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Reportaje:

"Ya no tengo miedo a nada"

Alberto Corazón publica un ensayo y prepara una exposición en el IVAM

A finales del pasado año, su corazón sufrió dos operaciones consecutivas. Comprobó que detrás de la puerta no había nada y ahora puede decir que ha redescubierto la vida. Desde entonces, Alberto Corazón (Madrid, 1942) disfruta al máximo y con la mayor armonía de todo lo que hace: beber un vaso de agua, oír el canto de un mirlo, contemplar un paisaje. Y, lo más importante, los miedos han desaparecido de su mundo. Por eso, se atreve a presentar una retrospectiva de su pintura, en el IVAM a partir del 19 de junio, y a publicar un libro de ensayos, Una mirada en palabras (Seix Barral).

Alberto Corazón ha vivido siempre en una peculiar esquizofrenia creativa. Lleva más de 40 años dedicado al diseño y a la pintura, dos caras de una misma moneda, totalmente complementarias. "Para mí, el diseño es la realidad, y la pintura, la poesía". Considerado uno de los artistas clave de los años setenta, asegura que este país tiene un grave problema: no se tolera la excelencia. "Si haces una cosa bien, se te penaliza. Si haces bien dos cosas, el ambiente se vuelve insoportable. Llegó un momento en el que intentaron desplazarme tanto en el campo del diseño como en la pintura".

Para sobrevivir en ese enrarecido ambiente, Corazón recurrió a una peculiar estrategia: sus trabajos como diseñador los haría en España, y la pintura, en el extranjero. Como diseñador, arrasó. Sus logotipos están por todas partes. Es autor de los de la ONCE, Anaya, Paradores, Renfe (Cercanías), teléfono Domo, Mapfre, Junta de Andalucía, Biblioteca Nacional, Casa de América... Como pintor, ha llevado su obra a museos italianos y alemanes. En Nueva York, sorprendió por el colorido de sus bodegones conceptuales. Académico de Bellas Artes desde 2006, fundó la Asociación Española de Diseñadores Profesionales y, entre múltiples premios, tiene el Nacional de Diseño (1989).

En España mantuvo el parón expositivo hasta la década de los noventa. Cada dos años fue mostrando sus trabajos en sucesivas galerías. De repente, su obra ha despertado un interés casi desmesurado, según él, en medios institucionales. El IVAM tiene ya prácticamente montada la retrospectiva. Pero el Macba y el Reina Sofía quieren contar también con la obra de Corazón en sus programaciones para el próximo año. Cree que todo obedece a la fascinación que ahora se vive por toda la cultura generada en los setenta, pero asegura que todavía carece de la suficiente distancia para encontrar las causas de ese interés.

Recuerda que, en esa etapa, se relacionó con el movimiento conceptual debido a la forma en que se enfrentaban a la imagen. "Lo que nosotros hacíamos entonces tenía mucho que ver con lo que ocurría fuera: Fluxus, Arte Povera, Arte pop. Todo enlazaba con el discurso estético del estructuralismo. Surgieron los primeros estudios iconográficos, semióticos... En realidad, el movimiento conceptual era un inmenso contenedor en el que cabían muchísimas prácticas artísticas. A principios de los ochenta, muere el arte conceptual y yo decidí centrarme en la imagen".

De los setenta guarda un recuerdo muy especial. "Teníamos una forma de trabajar muy peculiar, eran rituales autorales. Tú exponías y te olvidabas. Había una cierta desmaterialización de la obra. Ahora me estoy encontrando con cosas que pensé que estaban desaparecidas. No hace mucho, me llegó de una galería de Turín un cajón enorme con las piezas que utilicé en una exposición en 1978. La dueña de la galería había muerto y los herederos me mandaron los objetos".

Ahora, publica su primer libro de ensayos Una mirada en palabras. "Dibujar o escribir son un mismo gesto. Es algo que hago de manera simultánea. Es una amalgama de letras y trazos. En los cuadros, pongo letras porque siempre las he visto como un material plástico fascinante. Mi pluma se mueve en función del trazo. El punto de partida de lo que hago está siempre en el movimiento de las manos. Ése es el auténtico origen de mi lenguaje". El libro mezcla pensamiento y dibujo. Algunos de los textos fueron publicados en su momento en revistas especializadas y otros son totalmente nuevos.

Ha vivido esta escritura como un proceso precioso. "Es mi primer libro de ensayo. Lo terminé antes de finales de año. Después sufrí dos delicadas operaciones de corazón". La experiencia le ha transformado. "He vuelto a la vida, a la realidad, después de comprobar que detrás de la puerta no hay nada. Todo está en esta vida. Me ha quedado una sensación fantástica de carpe díem. He redescubierto todo con otros ojos y una capacidad de disfrutar infinita. Lo más genial es que no me altero por nada. Veo los preparativos de la exposición y que la gente se agobia por los seguros, por las obras... Todos nerviosos, menos yo. A veces tengo la sensación de ser un irresponsable, pero mis prioridades las marco yo. He acabado con todos los miedos. No le temo a nada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de mayo de 2008