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Una mirada de frente a la discapacidad

Charla con el equipo de 'Yo, también', la primera película española a concurso en la 57ª edición de San Sebastián que cuenta los amores y la vida de un licenciado universitario con Síndrome de Down

Pablo Pineda no es un actor al uso. Primero porque él no es intérprete, aunque haya participado en innumerables programas televisivos. Segundo, porque es licenciado universitario dedicado a una labor que nada tiene que ver con la imagen. Y tercero, porque tiene Síndrome de Down. Pineda es un cóctel explosivo, en el mejor sentido de la palabra, y la película que ha coprotagonizado junto a Lola Dueñas, Yo, también, de Antonio Naharro y Álvaro Pastor, es el primer filme español a concurso en esta edición de San Sebastián y una demostración de que se puede hablar de sentimientos y de alegría de vivir sin caer en el maniqueo y exasperante "buen rollito". Pineda encarna a David, un treintañero que comienza a trabajar en la administración pública en Sevilla. Es pulcro, ordenado, un ejemplo para los que le rodean... y por eso caerá perdidamente enamorado de Laura, una compañera de oficina alocada, prosmiscua, bebedora, con un pasado que le carcome y pocas ganas de sentar la cabeza. Naharro y Pastor, que han escrito varios cortometrajes, y que dirigieron Uno más, uno menos, corto candidato al Goya en 2002, respiran aliviados. Las primeras reacciones del público ante su debut en el largometraje no pueden ser más efusivas. Los cuatro componen un grupo tan especial como divertido.

Pregunta. Un filme delicado como éste, ¿se puede hacer con tensión en el plató? ¿Fue fácil el rodaje?

Antonio Naharro. Había que rodarlo desde el amor y desde el trabajo. El mal rollo está a la orden del día en el cine, y hay que solucionarlo constantemente, superarlo con profesionalidad.

Lola Dueñas. Siempre que se pueda, hay que lograr en el plató un muy buen ambiente. Además, así se trabaja más rápido.

P. Porque tocando un tema tan delicado como es la visión que tiene la sociedad de la gente con Síndrome de Down, no sé si el rodaje se puede calificar de normal.

L. D. Normal no ha sido, desde luego. Sí, especial.

Pablo Pineda. Totalmente cierto. Ha sido un rodaje distinto, desde el principio nunca hubo mal rollo. Todo era trabajo, esfuerzo pero con un objetivo claro.

P. ¿Por qué habéis tardado tanto en filmar un largometraje?

A. N. Habrá que preguntárselo a las televisiones, que no invierten...

L. D. Di que sí, ahí le has dado.

Álvaro Pastor. La ventaja es que hemos acumulado mucha experiencia.

A. N. Es que el proyecto era muy osado, porque por mucho que el prota fuera listo, el tema es el Síndrome de Down, que ya nos hemos dado cuenta que tira para atrás. Encima, cogimos a alguien que no era actor... A nosotros nunca nos tiró para atrás el tema.

Á. P. De hecho como sabíamos lo que queríamos hacer, el reto nos empujaba hacia delante.

A. N. Según nos sumergimos en el tema de la discapacidad, encontramos más amor y sabíamos cómo encauzar el tema. Entiendo que leída la sinopsis existan reticencias. Y encima era nuestra primera película. Comprendo a quienes no apoyaron el proyecto.

L. D. Pues ahora, ¡que se fastidien! [risas generales]. Yo entré poco a poco en el proyecto. Primero leí el guión, después conocí a Álvaro y a Antonio, hubo rollo, y finalmente me encontré con Pablo.

P. P. A mí me llamaron, me asaltaron en casa. Yo trabajaba en el ayuntamiento de Málaga y un día me los encuentro a la salida...

Á. P. Eh, que te habíamos llamado por teléfono.

P. P. Sí, es cierto y me dijeron que iban a proponerme algo y les escuché y pensé: "Veremos a ver, veremos a ver"... Y cuando me contaron que querían que yo hiciera una película pensé que había un error. Alguien se había equivocado: o ellos o yo.

A. N. Bueno, pero si te pasamos un primer guión que habíamos hecho sobre tu vida.

P. P. Sí, cierto, cierto.

A. N. Lo que ocurre es que el guión evolucionó mucho, lo alejamos de él para crear un nuevo personaje... Y los retrasos en la producción nos han ayudado a madurar la historia. Fue diferente cuando llegó Lola, cuando Pablo se apuntó...

Á. P. Cada incorporación nos ayudaba a crecer, cada uno ha puesto su grano...

P. P. Se veía muy claro en las distintas versiones. La historia mejoraba, era cada vez más viva. Cada vez que me llegaba otro guión, me enganchaba más.

P. Y te ha escrito un personaje chispeante, feliz, que logra algunos de sus objetivos amorosos...

P. P. He tenido mucha suerte.

A. N. Es que él es así. Hablamos mucho con Fernando Castets, el guionista que colabora con Campanella, y nos dijo: "Escribid como si no tuviera Síndrome de Down, que el público vea una comedia romántica". Nos ayudó mucho. Hablamos de gente que hasta hace pocos años estaban encerrados en gorrineras y ahora dan entrevistas. Pero la película es mucho más, es vida. Y por eso era fundamental el humor.

P. P. Siempre tengo presente mi sentido del humor. Con mis respuestas les dejo secos.

A. N. Hay humor en el filme porque también se toca hueso con el dolor. Yo, también tiene muchas gamas porque es vida.

Á. P. Teníamos muy claro hacia donde ir. Creemos en que la dirección debe ser clara para no perder el rumbo, sin menospreciar opiniones del equipo.

A. N. Todos han aportado. Y para que este proceso funcionara, incluso en rodaje poníamos música, envolvíamos cada plano con elementos que pareciera que casi estábamos haciendo teatro. Así involucras al equipo / público.

L. D. Esta energía grupal nos ayudó a los actores, a que todos fuésemos parte de la película.

P. P. Éramos un poco Fuenteovejuna, ¡¡¡todos a una!!!

P. ¿Y qué tal concursar en San Sebastián?

Á. P. Es maravilloso. Cuantas más entrevistas, mejor. Nuestra película es pequeñita y este escaparate mediático nos impulsa. En la sección Oficial seguro que somos lo que hemos tenido menos presupuesto. Lo importante era la historia. Nos interesa hacer reír, como la vida.

P. ¿Qué esperáis que se lleve la gente a casa tras ver Yo, también?

L. D. Amor.

P. P. Espero que por lo menos vean el Síndrome de Down con otra óptica distinta con la que han entrado a la sala. Que reflexionen, que no se queden en lo guapo que soy y lo listo [risas], sino que recapacite sobre la profundidad de lo que ha visto y que le remueva.