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Editorial:

Sin signos vitales

La economía se estanca en el tercer trimestre y no se advierten inicios tangibles de recuperación

Si se deja a un lado el efecto estadístico, por el cual el estancamiento económico durante el tercer trimestre se convierte en un crecimiento del PIB del 0,2% interanual, el veredicto sobre la economía española durante los tres primeros trimestres de este año es que no hay indicios tangibles de recuperación. Cualquier signo de repunte que quiera rastrearse en el consumo o en la inversión es tan débil que no da pie más que para la sugerencia, citada en el último boletín del Banco de España, de que en los próximos trimestres alentará una "suave recuperación". La economía española se encuentra en una fase de estancamiento, evidente después de la retirada del plan E, y con un mercado laboral que sigue destruyendo empleo, como demostraron las cuentas del paro registrado en octubre, con una subida del desempleo en más de 68.000 personas.

Las cuentas del PIB del tercer trimestre confirman una evolución de la crisis española que era evidente ya en 2009: las tasas de crecimiento serán muy débiles o próximas a cero al menos hasta finales de 2011. El hecho de que esa situación de muy bajo crecimiento sea mejor que las contracciones del PIB experimentadas en 2009 y parte de 2010 apenas justifica que se identifique con una recuperación. Si es cuestión de términos, lo más coherente es llamar recuperación al momento en el que la economía española crezca a tasas suficientes para crear empleo neto y el paro empiece a reducirse de forma sostenida.

Porque el problema que gravita sobre la sociedad española no es el de una décima más o menos de crecimiento, sino una tasa de paro desorbitada, por encima del 20%. Con un mercado laboral en ruinas no puede recuperarse el consumo; y si la demanda no se recupera, tampoco es posible generar puestos de trabajo, a pesar del tirón de la demanda externa.

Así como hay un veredicto de estancamiento, también es posible sugerir el remedio. No habrá aumento de la inversión y el consumo hasta que las entidades financieras restablezcan la corriente del crédito, cegada hoy por el peso de los activos insolventes en bancos y cajas y por el estrepitoso retraso en concluir la reforma de las cajas de ahorros. A pesar de que el crédito es vital para la recuperación económica, esta es la hora, casi tres años después de declarado el crash financiero, en la que las entidades siguen sin estar recapitalizadas y, por supuesto, no han cerrado la reconversión del sistema en personal y oficinas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de noviembre de 2010