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Fuego en el Olimpo de la música

Un aparatoso incendio puso ayer en peligro la sede de la Filarmónica de Berlín

Las dos espesas columnas de humo negro y amarillo que se elevaban sobre el cielo de Berlín a través de las placas metálicas de la techumbre de la sede de la Filarmónica hacían presagiar lo peor a primera hora de la tarde de ayer. El fuego no afectó a las salas de concierto, pero sí creó un espectáculo discernible a kilómetros de distancia.

Los curiosos se agolparon durante toda la tarde en las inmediaciones. Algunas caras expresaban la estupefacción por ver envuelta en humo una joya arquitectónica de la ciudad y una delicia técnica para los oídos. Equipos de bomberos, 170 efectivos en total, se afanaron desde las 14.00 en las tareas de extinción, cuyo fin no se preveía al cierre de esta edición para antes de la mañana de hoy. Las autoridades no confirmaron las causas del siniestro, pero todo indicaba que se debió a unos trabajos de mantenimiento practicados en el tejado por los soldadores.

Por fortuna, el incendio se declaró una hora antes de que llegaran las 720 personas -entre intérpretes, técnicos y los 400 niños del coro infantil- convocadas por el anterior director titular de la Orquesta, Claudio Abbado, para el ensayo del Te Deum de Hector Berlioz.

Los músicos, que llegaron a su cita a las 15.00, pudieron acceder al edificio en llamas para recuperar sus instrumentos, que algunos tienen la costumbre de guardar en espacios situados en los bajos del complejo. Estas salas de estudio y ensayo no se vieron en ningún momento amenazadas por el incendio. Sí por la inundación que el trabajo de los bomberos podía provocar. Alrededor del aparcamiento del singular edificio se congregaban mujeres y hombres cargados de instrumentos y aspecto meditabundo. Rescatado su corno inglés, el solista Dominik Wollenweber comentaba que llegó avisado a su lugar de trabajo, de modo que "ya sabía que no había heridos ni se han perdido los instrumentos". La curiosidad y el distanciamiento iniciales cedieron ante la estupefacción y el "miedo por lo que pueda pasarle al edificio". "La perspectiva de no poder tocar en él es bastante penosa", afirmó.

Los berlineses están tan orgullosos de los logros de su orquesta, como del edificio y, sobre todo, de la famosa sala pentagonal que alberga los extraordinarios conciertos de la que muchos consideran la mejor orquesta del mundo.

El vestíbulo de la Sala de Música de Cámara de la Filarmónica estaba a las cuatro de la tarde lleno del mismo olor agrio que ya se había extendido con el humo por el barrio gubernamental de la capital alemana. La policía, los bomberos y la dirección optaron por dar una rueda de prensa en la parte más reciente del edificio, separada del resto por una barrera cortafuegos de metal bien visible.

Pamela Rosenberg, directora artística de la orquesta, se esmeró en dar una imagen de tranquilidad, haciendo justicia a ese tópico que dice que los berlineses son amigos de maquillar las desgracias. Si bien todos celebraron que no hubiera víctimas ni pérdidas irreparables entre los valiosos instrumentos, mientras se celebraba la conferencia de prensa se oía el trabajo de los bomberos sobre el techo. Quitaban a esa hora parte del revestimiento externo del edificio, a 40 metros de altura, para tratar de acceder al foco del incendio. El procedimiento, según un portavoz, es lento y arriesgado.

Cerca de la mesa en la que las autoridades informaban a la prensa, un grupo de músicos buscaba sus pertenencias en los cajones. Con cara de circunstancias, Albrecht Mayer inspeccionaba cuidadosamente un oboe mientras dos violinistas intercambiaban opiniones sobre la gravedad del incendio. Entre 40 y 50 instrumentos de gran valor económico y artístico fueron recuperados. Los pianos de cola se encuentran en una sala que estaba a salvo del agua.

Fue probablemente un turista el primero que, a las 13.57, llamó desde su móvil y alertó a los bomberos del incendio de uno de los dos complejos proyectados por Hans Scharoun para el foro cultural planeado a finales de los cincuenta para la zona inmediata a Potsdamer Platz bajo control occidental, devastada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El otro edificio de Scharoun, también amarillo, es la ampliación de la Biblioteca Estatal de Berlín. El complejo de la Filarmónica, construido en dos fases entre 1960 y 1963 (Sala Grande) y entre 1983 y 1987 (Sala de Música de Cámara), es llamativo desde el exterior y, en sus vestíbulos y pasillos, mezcla la modestia arquitectónica y la simpleza decorativa típicas de los sesenta alemanes. La sala grande, por su parte, posee una de las mejores acústicas del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de mayo de 2008