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Tribuna:TRIBUNA LIBRE | Los Presupuestos para 2010

Gobernar es decidir

Determinación, ambición, sensibilidad y responsabilidad. Esos son los principios que han guiado al Gobierno para afrontar la mayor crisis económica internacional de los últimos sesenta años.

- Determinación. Porque desde el minuto uno el Presidente del Gobierno, consciente de que para afrontar una crisis financiera internacional era necesario participar de forma activa en la respuesta mundial, ha apostado por estar en el G-20. Y lo ha conseguido. España ha consolidado su posición en los centros mundiales de decisión, una conquista que no tendrá marcha atrás.

- Ambición. La crisis financiera no sólo atravesó las fronteras de los países, sino que se extendió a todos los sectores de la economía, deprimiendo la inversión privada por la caída de las expectativas y la restricción del crédito. Ante esta situación el Gobierno de España activó un potente paquete de medidas de estímulo para incrementar la liquidez de las empresas y personas e impulsar la inversión pública en todos los rincones del país, con, entre otros, el fondo local.

Se debe reforzar el Estado de bienestar para evitar una crisis social

- Sensibilidad. El Gobierno considera que se debe de reforzar el Estado de bienestar para que la crisis económica no derive en una crisis social. Por eso hemos reforzado la protección a quien pierde un empleo y ya no cobra prestación, seguimos subiendo las pensiones más humildes, el salario mínimo o la ayuda a la dependencia...

- Responsabilidad. No es otra cosa que reconocer que España no puede crecer de la misma forma que crecía antes. Que hay que renovar los pilares sobre los que se sustenta nuestro crecimiento. Heredamos una economía con apariencia saludable, pero que tenía un colesterol muy alto. Ese colesterol no es otro que el excesivo peso de la construcción residencial. Por eso la estrategia iniciada desde la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, de cambiar nuestro modelo de crecimiento, es ahora ya, no una cuestión de voluntad política, sino una urgencia nacional en la que vamos a involucrar a todas las instituciones y agentes sociales.

En esta hoja de ruta se inscriben los próximos presupuestos. El gobierno decide que en esta crisis, el Estado debe de fortalecer sus resortes, tanto para garantizar protección a quien más lo necesita, como para consolidar la capitalización del país y el efecto arrastre de la inversión pública no se detenga.

El Gobierno lo decide y lo dice, anunciando medidas que no son fáciles, pero sí necesarias, como recuperar parte de la presión fiscal que hemos bajado en la anterior legislatura. Una presión fiscal notablemente inferior a la de nuestros vecinos europeos y sobre la que tendrán que hacer una contribución adicional aquellos contribuyentes que obtengan más rentas de capital, pagando por sus plusvalías y rendimientos un 21%, frente al 15% que pagaban durante los gobiernos del Partido Popular.

En lo que afecta a la redistribución de la carga fiscal, es importante señalar que es sobre todo la política de gasto la que define la redistribución de la riqueza y de las oportunidades de los ciudadanos. En este sentido, la política fiscal es claramente redistributiva al destinar más de la mitad de los Presupuestos Generales del Estado al Gasto social.

Y los españoles seguirán pagando menos impuestos que cuando llegamos al gobierno porque hemos sido rigurosos en las cuentas públicas en tiempos de bonanza y tenemos margen para acudir al endeudamiento. Endeudamiento que en el caso de algunas empresas ha sido excesivo en el pasado y sobre el que no se oían las advertencias que ahora surgen cuando es el Estado el que acude a él para reactivar la economía.

Y en esta estrategia de impulso a la inversión, de cambio de modelo de crecimiento, el Ministerio de Fomento representa un instrumento decisivo.

Elegimos mantener el nivel de inversión pública y recortar en más de un 8% nuestro gasto corriente. Elegimos que no podemos privar a España de tener uno de los mejores sistemas de transporte del mundo. Un sistema que pivota sobre el tren de alta velocidad y que vertebra el territorio de norte a sur, de este a oeste. Para que cada punto del país sea centro y no periferia desde el punto de vista de las comunicaciones. Para avanzar en la cohesión social y la cohesión territorial, columna vertebral de nuestro proyecto político.

Invertimos para facilitar al máximo los intercambios comerciales de nuestras empresas, para extender las oportunidades de todos los ciudadanos vivan donde vivan. Con una apuesta decidida por la intermodalidad en el transporte de mercancías, donde el ferrocarril ganará protagonismo. Y haciendo de la red de cercanías la forma más atractiva y sostenible para desplazarse en las grandes áreas metropolitanas. E invertimos para que nuestras necesidades de movilidad sean compatibles con el obligado respeto al medio ambiente y la firme lucha contra la gran amenaza del siglo: el cambio climático.

Esa es nuestra elección. Elegir invertir para que la obra pública siga siendo una barrera de contención frente a la cara más cruda de la crisis, el desempleo y para que las generaciones de hoy y también las de mañana tengan un país con las mejores infraestructuras. Un país moderno y equipado que no tuvieron las generaciones de ayer.

Sí, gobernar es elegir y esta es nuestra apuesta, clara, firme y decidida. Una apuesta que a día de hoy sigue sin contar con una alternativa visible en el principal partido de la oposición.

José Blanco es ministro de Fomento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de septiembre de 2009