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La República (y su pabellón) no se rinde

Tras la rehabilitación, los gestores del centro piden un presupuesto estable

A veces, la historia de las ciudades se escribe así. Huía el consejero Joaquim Nadal de la enésima visita al hundimiento de pisos del Carmel cuando se refugió en el cercano Pabellón de la República. Al ver el estado de parte de la famosa réplica del edificio que Josep Lluís Sert y Luis Lacasa realizaron para la Exposición Internacional de París de 1937, que para llamar la atención del mundo sobre la barbarie fascista en España acogió el Guernica de Picasso, a Nadal le salió su vena de catedrático de Historia (en excedencia desde hace 32 años) y movió hilos ya ese mismo día para acordar con el Ayuntamiento (propietario del edificio) y la Universidad de Barcelona (que gestiona el centro) un acuerdo económico a tres bandas para la rehabilitación del pabellón. Tras casi cuatro años y 450.00 euros, ayer se vieron los resultados.

Amén de restaurar maderas, vidrios y metales, se ha compactado la última sala de bibliotecas y archivos, tras perforar 25 metros y soterrar una riera que amenazaba con convertir los sótanos del centro en terma romana.

En el espacio ganado al agua, Nadal y el alcalde Jordi Hereu contemplaron una exposición de los 150.000 libros, 14.500 cabeceras de prensa de época y 10.000 carteles (impagables, de la Biblioteca Josep Maria Figueras) del considerado el más rico centro en fondos de la II República, la Guerra Civil y el franquismo.

El primero contempló el mapa de veguerías de 1933 de Pau Vila y, a su lado, el plano de la Generalitat de 1936 con la división por regiones y comarcas, escogidos con pícara intención. El alcalde gozó con carteles de los años treinta sobre deportes de nieve en La Molina y un concurso de esquí universitario de 1933.

Ante el mural que reproduce el Guernica, el catedrático Antoni Segura recordó que el pabellón acoge la única institución aún viva de las creadas por el historiador Jaume Vicens Vices (este año se cumplen 100 años de su nacimiento y 50 de su muerte): el Centre d'Estudis Històrics Internacionals (CEHI), que promovió en 1949. Segura, director del CEHI, reclamó a las instituciones que les ayuden a "buscar una consolidación presupuestaria", alegando que una joya así, de contenedor y contenido, en otras latitudes no pasaría penurias.

Invitado estaba también el ex rector de la UB Josep Maria Bricall, que logró que en 1994 la golosa Biblioteca Figueras y sus carteles acabaran en el pabellón. Él recordó una reunión dramática con Figueras (ya muy enfermo) y con el alcalde Maragall (también presente ayer). Hereu identificó los valores simbólicos del edificio ("modernidad y valentía") con los de la ciudad y se comprometió a "integrar más el espacio en la ciudad". Quizá pensaba, por ejemplo, en poner como mínimo una triste señal de rotulación urbana indicando dónde está y cómo llegar al pabellón. Así se hace la historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de febrero de 2010