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Triunfo de las letras francesas

Un escritor del Sur

Me siento feliz y emocionado de que mi amigo Le Clézio haya sido galardonado con el Nobel. A través de él, se ha reconocido una buena parte de la literatura del sur. Porque Le Clézio es en cierta forma un escritor del Sur.

La obra de Jean-Marie Gustave Le Clézio se caracteriza por un interés permanente hacia los pueblos desposeídos y hacia los individuos marginados por la crueldad de la vida. Se ha preocupado por los indios de Norteamérica en un magnífico ensayo Le rêve mexicain (El sueño mexicano) (1988), al igual que ha tratado el problema palestino con la emotiva y generosa novela Étoile errante (Estrella errante) (1992), que cuenta la historia de dos jóvenes, una palestina que debe abandonar su tierra en 1948 y una judía europea que llega para vivir en Palestina. Este libro suscitó la cólera de algunos militantes favorables a Israel que llegaron a ver antisemitismo en ella, cuando Le Clézio nunca ha hecho política pero siempre ha dado pruebas de su simpatía por las víctimas de la injusticia.

Su obra se interesa por los individuos marginados por la crueldad de la vida

Le Clézio corta de forma tajante con el egocentrismo de la literatura gala

Su novela más conocida sigue siendo Desierto (1980), una soberbia metáfora de las relaciones entre el sur y el norte, a través del destino de una joven que va a dejar el desierto marroquí para ir a trabajar a Francia. Este escritor francés habla poco de Francia. Quizá sea esto lo que le ha valido el Nobel. Corta de manera tajante con el egocentrismo de la literatura francesa actual a la que se llama autoficción. Un día, Jean-Marie me dijo "yo no tengo imaginación". Era sincero, ya que escribe observando el mundo que lo rodea. No se siente cómodo en París ni en Niza, su ciudad natal. De ahí, su exilio en Albuquerque y desde hace dos años en Corea. Le gusta este extrañamiento que lo aleja de Francia, pero reconoce que "la lengua francesa es el único país en el que vive".

Viajamos juntos a Marruecos y a Haití. El recuerdo que guardo es el de un hombre de gran sensibilidad, sobre todo cuando estábamos en Haití, país destruido, abandonado por los hombres y por Dios. Tomaba notas, dibujaba esos paisajes tristes. Es un recuerdo precioso que evocamos cuando nos vemos. Marruecos es el país de su mujer, Jémia, que lo inspiró y que sobre todo lo ayudó a ser menos arisco. Le ha dedicado su última novela, titulada Ritournelle de la faim (Cantinela del hambre). Ambos escribieron juntos un bonito libro sobre el sur marroquí; era una especie de vuelta a las fuentes, bajo el título Gens des nuages (Gente de las nubes) (1997), con fotos de Bruno Barbey.

Discreto y profundamente humano, nunca ha escatimado en la lucha contra el racismo, contra las injusticias y por el respeto del medio ambiente. Toda su obra no deja de profundizar en estos temas y de ilustrarlos.

Le Clézio tiene un estilo que se ha transformado desde su primera novela El atestado, pasando por textos casi experimentales como La guerra o Les Géants. Era una época difícil para él a nivel personal. Pero con su encuentro con Jémia, sus temas y su escritura van a orientarse de manera determinante hacia el Sur. Un día estábamos charlando acerca de la escritura; luego, después de un silencio, me dijo: "¿No te parece que cada vez que se llega a escribir una frase es un milagro?". Eso me hizo reflexionar. Escribir es una manera de liberarse. Y cualquier liberación es un milagro. Porque no se le ha otorgado a todo el mundo.

Traducción de News Clips Tahar Ben Jelloun (Fez, 1944) obtuvo el Premio Goncourt en 1987 por La noche sagrada. Su última novela editada en España es Partir (El Aleph).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2008