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Reportaje:

Juande Ramos y la invasión española

Torres, Reyes, Fábregas...y, por supuesto, Junade y Benítez. Son ídolos de la Premier League británica. Españoles de una armada invencible que conquista la tierra donde se inventó el fútbol.

Ser humano es tener prejuicios. Entre los más anclados están los que corresponden a ciudadanos de otros países, cuyas formas de ser tendemos a clasificar como si fueran especies animales. Los ingleses han tenido muy claro durante mucho tiempo cómo son los españoles: gente de sangre caliente (un topicazo eterno de los medios ingleses ha sido hablar del ?hot blood? de los latinos) que cuando no están bailando flamenco se están echando la siesta.

Pero hoy esta cómoda fantasía (los prejuicios nos cobijan como si fueran viejos amigos) ha sufrido un duro choque con la realidad. No. No es que los ingleses, salvo dos o tres, se hayan enterado de que puede haber diferencias entre los catalanes, los vascos y los andaluces. Pasarán muchos años hasta que alcancen semejante grado de sofisticación. Pero lo que sí se han visto obligados a cuestionar es esta idea fija de los ?Spanish? como gente alegre, temperamental y vaga. El catalizador de la revolución ha sido el fútbol, la actividad que concentra la atención de la especie más que cualquier otra; concretamente, la invasión española a la Premier League inglesa.

Juande, el último en llegar, ha roto los esquemas de los británicos

La mandíbula de Ramos parece la de una esfinge, pero de aspecto severo

"Se viven más emociones aquí. Ir al estadio es un día de fiesta completo

"Juande ha conseguido el equilibrio perfecto entre ser tu amigo y tu jefe"

"El fútbol inglés es menos especulativo y más generoso que el español"

Ven la flema de Xabi Alonso y el cool de Fernando Torres, ambos del Liverpool; ven lo cauteloso que es su entrenador, Rafa Benítez; ven el orden que impone el joven mariscal Cesc Fàbregas en el centro del campo del Arsenal y la frialdad bajo fuego de su compañero, el portero Manuel Almunia; ven la entrega y la disciplina de Mikel Arteta, del Everton? y se confunden. Porque resulta que ni castañetas ni siestas: lo que define a los españoles de la Premier es su seriedad, su profesionalidad y su esfuerzo.

PERO EL QUE MÁS CONFUSIÓN ha creado entre los ingleses, el que les ha roto los esquemas para siempre, ha sido el último en llegar: Juande Ramos, entrenador del Tottenham Hotspur, club londinense en el que aterrizó, tras su abrupta salida del Sevilla, a principios de noviembre del año pasado. No ha sido cuestión tanto de los resultados en el campo, aunque el haber ganado una copa

?la Carling Cup, venciendo a los dos grandes rivales de la capital inglesa, el Arsenal y el Chelsea, en el camino? apenas cuatro meses después de asumir el cargo debe de ser un récord mundial en la historia de los entrenadores de primer nivel. Tiene que ver, más bien, con la personalidad de Ramos; que se reduce, ya que todavía no domina el inglés lo suficiente como para una rueda de prensa, a la que ven los fans por televisión cuando se disputa un partido.

Sir Alex Ferguson, el veterano entrenador del Manchester United, vive los 90 minutos con la transparencia emocional, con el júbilo y la indignación desmelenada de un niño de ocho años. Rafa Benítez, tan sopesado cuando habla con los medios en su excelente inglés, parece estar casi permanentemente al borde de un infarto. Arsène Wenger, del Arsenal, emite nervios y mal humor. Pero Ramos, nacido en Ciudad Real, es un hombre de carácter seco; un general espartano, inmune a la euforia o a la catástrofe. La mandíbula de Ferguson está en constante movimiento porque no deja de mascar chicle; la de Ramos tiene la rigidez de una estatua, como si le hubieran pegado las muelas con cemento. Es una esfinge, pero de aspecto severo. Suele estar vestido de negro y, si no lo está, así parece, como si estuviera permanentemente de luto. Lo que delata la intensa actividad mental detrás de la estatua es una mirada de láser, como capaz de penetrar paredes.

PERO CUANDO YO LE VEO en su despacho en la ciudad deportiva del Tottenham, unos minutos después del entrenamiento matutino, algo ha cambiado. Los ojos me reciben con amabilidad. El resto de la cara es puro granito, pero la mirada es cálida. Será en parte el alivio de poder tratar con un periodista sin necesidad de un intérprete; pero quizá sea más porque está atravesando una de las fases más relajadas que ha vivido, o que seguramente vivirá, en su vida profesional. El término es relativo. Relajado para Ramos significa estar en un estado de concentración que a una persona normal le reventaría los sesos. Porque tiene que haber pocos trabajos en el mundo que generen más estrés que el de un entrenador de fútbol, no importa que su equipo juegue en la Premier League o en la primera división española, o ?de donde partió Ramos? en Segunda y Tercera B. Como decía hace poco otro entrenador de la Premier League, Steve Coppell, del Reading: ?Si quieres dormir, búscate otro trabajo?. Es un problema de expectativas siempre exageradamente altas, nacidas de la inagotable ilusión que mueve a todos los aficionados. Pero hoy la carga se le ha vuelto fugazmente ligera a Ramos. Como un chico de colegio superdotado que termina un examen mucho antes que sus compañeros, Ramos ha cumplido todo lo que se esperaba de él, y más, tres meses antes de terminar la temporada.

El primer reto era sacar al Tottenham de la zona de descenso, donde estaba vertiginosamente colocado este club histórico del fútbol inglés cuando llegó Ramos. Eso se ha logrado. El equipo está a flote, navegando en las plácidas aguas del medio de la tabla, sin posibilidades de nada; ni malo ni bueno. El segundo reto, el que Ramos mismo tuvo la temeridad de imponerse públicamente nada más tocar tierra inglesa, fue clasificarse para la copa de la UEFA la temporada que viene. Pues eso lo cumplió, de manera extraordinariamente prematura, al conquistar la Carling Cup.

LO QUE SIGNIFICA QUE lo que queda de liga se ha convertido en una larga preparación para la temporada que empezará después de las vacaciones de verano, a finales de agosto. En vez de empezar la pretemporada en julio, ha tenido el lujo de poder empezarla después de ganar la Carling a finales de febrero. En los partidos que le quedan al Tottenham hasta que acabe la liga en mayo

?contra el Reading y el Liverpool? habrá en juego la dosis habitual de orgullo, pero intrínsecamente cada partido tendrá el mismo valor que un encuentro veraniego contra los Grasshoppers de Zúrich. Es decir, lo que corresponde ahora es afinar, ensayar, identificar problemas, ver qué jugadores seguirán sirviendo, cuáles serán descartables. Así lo entiende la afición del Tottenham, que corea el nombre de Ramos continuamente durante los partidos y sólo piensa, como él, en la campaña que viene.

?La verdad es que la afición ha estado maravillosa desde el primer momento?, me dice Ramos, que se quedó asombrado cuando, recién llegado, se llenó el estadio de White Hart Lane para uno de los primeros partidos de la Carling Cup contra el Blackpool, un equipo de segunda división. ?Y si a eso se le añade que les hemos dado unas buenas victorias? Conquistar esa copa en Wembley tras ganar en el camino a nuestros dos grandes rivales londinenses, el Arsenal y el Chelsea, bueno: ¡cómo se han volcado con nosotros!?.

Ese ?nosotros? se refiere a su asistente y preparador físico en el Sevilla, y anteriores clubes, Marcos Álvarez, que vino con Ramos al Tottenham, comparte despacho con él y está presente, trabajando ante una computadora, durante la entrevista. Los dos están encantados de estar en Inglaterra, donde sienten que la pasión por el fútbol es más intensa que en España. ?Se viven más emociones aquí?, dice Ramos. ?La gente llega dos horas antes, come en el estadio, bebe ?cla¬ro? y es un día de fiesta completo. Cantan de principio a fin de los partidos y nunca pitan a su equipo. No hay reproches. La lealtad es total. Si pierdes pero ven que has jugado bien, con ganas (y aquí los equipos ofrecen una entrega absoluta), no te increpan. Te aplauden e incluso aplauden al rival si lo ha hecho bien. Entienden que perder es también parte del deporte?.

?Es diferente aquí,? añade Álvarez, canario criado en Sevilla y que, con sus 37 años, podría ser hijo de Ramos. ?El aficionado español se puede ir indignado de un partido. Aquí puede que se vaya triste, pero indignado no. Lo ves incluso con los aficionados del Derby County, que ha estado claro hace meses que bajaría a Segunda. Su estadio siempre está lleno y la afición no deja nunca de apoyar al equipo. Veo y vivo una afición aquí mucho más solidaria, en las buenas y en las malas. Esto hace que el jugador se sienta mucho más apoyado?.

Mucho se ha hablado en círculos futboleros de la astucia táctica de Ramos, de su habilidad para leer un partido, de lo puntuales que son sus sustituciones (tres veces en seis semanas, dos suplentes del Tottenham han marcado cuando han salido al campo). Pero el secreto del éxito de Ramos ha sido el apoyo que él da a los jugadores. Desde la dieta (Ramos y Álvarez se quedaron atónitos ante lo gordos que estaban los del Tottenham cuando llegaron, la variedad de salsas que agregaban a sus comidas) hasta el factor psicológico. La disciplina, la confianza y el hambre ganadora constituyen la aportación más elemental de un entrenador a su equipo.

?ES MUY BUENO A LA HORA de comunicarse con los jugadores?, me dijo Jonathan Woodgate, uno de los fichajes de Ramos en el mercado de invierno. ?Ha conseguido el equilibrio perfecto entre ser tu amigo y ser tu jefe?. Woodgate, que vivió un calvario de lesiones durante sus dos años en el Real Madrid, bromeó que no podía recordar cuántos entrenadores había tenido en su promiscua (ha jugado en media docena de equipos) carrera profesional ??¡ni siquiera me acuerdo cuántos tuve en el Madrid! Por lo menos cinco, eso sí??. Pero una cosa que Woodgate tiene clara es que Ramos es, como él dice, ?the real thing? ?un auténtico gran entrenador que sabe motivar a sus jugadores?. ?Ha logrado que nos caiga bien, pero que le respetemos al mismo tiempo. Cuando hablas con él, te escucha y responde con sensibilidad?.

Esa combinación de respeto y afecto que inspira Ramos se ve en ese rostro tan particular que tiene, en aquel contraste entre la luz cálida de sus ojos y la mandíbula de granito. Marcos Álvarez, que conoce a Ramos (con la posible excepción de su esposa) mejor que nadie, está de acuerdo en que la cara retrata al entrenador. ?Una de las principales virtudes de Juande?, dice, ?es darle confianza al jugador, darle incluso amistad, pero estando siempre al margen del grupo?. Y siempre, como señala Woodgate, obedeciendo el principio de fair play. ?Ante todo, sabes que puedes confiar en él. Que lo que dice es lo que piensa, sin rodeos. Es un hombre justo?.

Woodgate, un hombre muy simpático, comenta que Ramos está mejorando su inglés cada día, pero que de vez en cuando necesita su ayuda para comunicarse con el equipo. ?Él me habla en español y me pide que traduzca sus instrucciones a los jugadores. A mí esto me encanta. No jugué mucho en el Madrid, pero una cosa que me llevé de ahí, además de que me trataron fenomenalmente bien, fue dominar un poco el español?.

RAMOS NO DEJA DE HABLAR de lo bien que lo han tratado en su nuevo club, la infinidad de facilidades que le han dado para que pueda concentrarse al cien por cien en su trabajo. Pero adaptarse al estilo de vida inglés le ha costado. Y también a su mujer, que es ?buena combinación, evidentemente? psicóloga. ?Es la primera vez que vivimos fuera de España y quizá lo primero que nos chocó, al llegar en noviembre, fue la oscuridad. A las 4.30 ya se iba el sol y ?otra enorme diferencia con Sevilla? entonces todos a sus casas. Las calles vacías?. Claro, Ramos no vive en el centro de Londres. Su casa está en las afueras de Londres, en un plácido barrio ?mitad campo? residencial. Pero lo que es verdad es que el invierno en Inglaterra se vive como un largo túnel oscuro que hay que atravesar antes de la llegada de la primavera. De ahora en adelante, lo que le sorprenderá, quizá, será lo largos que son los días. Donde no hay sorpresas es en la comida. Sus jugadores se han visto sometidos a la misma dieta mediterránea, con abundancia de aceite de oliva, que él procura seguir consumiendo en su hogar inglés. Y de lo que no se ha privado el manchego es de la afición que une a todos los españoles, sean vascos, catalanes, andaluces o gallegos. ?Nos hemos encargado?, dice, con un atisbo de sonrisa, ?de que nos llegue con regularidad a casa un buen jamón?.

Echa de menos a su familia y a sus amigos, y reconoce que la adaptación social no ha sido fácil, pero lo que lo compensa todo para Ramos es la historia de amor que está viviendo con el fútbol inglés, que él define como ?menos especulativo, menos táctico, más generoso y espontáneo? que el español. La historia empezó, me cuenta, en el año 1966, la primera y última vez que Inglaterra ganó un Mundial. ?Ése fue uno de mis primeros recuerdos como chaval, y uno que me quedó especialmente grabado?, dice Ramos, que en esa época tenía 11 años. ?En esos años, el Manchester United tenía también un equipo fantástico con tres sensacionales jugadores en George Best, Denis Law y Bobby Charlton. Charlton fue el primer ídolo que tuve. Era un impecable caballero en el campo y fuera de él, y fue la gran referencia tanto de la selección inglesa como del Manchester. Él fue, más que nadie, el que me metió en la sangre el fútbol inglés?.

Conseguí dar con Charlton, que hoy tiene 70 años, en una librería del centro de Londres a la que había acudido a un evento relacionado con su reciente autobiografía. Resulta que la admiración es mutua. ?Me encanta oír que Ramos es un amante del fútbol inglés?, me dijo el ahora sir Bobby. ?Debe de ser una de las razones por las que le está yendo tan bien. Los Spurs han mejorado enormemente desde su llegada. Admiré mucho el trabajo que hizo en el Sevilla, y por eso no me sorprende, por otro lado, que los Spurs jueguen tan bien bajo su mando. Fue terrible ver cómo un gran club como éste estaba sufriendo al fondo de la tabla, pero ahora es otra cosa. Ha enseñado a sus jugadores no sólo a que jueguen con más potencia y efectividad, y que corran más, sino también a que se vean a sí mismos como ganadores?.

Woodgate, que ha vivido una especie de resurrección personal con Ramos (marcó en la final de la Carling contra el Chelsea), concurre con Charlton en que esa habilidad que ha tenido el español para transmitir a los jugadores un espíritu ganador ha sido su gran aportación. ?Y por eso, aunque siempre echaré de menos al Madrid, espero poder acabar mi carrera en el Tottenham. Con Ramos realmente creo que podemos romper el dominio de los ?cuatro grandes? de la Premier?.

Acabar lo que algunos en Inglaterra llaman el ?cuadropolio? del Manchester United, el Arsenal, el Chelsea y el Liverpool es, precisamente, el objetivo estratégico de Ramos. ?Competir de igual a igual con esos cuatro: sí, ése es mi sueño. Pero es más que un sueño. Confío en que es un objetivo que vamos a conquistar?.

LA AFICIÓN TAMBIÉN CONFÍA. Daniel Wynne, el presidente de la Tottenham Hotspur Supporters? Trust, una especie de gran peña nacional afiliada al club, tiene 37 años y está abonado en White Hart Lane desde los cinco. Dice no haber sentido nunca un ambiente tan optimista en el club. ?Aparte de la llegada de Woodgate, Ramos tiene los mismos jugadores que cuando llegó y ha hecho maravillas con ellos. Se los ve más rápidos, más hambrientos, más seguros. Jamás nos imaginamos que cambiaría las cosas de manera tan dramática en tan poco tiempo?. Wynne tiene un programa de radio con el club y entrevista a muchos aficionados. ?Tienen una fe ciega en Ramos. No sólo porque realmente creen que estamos a punto de irrumpir en el dominio de los cuatro grandes, sino también porque Ramos juega un fútbol bonito, de ataque. Lo cual demuestra que ha entendido la cultura y el espíritu de nuestro club, que consiste en ganar, pero con espectáculo?. Wynne recuerda que en las paredes de White Hart Lane hay citas de grandes veteranos del pasado, como el jugador-filósofo Danny Blanchflower del mejor Tottenham de todos los tiempos, el de principios de los años sesenta. La cita más famosa de Blanchflower, conocida de memoria por todos los aficionados serios del club, es: ?La gran falacia es creer que en este deporte ganar es todo. Nada que ver. Lo importante es la gloria. Lo importante es hacer las cosas con estilo, con extravagancia?.

LO QUE HACE EL NADA extravagante Ramos es adentrarse en sí mismo, pensar de manera obsesiva, hasta el autismo casi, para dar con la fórmula que le permita ganar y lograr aquel ideal platónico de Blanchflower. Se pierde tanto en sí mismo que, como contaba su otro ayudante, el uruguayo y ex jugador zaragocista Gus Poyet, entra en una especie de trance. ?De repente la afición empieza a cantar: ?Juande, Juande give us a wave? (?Juande, Juande, danos un saludo?), y él no se entera. Siguen cantando y cantando, y no reacciona. Hasta que al final le doy una sacudida y le digo: ?Oye, saluda a esa gente que te están llamando?. Y él como que despierta y dice ?¡Joder!? y sale apurado a saludar a la afición?.

Ese cariz austero de la meseta española que Ramos define esconde lo que el mejor escritor deportivo de Inglaterra llama ?la modernidad? del manchego. ?El Tottenham había sido un equipo de poca monta: algo de circo, pero ineficaz?, me comentó Paul Hayward, del Daily Mail. ?No estaban al corriente del fútbol rápido, potente, dinámico con el balón ?pero sin él también? en el que consiste el fútbol moderno. Ramos detectó el problema y ha logrado una extraordinaria transformación. Verlos en la final de la Carling Cup contra el Chelsea fue ver a un equipo con intensidad total, con energía inagotable. Hoy sí tienen un equipo moderno, ¡y con la misma materia prima que cuando Ramos llegó!?.

Hayward está convencido de que si a Ramos le apoya el club, especialmente con el dinero necesario para fichar bien en el verano, romperán el famoso cuadropolio. James Lawton, veterano periodista del Independent, opina lo mismo. ?Era un equipo lleno de grandes egos ?grandes pero frágiles??, dijo Lawton. ?Los futbolistas son la gente más insegura del mundo. Ramos es un líder con autoridad, y es esta cualidad, unida a una clara visión de cómo debe jugar el equipo, la que ha sido la causa de esta asombrosa transformación que hemos visto?.

Lawton, que ha escrito sobre fútbol durante más de 40 años en más de 40 países, dijo alegrarse de que Ramos haya contribuido a alterar la percepción que siempre han tenido los ingleses de los españoles. ?España tiene una gran y muy seria cultura futbolística, y Ramos es la mejor expresión de ella. Hace su trabajo con una gran seriedad. Se ha ganado un gran respeto de manera automática, como hombre y como entrenador?.

DEL MISMO MODO que la casi totalidad de los jugadores españoles que se han mudado a la Premier en los últimos tres años se lo han ganado. ?Tardó en llegar la invasión española a nuestro fútbol, pero siempre había pensado que tendría más impacto aquí que la italiana?, dijo Hayward. ?El fútbol inglés siempre había tenido mucho dinamismo, pero poca técnica. El fútbol español siempre ha tenido ambas cosas. Lo que hemos visto, por tanto, es que una vez que los jugadores españoles se han adaptado a la cultura aquí, encajan en nuestro juego de maravilla. Fernando Torres es el ejemplo perfecto. Los defensas ingleses creían que con un par de buenas patadas lo mandarían corriendo de vuelta a España. La realidad es que no ha dejado de marcar goles y ha demostrado un feeling por nuestro estilo de fútbol extraordinario?.

?La verdad?, explica Ramos, con característica economía, ?es que los jugadores buenos se adaptan a cualquier fútbol; todo lo bueno en el fútbol cunde?. Todo lo bueno, también, se está empezando a dirigir hacia la Premier League, lo que Ramos cree que debería considerarse motivo de alarma para los grandes clubes españoles. ?Hay una clara tendencia a que la liga inglesa se convierta no sólo en la más rica en términos económicos, que ya lo es con diferencia, pero también que se consolide como la más fuerte. Ya hemos visto que cuatro equipos ingleses se clasificaron para los cuartos de final de la Liga de Campeones. Y que esos cuatro pueden competir con cualquiera para comprar a los mejores jugadores del mundo. En España sólo hay dos que lo pueden hacer. Pero incluso aquí puede haber un problema, ya que se ve que los grandes jugadores quieren jugar en esta liga. Se puede crear un escalón importante de diferencia entre la liga inglesa y las demás ligas europeas?.

MARCOS ÁLVAREZ piensa algo muy parecido. Convencido de que la liga inglesa es, hoy por hoy, donde un profesional del fútbol descubrirá su máximo desafío, dice que sabe de varios jugadores de primer nivel en España que están contemplando la idea de jugar en Inglaterra. ?Se oye más y más: los mejores jugadores españoles dicen que quieren vivir por lo menos una etapa de su carrera profesional en Inglaterra. Lo que les atrae es lo que nos atrae a mí y a Juande: el calor de la afición; la manera tan intensa y generosa en que se vive el fútbol aquí?.

Calor y generosidad no son palabras que típicamente se oigan decir a un español sobre los ingleses. Pero se repitieron en las conversaciones con Ramos y Álvarez. Si alguna vez el manchego y el canario sevillano compartieron los típicos y ancestrales prejuicios españoles sobre los ingleses ?que son tiesos, reservados, fríos?, ya no lo hacen. Da la impresión de que si los dos pudieran, se quedarían a vivir una larga etapa de sus vidas en Inglaterra. ?Tengo cuatro años de contrato?, dice Ramos. ?En el fútbol nunca se sabe, pero quisiera cumplirlos, y quizá muchos más. Estamos muy contentos en este país?.

Y el país con ellos. La lección de la feliz y triunfante invasión española en tierras inglesas está clara: no hay necesidad siquiera de hablar; con el fútbol se entiende la gente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de mayo de 2008