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PALOS DE CIEGO COLUMNA i

Servicio de urgencias

No sé qué opinarán ustedes, pero a mí me parece que lo más interesante de la crisis económica no es la crisis económica, un fenómeno que por supuesto todos entendemos muy bien, salvo los economistas más competentes, que confiesan no entenderlo demasiado; lo más interesante de la crisis económica son los efectos colaterales de la crisis económica. Enumero tres: uno es que la gente se aferra al azar, otro es que la gente se aferra al matrimonio, otro es que la gente se aferra a los libros. O eso parece. Según contaba Jesús García en este periódico, en los primeros meses de 2008, y sólo en la provincia de Barcelona, las Loterías y Apuestas del Estado recaudaron casi el 5% más que en el mismo periodo del año anterior, pero la quiniela de fútbol y el juego de los Euromillones registraron un aumento de ventas que supera el 20%; Xavier Cos, gerente del Patronato de Apuestas, no se extraña: "Sabemos que cuando la situación económica es difícil, la gente tira más por el juego". Por otra parte, según datos del Consejo General del Poder Judicial, el número de divorcios registrados en Cataluña entre los meses de enero y marzo bajó en un 23,5% respecto al mismo periodo del año anterior, y el número de separaciones, en un 45,6%; las causas de este descenso son múltiples, pero los especialistas coinciden en que no es la menos importante el coste económico de un divorcio o una separación; también coinciden en que lo anterior no significa que la gente no se separe o divorcie por falta de dinero, sino sólo que antes de separarse o divorciarse se lo piensa dos veces. Por último, los libros: carezco de datos fiables al respecto, pero no hacen falta, porque de momento no hay un solo librero ni un solo editor que, hasta donde alcanzo, se haya quejado de la crisis; al contrario, todos aseguran que el negocio funciona mejor que nunca. La explicación de todos es la misma: la gente no tiene dinero para costearse un viaje a Cancún, pero sí para costearse una edición de Guerra y paz, así que, en vez de pasarse un mes en Cancún, se pasa un mes en la Rusia de Alejandro I. No puedo hablar con conocimiento de causa sobre la relación entre la lotería y la crisis (nunca he jugado a la lotería, sin la menor duda por miedo a que no me toque); sí puedo hacerlo, en cambio, sobre la relación entre el divorcio, los libros y la crisis (aunque nunca me he divorciado, los libros me gustan mucho y no suelen hablar de la lotería, pero sí de crisis y de divorcios). Es más: tengo una teoría totalmente arbitraria al respecto, que paso a exponer a continuación con la mayor desvergüenza.

Una noche de hace diez años, cuando mis amigos aún no habían empezado a divorciarse, llamé por teléfono a uno de ellos. Me contestó su mujer. Me preguntó cómo estaba y le dije que bien; le pregunté cómo estaba y, en vez de contestarme, me dijo que estaba leyendo Guerra y paz, y acto seguido se puso a hablarme con un entusiasmo desconocido en ella -yo no tenía ni idea de que fuera una lectora entusiasta, ni siquiera de que fuera una lectora- de Pierre Bezujov y de Elena Kuragina, de Nastasha Rostova y su hermano Nicolai, del príncipe Bolkonsky y su hermana Maria, y en el momento en que estaba describiéndome con voz estrangulada la escena en que Napoleón descubre el cuerpo valiente y ensangrentado de Bolkonsky en el campo de Austerlitz, comprendí que, si no la interrumpía, no iba a conseguir hablar con mi amigo, así que la interrumpí y le pregunté por mi amigo. No está, dijo, regresando en segundos hasta la realidad desde la Rusia de Alejandro I. ¿Le llamo más tarde?, volví a preguntar. No está, repitió, impávida, y añadió: nos hemos separado. Fue la primera vez que ocurrió: a partir de entonces noté que, a medida que mis amigos se separaban, sus mujeres se convertían en unas lectoras feroces, salvajes, alucinadas, y todavía hoy me echo a temblar cuando llamo a casa de algún amigo y su mujer me dice que está leyendo Crimen y castigo, o Madame Bovary, o Middlemarch. La literatura es un servicio de urgencias. Leer por diversión está muy bien, leer por entretenimiento está muy bien, leer para no ser un cretino está muy bien. Pero la única forma seria de leer es leer como quien reza, como quien llora, como quien pelea por su pellejo en cada frase, en cada adjetivo y en cada coma. Borges decía que la literatura es una forma de la felicidad, pero eso sólo significa que la literatura es un sustituto de casi todas las demás formas de la felicidad, que no son más que un camelo; como rezar, como llorar, como pelear por el propio pellejo, la literatura no es un camelo, pero, dado que todos somos una panda de idiotas, nadie descubre que un mes en Cancún le atañe mucho menos que un mes en la Rusia de Alejandro I hasta que la realidad se encarga de recordárselo a bofetadas. Mi teoría es la siguiente: los divorcios son un asco, la crisis económica es un asco, pero a veces reducen nuestro nivel general de idiotez.

(Coda) Mientras escribo este artículo hojeo mi vieja edición de Guerra y paz; entre las páginas 1232 y 1233 encuentro un papel amarillento donde he anotado esta frase: "Un mundo inhabitable es aquel en que ya no queda nadie capaz de matar por una coma". Me pregunto qué clase de crisis estaba atravesando quien escribió esa barbaridad. Me pregunto si la escribió Tolstói. Espero no haberla escrito yo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de julio de 2008