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Reportaje:69ª Feria del Libro de Madrid

"¿Te quieres casar conmigo?"

Nórdicos y pretendientes en la megafonía del Retiro

Tan clásica como los árboles del Retiro, los patinadores y las colas de lectores esperando una firma es la voz que anuncia sin descanso los actos de la Feria del Libro y qué escritor ocupa qué caseta en cada momento. Ayer, a las 20.30, el persistente encargado de la megafonía anunció un mensaje poco habitual. Un joven colaborador de la librería Fuentetaja pidió en matrimonio a su novia, Laura. Y más de una sonrisa se dibujó en el rostro del público asistente.

A esa hora, Lorenzo Silva llevaba 90 minutos estampando dedicatorias en sus libros. También hablando de literatura nórdica, tema central de esta edición de la feria. No en vano es el comisario de la exposición Elemental, querida Salander, que puede verse en el pabellón de la Comunidad de Madrid. Aunque la muestra está consagrada a la novela negra escandinava, Silva subrayó ayer la necesidad de no perder de vista a los clásicos de la literatura sin adjetivos. El dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen, por ejemplo, que es "infinito". En palabras del autor español, la lectura de El pato salvaje es más que pertinente para estos tiempos que corren: "Se trata de una denuncia contra las mentiras que corroen a los seres humanos; contra ese tipo de personas que se apoyan en la deslealtad para cumplir sus objetivos a toda costa".

Los fines de semana en la feria son sinónimo de tumulto. Una fila considerable de gente se agolpó para obtener la firma de Clara Sánchez, ganadora del Premio Nadal de este año. Mientras una pareja de jóvenes se explayaba en su charla con la novelista, en la fila se utilizaba cualquier objeto para amortiguar el calor. Y la espera. "No es posible que la gente se quede hablando sobre la estructura de una novela durante más de media hora", se rumoreaba.

Retomando el hilo de los clásicos del norte, que han dado a conocer en España, un frío que "no conocíamos", Clara Sánchez destacó su "naturalidad". Y recordó con especial cariño la lectura de un librito del sueco August Strindberg, Solo. "Hay un aparte en el que el personaje de esta obra dice: 'Yo no es que viva solo porque no me gusta le gente, la gente me encanta, lo que sucede es que me da miedo'. Me siento plenamente identificada". Visto el fervor de sus lectores, en estos días de feria -hasta el 13 de junio- no tiene nada que temer.

"Compadezco mucho a mis lectores. Sospecho que se parecen mucho a mí, son gente bastante recatada", decía, por su parte, Andrés Trapiello, que firmaba ejemplares de la versión ampliadísima de Las armas y las letras, su ensayo sobre el papel de los escritores durante la Guerra Civil. Tres años que dieron paso a cuatro décadas de dictadura. Y frío.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de mayo de 2010