Crítica:Crítica
i

El padre ausente

A la caza y captura del gran filón editorial de corte infantil o adolescente. Así andan desde hace más de un lustro las grandes productoras de Hollywood. Exigencias mínimas: primera, que el libro en cuestión sea de género fantástico; segunda, que no estemos ante un ejemplar único, pues hay que exprimir al máximo a la posible gallina de los huevos de oro y construir una saga cinematográfica de no menos de tres películas; y tercera, que se parezca lo máximo posible a El señor de los anillos o a Harry Potter (si es a ambas, mejor aún). Y ya está aquí la penúltima tentativa: Percy Jackson y el ladrón del rayo, basada en la primera de las cinco novelas escritas por el estadounidense Rick Riordan, protagonizadas por un adolescente americano del siglo XXI que descubre que su padre ausente es en realidad el dios griego Poseidón.

PERCY JACKSON Y EL LADRÓN DEL RAYO

Dirección: Chris Columbus. Intérpretes: Logan Lerman, Alexandra Daddario, Brandon T. Jackson, Pierce Brosnan.

Género: fantasía. EE UU, 2010. Duración: 118 minutos.

Si no fuera porque algunas fuentes afirman que Riordan acabó su primer libro a mediados de los noventa, aunque éste no llegara a editarse hasta 2005, las malas lenguas podrían echarle en cara que calca el engranaje estructural de los libros de J. K. Rowling. En El ladrón del rayo hay una larga introducción de poco menos de media hora, en la que se ve al protagonista en su ambiente natural (instituto, hogar desestructurado, diversiones); una segunda parte, de una media hora, en la que tras descubrirse hijo de Poseidón, el chico acude a una escuela para semidioses como él, en la que aprende a utilizar sus poderes (¿les suena?); y una tercera parte, alargada hasta la extenuación, comandada por la aventura en sí, la que suele dar título a libro y película (el ladrón del rayo, la piedra filosofal, el cáliz de oro...). Para completar los paralelismos, los productores no han tenido mejor idea que contratar como director a Chris Columbus, el hombre que encauzó las primeras entregas de Harry Potter.

El resultado es un producto carente de identidad propia, evidentemente lujoso, aderezado con la casi testimonial presencia de luminosas estrellas (Uma Thurman, Steve Coogan, Rosario Dawson, Pierce Brosnan, Sean Bean), en el que más allá de su pasajero (y dudoso) entretenimiento destaca uno de esos subtextos que en principio pueden pasar inadvertidos: en una sociedad como la actual (más en Estados Unidos que aquí), donde un alto tanto por ciento de los chavales vive en una familia monoparental, la probable identificación de una parte de los espectadores con el héroe a causa de la figura del padre ausente puede ser una de sus bazas secretas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de febrero de 2010.