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Un 'falla' poco representado triunfa en EE UU

Desde hace meses no había entradas para el estreno, primero en Nueva York y anoche en Washington, de la obra de Manuel de Falla El Corregidor y la molinera, bajo la batuta del director de orquesta español afincado en Estados Unidos Ángel Gil Ordóñez. El éxito cosechado en Nueva York fue clamoroso, reseña en el diario The New York Times incluida.

Se trata de la primera vez que se representaba en Estados Unidos El corregidor y la molinera, "una obra muy olvidada incluso en España", reconoce Gil Ordóñez, para quien el proyecto era un sueño largamente acariciado. "Desgraciadamente", admitía ayer el director a pocos minutos de entrar en el ensayo final, "quedó encerrada en el cajón del olvido tras evolucionar hacia otra pieza más célebre y conocida como es El Sombrero de tres picos".

La fuerza de la obra es innegable y la mejor renovación del visado de entrada en Estados Unidos de Falla, "un compositor universal cuya mayor valía es la autenticidad de su trabajo". "Mi deseo era dotar a esa creación del carácter moderno del siglo XX, darle unas pinceladas picassianas, cubistas, que le imprimieran un carácter renovado", explica apasionado este director que lleva casi 20 años afincado en EE UU y que lucha por exterminar "los estereotipos que persiguen a la música española".

Presidencia de la UE

Con Falla y Flamenco, se puso en escena anoche el evento musical más importante en Estados Unidos durante la presidencia semestral española de la Unión Europea, como certificó el embajador español en Washington, Jorge Dezcallar, quien asistió al estreno.

Gil Ordóñez, director musical de Post-Classical Ensemble y responsable de Estudios Orquestales de la Universidad Wesleyan de Connecticut, insiste en la necesidad de recuperar a Falla y su tiempo, más allá de apostar en exclusiva por el Amor brujo. "Hay mucho más", asegura el director explicando cómo "la música de Andalucía, el flamenco, influyó en el compositor". "Falla incorporó la herencia del flamenco a sus creaciones y esa es una de las grandes genialidades de sus obras", recuerda Gil Ordóñez. Con la coreografía de Ramón Oller, el sello contemporáneo está garantizado. Y no se ha perdido nada de la raíz popular de la obra original.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de abril de 2010