Reportaje:

'El muro' de la Verneda, en pie

El escultor norteamericano Richard Serra creó en 1984 en Barcelona su primera escultura pública en España - La policía evitó que los vecinos destruyeran la obra

"No lo entendí y sigo sin entenderlo, por eso me sorprende ver que los turistas vienen en autocar a verlo y le hacen fotografías entre exclamaciones. Será por la forma que tiene o por el material de que está hecho, pero no lo entiendo". José Juanas se refiere al muro que desde 1984 preside la plaza de la Palmera, junto a la que vive en el barrio barcelonés de la Verneda. El muro es en realidad una enorme escultura formada por dos bloques de hormigón blanco de 53 metros de largo cada uno y 3 de alto realizada por el norteamericano Richard Serra, que este año ha sido distinguido con el Premio Príncipes de Asturias de las Artes por toda su obra. La escultura, como no podía ser de otra forma, se llama El muro y fue la primera obra del escultor instalada en un lugar público de España.

La pieza está formada por dos bloques de 53 metros de largo y 3 de alto
Jordi Solé Tura, en un mitin, prometió tirarla si ganaba las elecciones

Juanas recuerda la fría mañana del 11 de noviembre, en la que Pasqual Maragall, entonces alcalde de Barcelona, se dio un baño de multitudes en este barrio popular de la ciudad. "Tras inaugurar la plaza, se subió a uno de los pisos y se asomó al balcón mientras, desde abajo, todos le aplaudían y le hacían fotografías", asegura. "Lo que más me sorprendió fue ver que el escultor era pequeño, más o menos como yo, y que, pese a ser de origen mallorquín, habló en inglés", comenta este jubilado de 71 años, que se trasladó en 1957 de un pueblo de Guadalajara a Barcelona para trabajar de carpintero.

Pero la idea de que Richard Serra creara una obra en Barcelona no fue de Maragall. Narcís Serra, actual presidente de Caixa Catalunya, recuerda, después de 25 años, cómo contactó con el escultor: "En uno de los dos viajes que hice a Nueva York como alcalde, el escultor Xavier Corberó me llevó una noche en taxi a ver una escultura de acero con forma de arco instalada en plena calle. Al regresar se lo comenté al arquitecto Oriol Bohigas, que en seguida supo quién era su autor", asegura Serra.

"El Ayuntamiento había emprendido en 1981 un plan para dignificar las plazas en los barrios dormitorio de la ciudad; tras contactar con Richard Serra, vino a Barcelona, le hicimos el encargo, vio el lugar y le encantó, pero no sabíamos qué iba a hacer", asegura el ex alcalde. "Como el Ayuntamiento no tenía mucho dinero, la obra no se hizo de acero, como la mayoría de sus obras, sino de hormigón", recuerda. "Y es verdad que aceptó, entre otras cosas, por la coincidencia de apellidos conmigo", comenta el ex alcalde sonriendo.

La plaza de la Palmera, diseñada por los arquitectos municipales Pedro Barragán y Bernardo de Sola, fue un éxito de los vecinos. "Durante meses hicimos guardia para que no construyeran las viviendas previstas en el solar que había dejado el derribo de una fábrica. Conseguimos la plaza, el colegio público y el hogar del jubilado, tras muchas reivindicaciones", recuerda Juanas. "Y la escultura también. Al principio no la aceptamos porque dividía la plaza, pero ahora nos hemos acostumbrado y estamos orgullosos de ella, aunque yo no la entienda", explica.

De hecho, la obra de Serra estuvo a punto de desaparecer un domingo en el que los vecinos se conjuraron para derribarla. La desgracia se evitó al aparecer la policía, que fue avisada por un anónimo. El rechazo inicial no solo fue de los vecinos. En un mitin durante la campaña de las municipales de 1983, Jordi Solé Tura, entonces candidato del PSUC a la alcaldía, aseguró: "Si soy alcalde, prometo que no haré esta pared y aquí no habrá monumento". Los resultados electorales le impidieron cumplir su promesa. De haberse derribado, sería la segunda obra de Serra desaparecida en España: en 2009 el escultor regaló al museo Reina Sofía de Madrid una réplica de Equal-Parallel / Guernica-Bengasi, una escultura de 38 toneladas que el museo había "perdido" en 1992.

Tras la inauguración, la plaza de la Palmera cayó en el olvido y los vecinos se quejaron al Ayuntamiento en varias ocasiones del deterioro general: farolas y fuentes rotas, agujeros en el pavimento y la escultura llena de pintadas. David Arjó, otro de los vecinos, recuerda que sus dos hijos aprendieron a jugar al fútbol chutando contra la pared blanca de Serra. "La escultura ha estado presente en la vida de todos los jóvenes del barrio", asegura Arjó.

"Ahora, por suerte, todo ha mejorado mucho, aunque el barrio sigue teniendo cosas malas, como los jóvenes que molestan por la noche con el botellón", se queja Juanas.

Con el tiempo, Richard Serra y sus esculturas han ganado fama mundial. La crítica de arte Anna Maria Guasch escribió en 2009, en el libro Art públic de Barcelona: "Serra propuso una experiencia espacial nueva obligando al viandante a seguir una ruta diferente e involucrándole en planos curvos, volúmenes y líneas de perspectiva". Según Guasch la importancia de El muro -a diferencia de obras anteriores, como Tilted arc, que Narcís Serra había visto en su viaje a Nueva York- estriba en que el escultor "escogió dos muros circulares y concéntricos que dividían dos atmósferas: por un lado, una zona con bancos, un quiosco de música y árboles; por el otro, una explanada de arena donde sobresale la palmera que da nombre a la plaza". Y allí permanece, tras un cuarto de siglo. En pie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 08 de agosto de 2010.

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