Reportaje:

Un lugar para nacer y envejecer

La Casa de la Lactancia fue hospital maternal, es geriátrico y afronta otra etapa

En la misma sala donde cada día desayunan, comen y cenan los 63 residentes del geriátrico Francesc Layret, cientos de mujeres parieron a sus criaturas desde 1908 hasta 1982. Era el paritorio-quirófano de la Casa de la Lactancia de la Gran Via de Barcelona, en la izquierda del Eixample, que hizo el tránsito de centro maternal a geriátrico a principios de la década de 1980. Ahora afronta una nueva etapa, también afín a las necesidades de los tiempos que corren. Fue Casa de la Lactancia cuando había una mortandad infantil altísima en Barcelona -algunos documentos hablan de 250 defunciones por cada 1.000 nacimientos-, se transformó en geriátrico ante el déficit de plazas para la tercera edad y en un futuro no muy lejano se convertirá en un centro -también de titularidad municipal- para agrupar actividades sociales.

La fachada del edificio centenario se rehabilita con los fondos locales

Es una casa con historia. Y muy bella, pese a que sufrió amputaciones en no pocos de sus elementos arquitectónicos. La actual biblioteca -en el primer piso del edificio- fue una sala de reposo y de observación de algunas mujeres con sus bebés, la zona de fumadores de los abuelos y abuelas era donde se vacunaba a los niños. "En esta sala se hacían sesiones de preparación al parto y veíamos algún documental. Lo que no ha cambiado nada son las habitaciones, que siempre fueron pequeñas. Ésa era la mía", recuerda Carmen Fuster.

Ella, de 54 años, tuvo a su hija, Mireia, en la Casa de la Lactancia el 11 de septiembre de 1980. "Quién me iba a decir a mi que 20 años después iba a empezar a trabajar aquí y que esto sería un geriátrico. Aquí he pasado toda clase de fatigas, de las buenas y de las malas", dice entre risas.

Una de los espacios que han permanecido invariables es la espectacular sala central a modo de recepción. Donde antaño las parteras sufrían más de un apuro, ahora los abuelos contemplan el trasiego de la Gran Via. "La puerta suele estar abierta, pero ahora hay un residente que se escapa", apunta otra trabajadora del geriátrico.

La Casa de la Lactancia la construyó Antoni de Falguera, arquitecto municipal de Barcelona entre 1908 y 1913. Tiene notables recuerdos modernistas -los tuvo todavía más en la fachada trasera, que se destruyó cuando se amplió- y tanto el patio de entrada como la balconada son composiciones de mosaicos coloristas. Ese equipamiento ha aprovechado el plan de ayuda local del Gobierno -el plan Zapatero- para rehabilitar la fachada que da a la Gran Via. "El grupo escultórico -obra de Eusebi Arnau- estaba muy deteriorado y había riesgo de desprendimientos. De hecho, se instaló una red en la escultura y los pináculos hace tres años", explica la directora del centro, Noelia Palacios. Los cerca de 500.000 euros que costará la recuperación de la escultura y otros elementos de la fachada salen de los fondos. "La pena es que hemos llegado tarde para evitar cosas como la eliminación de las vidrieras de la cubierta", puntualiza Alicia Calmell, una de las responsables del proyecto de rehabilitación. Razón no le falta, porque ahora hay unas claraboyas que son una afrenta al resto de la casa.

En algunas de las salas hay fotografías antiguas. "Tuvimos un residente que nació aquí", recuerda Carmen, la asistenta. Y murió, cerrando su ciclo vital. El archivo de las mujeres que parieron en la casa fue trasladado al hospital del Mar. Cuentan las trabajadoras que no pocas mujeres que tuvieron hijos allí suben las escaleras y entran en el vestíbulo para echar un vistazo. "Era del Ayuntamiento, pero si pagabas una pequeña cantidad aquí estabas mejor que en los hospitales grandes y te ponían pentotal para aliviar un poco el dolor", añade Carmen. Un letrero de una puerta de la planta baja identifica una sala como almacén: "Era la habitación para dilatar".

Caminando por los pasillos hacia el pato interior se oye música bastante fuerte. Una habitación con grandes espejos refleja a una veintena de mujeres bailando algo parecido a la danza del vientre. "Algunas actividades de la Casa Golferichs -otro equipamiento municipal- se hacen aquí", aclara. En las plantas superiores reina el silencio.

Sala central y recepción de la Casa de la Lactancia, en la Gran Via de Barcelona.
Sala central y recepción de la Casa de la Lactancia, en la Gran Via de Barcelona.TEJEDERAS

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 05 de julio de 2009.

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