Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Madrid, suspenso en dependencia

"Se apaga como una vela"

José Luis Medina, en paro, lleva esperando la asignación económica para cuidar a su madre desde hace dos años

José Luis le hace preguntas a su madre que sabe que ella ya no sabe responder. Pero ha decidido hacerlo así, hablarle como si el alzhéimer no la hubiera hecho olvidarse hasta de quiénes son sus hijos. "Mi niña, qué bonita eres", le dice, y la cubre de besos mientras el fotógrafo les retrata en un piso modesto del barrio de La Elipa. José Luis Medina tiene 53 años. Está en el paro, pero ya no cobra. Tuvo que dejar el trabajo cuando su madre, Celedonia Pascual, de 86 años, se cayó y el centro de día dejó de ser una opción. Ahora vive para ella, para cuidarla. Él la levanta de la cama; él le cambia el pañal; él la baña; le da de comer; la acuesta. "Yo de casa prácticamente no salgo, solo para comprar".

"Yo de casa prácticamente no salgo, solo para comprar"

Muestra "los papeles", que ha apilado sobre una mesita baja. El 23 de diciembre de 2008 se le reconoce el derecho a la prestación. En esa época Celedonia aún podía andar hasta el centro de día. Vivía en su casa, con su marido, que era el que la acompañaba a dar paseos. Pero el hombre murió en mayo de 2009. En agosto Celedonia sufre una caída. El abogado de José Luis vuelve a reclamar y en mayo de 2010 llega una nueva resolución que recoge el "agravamiento de la situación". Grado III, nivel 2. El más alto. Puntuación de 95,89. Estamos en octubre, y José Luis hace malabarismos para estirar los 561 euros de la pensión de Celedonia.

La "prestación económica para cuidados en el entorno familiar" que pidió no llega. Acaba de solicitar los 420 euros de ayuda para parados sin prestación. "¿Te levanto? ¿Tienes ganas de cenar? Estoy haciendo las lentejitas", le dice a su madre, que aunque tiene la mirada ausente mueve las manos buscando las de su hijo. El hermano de José Luis se acerca de vez en cuando. Y el Ayuntamiento le puso a una persona, de nueve a diez de la mañana. El resto, son ellos dos. "La carga no es solo física", reflexiona, "también psíquica. Ves cómo quien más quieres se apaga como una vela".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de octubre de 2010