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COLUMNA

Soberanismo difuso

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán dio pie a una gran manifestación que un cálido sábado de julio llenó las calles de Barcelona con casi medio millón de personas. Se trataba de expresar un sentimiento de dignidad nacional herida. La marcha ciudadana era una amalgama heterogénea, unida por la percepción común de percibirse víctimas de maltrato político-institucional. Esa marea catalanista que inundó el centro de la capital catalana es de difícil medición e intensidad. Pero si algo se ha evidenciado es que se contagia y recorre transversalmente la sociedad catalana. Esta semana, tres meses después de la manifestación, el prestigioso Círculo de Economía ha hecho público un documento que honra por su valentía al más que prudente empresariado catalán. No hay que perder de vista que con motivo del referéndum del Estatuto solo se pudo arrancar del mismo círculo o de la patronal Fomento del Trabajo un tímido llamamiento a la participación ciudadana. Y ello a pesar de que ese gran ebanista de la política que es el socialista Alfonso Guerra daba fe de que el texto estatutario catalán estaba cepillado y bien cepillado. La indefinición de las asociaciones empresariales era de tal expresión de liberalidad que alcanzaba la de los dones que la misericordia otorga.

El texto del Círculo de Economía quiere resucitar las esencias constitucionales que enterró la sentencia del Estatuto catalán

No faltaban argumentos para ir con pies de plomo: ahí estaba el proceso de confrontación y desgaste atizado por un Partido Popular, encastillado en una campaña anticatalana por toda España. La redacción de un Estatuto de máximos por parte del Parlament encontró en el centro derecha español muchos escollos. El PP, paladín de las Cortes de Cádiz, quiso organizar un referéndum para que la ciudadanía de todo el Estado se manifestase sobre la igualdad entre los hombres y las tierras de España. Los productos catalanes fueron víctimas de un boicoteo tan eficaz como inconfeso. Primero fue de baja intensidad. Luego subió muchos peldaños con la campaña contra el cava catalán, que contó con voceros de lujo en cadenas públicas de televisión en manos del PP.

Ahora, con la irrupción de la nota del Círculo de Economía, parece como si el empresariado se hubiera desacomplejado, víctima de ese virus del soberanismo difuso que atraviesa la sociedad catalana. El texto no habla de reformar la Constitución, pero sí de algo, si cabe, mucho más difícil: resucitar el espíritu constitucional primigenio. Se trata de recuperar unas esencias que están enterradas por la sentencia del Tribunal Constitucional, tal como recordaba el pasado jueves Pere Portabella en la presentación del informe anual sobre la calidad de la democracia de la Fundación Alternativas.

No deja de sorprender que el texto del círculo haya sido suscrito de forma consensuada por sensibilidades tan distintas como las de Salvador Alemany -presidente de la entidad-, el ex ministro del PP Josep Piqué -liberado de servitudes políticas-, el ex consejero de CiU Joaquim Triadú, el catedrático Antón Costas, el presidente del Banc Sabadell, Josep Oliu y el de Agrolimen, Artur Carulla entre otros. Tal vez ellos sí han recuperado el fenecido espíritu de la Constitución de 1978, pues cada uno de los firmantes le da una interpretación distinta. En lo que todos están de acuerdo es en que el documento describe un estado de ánimo. La intención es mejorar las relaciones Cataluña-España y buscar encaje a las "aspiraciones de algunas comunidades", como Cataluña. La nota es una advertencia, un toque de atención que el resto de España no debería ignorar. Pero en el mundo real sigue por otros caminos. Por ejemplo, la comisión mixta bilateral no se reúne porque el Gobierno catalán está a la espera de 450 millones de euros que la Administración central le adeuda por obra no ejecutada, en función de la adicional tercera del Estatuto.

Al poder no le ha llegado el virus soberanista. En cambio, la oposición española y la catalana, PP y CiU, viven un curioso acercamiento. Los populares no han descartado dar su apoyo a la propuesta de concierto económico que desde Convergència hace Artur Mas. Sería sorprendente que los próximos gobiernos de Cataluña y España se pusieran de acuerdo en pactar mucho más allá de lo logrado con el Ejecutivo español que, según sus defensores, mejor entiende a Cataluña: el del PSOE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010