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Crítica:57º Festival de San Sebastián

Insólito y admirable Pablo Pineda

Observando la personalidad y escuchando las palabras de Pablo Pineda, un hombre con síndrome de Down y cerebro transparentemente superdotado, en la tan arriesgada como conseguida Yo, también, imaginas que no hay nada postizo en él, que aunque haga y diga lo que le exigen los directores de la película, aunque su personaje pertenezca a la ficción y esté desarrollado en un guión, no ha tenido que hacer el menor esfuerzo para mostrar tanta inteligencia, un agudo y desarmante sentido del humor en replicas y contrarréplicas, lacerante vulnerabilidad, capacidad para reírse de sí mismo y de los demás, hambre de amor, una mirada compleja sobre las personas y las cosas.

Álvaro Pastor y Antonio Naharro se han propuesto hablarnos sin afectación, moralina, paternalismo, empalago o exceso de buenas intenciones, de la capacidad vital, la desarrollada sensibilidad y el anhelo de ser aceptados socialmente por la supuesta normalidad que almacena gente cuyas limitaciones físicas y mentales pueden estar condenados a la marginalidad, la piedad de los demás, la sobreprotección, la soledad del que ha sido etiquetado o se sabe anormal. Han imaginado que uno de estos seres puede conseguir un trabajo, establecer una comunicación permanente con el mundo familiar y profesional que le rodea, enamorarse de una compañera de trabajo adicta al alcohol amargo, contumaz y borracha folladora de tíos pasajeros que no le dejen huella, desertora de demonios familiares, íntimamente sola. Esa mujer desgarrada y autosuficiente descubrirá que no hay nadie con el que se ría más y mejor que con ese tipo deforme, que su complicidad y su química con él suponen un impagable alivio ante sus continuas resacas físicas y anímicas. Está claro que el idilio entre la nihilista escotada y el hombre que ha logrado seducir a su cabeza tendría consumación carnal, pero nadie normal (incluidas las putas) está dispuesto a saciar el lógico deseo erótico de alguien ferozmente marcado por su físico. La solución que ofrecen los directores a problema tan insalvable tiene mucho de poético e incluso el espectador puede llegar a creérsela.

Pastor y Naharro saben combinar con credibilidad el tono documental y el intimismo. Utilizan lo primero para describir la convivencia en una academia de baile de un grupo de gente con síndrome de Down. Y los retratos intimistas también funcionan. Te permiten conocer profundamente la esperanza y el derrumbe de su héroe, su terror al fracaso y su autocompasión, su rabia y su mordacidad, su cotidianeidad y sus sueños, su impotencia y su coraje, sus verdades y sus trampas. Tiene al lado a esa actriz magnífica llamada Lola Dueñas. Entre ambos hacen creíble y conmovedora una relación que podría ser grotesca si apareciera el pasote, el ternurismo, la sensiblería o la poética forzada. Los autores eluden esos peligros con sensibilidad, sorna y talento.

La película australiana Blessed, dirigida por Ana Kokkinos, pretende ser un concienciado catálogo de tragedias. De adolescentes muy perdidos y de unos progenitores que también andan desquiciados. No es desdeñable, pero sí espesa, reiterativa, cansinamente sombría. Sabes que esa gente anda muy jodida, pero su desesperado vagabundeo no logra implicarme emocionalmente. No siento ni una gota de cariño hacia ellos. Todo lo contrario que la historia de amor entre la princesa agriada y el fascinante ser deforme que cuenta la tragicómica Yo, también.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de septiembre de 2009