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La conferencia de Copenhague

La cumbre planea prorrogar Kioto y un acuerdo paralelo para EE UU

La UE se cree perjudicada por la vaguedad de las obligaciones para Washington

Lo que pueda salir de la Cumbre del Clima de Copenhague parece encaminado a dividirse en dos. Por un lado, una prórroga del Protocolo de Kioto para después de 2012 (en el que no está EE UU) para siete años más. Por el otro, un nuevo acuerdo sin forma aún definida en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (en la que sí estarían los norteamericanos). Los borradores presentados ayer por cada uno de los dos grupos en los que se habían separado las negociaciones climáticas desde 2007 dibujan, de momento, estas vías. "La idea de tener un solo tratado no está fuera de la mesa", comentó el secretario ejecutivo de la Convención, Yvo de Boer, que reconoció que el deseo de la mayoría de los países es tener resultados en estas dos vías diferentes.

La Casa Blanca afirma que el diálogo está "en el filo de la navaja"

La Unión Europea es de los pocos bloques negociadores que defienden un único acuerdo. Dado que EE UU no quiere entrar en el Protocolo de Kioto junto al resto de países industrializados, la mayoría de los países en desarrollo no están dispuestos a asumir compromisos vinculantes como obliga este tratado. "En un mundo ideal tendríamos un único tratado legalmente vinculante. Por ahora lo que tenemos está desequilibrado", resumió el negociador sueco Anders Turesson. Sin embargo, cuando empieza ya el tramo decisivo con la llegada de los ministros y jefes de negociación, no son muchas las opciones que quedan. El enviado de Obama, Todd Stern, fue muy claro: "La negociación está en el filo de la navaja".

Por la mañana, el grupo de los estados insulares había propuesto seguir con el Protocolo de Kioto y crear un Protocolo de Copenhague. Esto encajaría con el modelo de un acuerdo de dos cabezas, pero parece realmente lejos de los dos borradores. Estos textos mantienen las cifras de recortes de emisiones entre corchetes y con varias opciones, lo que significa que siguen en discusión. El texto del nuevo acuerdo de la Convención, que incluiría a EE UU, dice: "Los países desarrollados tendrán (y utiliza en inglés el verbo "shall", interpretado como obligación, señala Elliot Diringer, del Pew Center for Climate Change) que tomar, individual o colectivamente, planes nacionales legalmente vinculantes" para reducir sus emisiones entre el 25% y el 40% (aunque también ofrece el 30%, el 40% y el 45%) en 2020 respecto a 1990. Este borrador añade que los planes de los países serán comparables y que "tendrán en cuenta sus circunstancias nacionales y su responsabilidad histórica". Además, especifica que los países que firmaron Kioto -todos los industrializados menos EE UU- tendrán su objetivo de emisiones para el año 2020 en este otro tratado. En cambio, para Estados Unidos el objetivo queda en la Convención.

Para los países en desarrollo, este texto presentado en Copenhague establece que limitarán sus emisiones para que crezcan entre un 15% y un 30% menos de lo previsto con la tendencia actual, aunque esa cifra sigue entre corchetes. Además, indica que las acciones de reducción de emisiones que lleven a cabo con financiación internacional serán auditadas por la ONU, mientras que las que realicen por su cuenta las declararán ellos. Por su parte, China se niega a que haya un sistema transparente de declaración de emisiones porque lo cree una intromisión en su política nacional.

El borrador ofrece también un rango de reducciones globales en el conjunto del planeta de 50%, 85% o 95% para 2050, para que los líderes mundiales tomen una decisión al respecto la próxima semana, pero el objetivo a largo plazo no es tan problemático como el de 2020, cuando muchos de los firmantes sí vivirán para rendir cuentas.

"Las partes deben reducir colectivamente las emisiones globales en al menos [el 50%, 85% o 95%] sobre los niveles de 1990 para 2050 y deben asegurar que las emisiones continúen disminuyendo a partir de entonces", señala el documento. Europa consideró que sale perjudicada. "Si tiene que haber dos vías, tienen que confluir en un tratado legalmente vinculante", afirmó Turesson.

Greenpeace dio la bienvenida al borrador para el acuerdo que acompañaría de forma paralela al Protocolo de Kioto. "Los negociadores deben ahora centrar sus esfuerzos en definir el contenido con la máxima ambición y clarificar la forma jurídica en la que debe culminar este texto: un acuerdo legalmente vinculante", afirmó Aída Vila, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace España.

También mostró su apoyo Kim Carstensen, director de la Iniciativa Climática Global de WWF, que comentó que "las predicciones de la desaparición de Kioto eran prematuras". Un mensaje lanzado por el propio De Boer, que había incidido en que se tarda mucho tiempo en ratificar un nuevo instrumento legal como éste y que por eso debería sobrevivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009