el catalán Jaume Collet-Serra, pero todo en ella lleva el sello del Hollywood más aparatoso y previsible, de las siempre ruidosas y taquilleras producciones de Joel Silver. El director hace con solvencia su trabajo, pero el guión no se priva de ningún disparate. Es un soporte innecesario para exhibir sin desmayo persecuciones de coches y peleas. El arranque te despista, ya que recuerda poderosamente al de Frenético. Sucesivamente la fuente de inspiración es la muy atractiva saga de Jason Bourne. Estas referencias tan prestigiosas se quedan en la epidermis. A la media hora todo te suena para mal a visto y oído, a enigmas resueltos a capricho, a espectáculo trivial en el que resulta imposible encontrar algo coherente. Que esta película figure en la pretendidamente artística sección oficial de la Berlinale debe de obedecer a que la aventura de ese bioquímico norteamericano que sufre una peligrosa amnesia a raíz de un accidente se desarrolle íntegramente en Berlín. También habrán deducido los generosos programadores que un thriller y toneladas de acción nos relajarán tras 10 días visionando dramas y presunto cine de autor. Se agradecen sus intenciones, pero la elección podía haber estado más cuidada.

Mi único interés ante Unknown era la posibilidad de observar de cerca a una de sus protagonistas, la actriz January Jones, la señora que interpreta a la rubia, turbia, sexy e inquietante esposa de Don Draper en Mad men. Pero la muy cauta no se ha presentado en la rueda de prensa. Tal vez oliéndose que su magnetismo funciona mucho mejor en esa extraordinaria serie de televisión que en el olvidable personaje que le han ofrecido en esta película.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011