En beneficio de las letras
¿Qué premia el Premio Nobel? Su creador, el multimillonario sueco Alfred Nobel, lo fundó acuciado por la mala conciencia de haber inventado una fuerza de destrucción que, por otra parte, también se ha utilizado como fuerza de construcción: la dinamita. En su célebre testamento dispuso que una Fundación Nobel se hiciera cargo de la totalidad de su fortuna, la invirtiera en valores seguros y dividiera los intereses en cinco partes iguales destinadas a premiar a personas cuya obra beneficiase a la humanidad. La quinta parte correspondiente al premio que nos ocupa ha de ir a parar "a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la literatura".
Herta Müller es una escritora perteneciente a una minoría de lengua alemana radicada en Rumania, donde nació. Las minorías lingüísticas en los países del Este de Europa son muy comunes, muy mezcladas y muy constantes. La suerte de la señora Müller es que su idioma original, el alemán, le abre puertas que otras minorías semejantes tienen mucho más cerradas; ella es algo más reconocida por su pertenencia a un idioma influyente. El testamento de Nobel no habla de autores reconocidos sino de obras sobresalientes. Por eso se consideran más auténticos los premios que se otorgan a escritores que aún no han alcanzado una difusión universal; obras hurtadas, por el arte del comercio, a una mayoría de lectores, bien a causa de la lengua original (Wislawa Szymborska, por ejemplo) o de su exigencia y dificultad intrínsecas (Samuel Beckett, por ejemplo). Éste es el caso del premio Nobel 2009.
Herta Müller sabe bien lo que son las dictaduras porque vivió bajo una de las más mezquinas y miserables, la de Ceausescu, y además la sufrió doblemente como perteneciente a una minoría. El retrato de la miseria moral de esa dictadura y la exposición de la gente manchada por ella lo hace con toda lucidez: contando cómo el miedo y la mediocridad encanallan y cómo la supervivencia diaria crea también héroes. Tan duro como sobrevivir era, en su caso, escribir, de ahí su expresiva prosa sin concesiones. Su "idealismo" consiste en mirar de frente a la realidad, con la pizca de humor y de poesía necesarias para ser edificante. Con ella se cumple otra vez la intención de dar a conocer al mundo entero una obra escrita en beneficio de la humanidad.
José María Guelbenzu es crítico y escritor.
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