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Castro advierte que no tolerará protestas en las calles de Cuba

Nadie sabe hasta dónde va a llegar el caso del ciudadano estadounidense detenido en Cuba por distribuir equipos de comunicaciones entre miembros de la sociedad civil. Pero, por lo que dijo Raúl Castro el domingo, la historia puede causar destrozos en las sufridas relaciones cubano-estadounidenses, y también más allá. Ante el Parlamento, el presidente cubano advirtió por igual a Washington y a los disidentes, acusados de ser "asalariados del imperio", que no habrá tolerancia con las "actividades provocadoras" y mucho menos en las calles.

El mensaje fue decodificado rápidamente por miembros de la oposición. El economista Óscar Espinosa Chepe vio en el discurso de Castro "una advertencia clara de que el Gobierno no va a aceptar acciones de calle". También de que La Habana "podría aprovechar el caso del norteamericano detenido para revertir la tendencia positiva en las relaciones desde que llegó [Barack] Obama".

Castro confirmó en su discurso a la Asamblea Nacional la detención de un ciudadano de EE UU contratado por una empresa de ese país para distribuir en la isla "sofisticados medios de comunicación vía satélite" entre "agrupaciones de la sociedad civil". El objetivo encubierto, dijo, era "abastecer ilegalmente" de equipos a opositores a la revolución.

Según fuentes de EE UU, el detenido, cuya identidad no ha sido revelada, trabajaba para la empresa Development Alternatives (DAI), que a su vez lo hacía para la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID, en sus siglas inglesas). Al parecer, en el momento de su arresto repartía teléfonos celulares y ordenadores portátiles como parte de un programa del Gobierno estadounidense para apoyar las actividades de los opositores.

Castro denunció que el financiamiento "para tales actividades" sale del presupuesto federal de EE UU, que este año "incluye una partida pública de 55 millones de dólares [38 millones de euros] para el apoyo de una supuesta democracia" en Cuba. El mandatario también se refirió a los últimos incidentes ocurridos en La Habana en relación con la celebración del día de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre, cuando varios disidentes y esposas de presos políticos fueron víctimas de actos de repudio por manifestarse en las calles.

Raúl Castro afirmó que "en los últimos meses" se ha "desplegado una campaña anticubana orquestada por el establishment norteamericano, con el concurso de los grandes medios de comunicación, con el objetivo de hacer ver que crece la represión en el país". Afirmó que, con ese propósito, "incitan a sus antipatrióticos asalariados a que incrementen la actividad provocadora en nuestras calles" y entonces advirtió: "Aconsejo a unos y otros que cesen las provocaciones de todo tipo".

Según el activista de los derechos humanos Elizardo Sánchez, el mensaje es claro: "La calle es especialmente sensible... El Gobierno sabe que una pequeña manifestación puede dar lugar a un pronunciamiento masivo que desborde la capacidad de control". La tesis de La Habana es simple: el Gobierno de Obama puede tener una cara más amable, pero persigue el mismo objetivo que anteriores Administraciones: destruir la revolución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de diciembre de 2009