Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Don de lenguas

La UE se plantea introducir un tercer idioma en la enseñanza. Aquí, la prioridad es el inglés

La Unión Europea es un lugar complejo, con 27 miembros y 23 lenguas oficiales. Pero Europa es inevitablemente multilingüe. Se han impuesto unas lenguas de trabajo, con el inglés a la cabeza, pero los idiomas oficiales de cada Estado tienen que seguir siendo válidos en los textos jurídicos y en los debates políticos, pues la democracia exige que uno se pueda expresar en su propia lengua. Los fondos destinados a traducciones e interpretación en la UE están bien gastados.

Éste es un punto de partida del informe redactado por el escritor libanés Amin Maalouf para la Comisión Europea que basará sobre él una propuesta en septiembre en materia de lenguas. La conclusión es que debe introducirse una tercera lengua europea, junto a la vernácula y el inglés, en las escuelas. Vendría a ser una "lengua adoptiva" de cada cual. Parece aconsejable, pero conlleva algunos problemas, entre otros que exija a todos los alumnos un auténtico don de lenguas. En algunas comunidades autónomas con lengua propia, los escolares tendrían que aprender cuatro idiomas. Sin embargo, en países pequeños con lenguas propias, como los nórdicos, este plurilingüismo en la enseñanza es una realidad con éxito desde hace años.

Dado el retraso acumulado, la prioridad absoluta en España debe ser, y así lo han entendido los principales partidos en sus programas, empujar el aprendizaje del inglés. No sólo porque se haya convertido en la lingua franca o de trabajo de la UE, sino porque lo es de la globalización. De hecho, el inglés progresó en las instituciones comunitarias, no a partir del ingreso del Reino Unido y de Irlanda en 1973, sino de la ampliación a Austria, Finlandia y Suecia en los años noventa y la más reciente a la otrora Europa del Este.

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El español queda en mala posición en esta Europa, pese a ser la tercera lengua del mundo. Relativamente pocos lo hablan en la UE, y su dominio está más en América Latina, y también en Estados Unidos con el avance de los latinos. La política de enseñanza del español a través del Instituto Cervantes debería reforzarse y concentrarse aún más en la Unión Europea actual, donde sólo lo aprenden 3,5 millones de los 14 millones que lo estudian como lengua extranjera en el mundo. La posición de otros idiomas co-oficiales, como el catalán, el euskera y el gallego ha quedado en entredicho, pese a que en algún caso lo hablan poblaciones más extensas que las de Estados independientes como los bálticos o la diminuta Malta. Es una cuestión aún pendiente de resolver de modo satisfactorio.

La diversidad lingüística de esta UE no es una rémora, sino una riqueza. El informe de Maalouf y otros expertos así lo ha entendido. Requerirá un mayor esfuerzo de las autoridades públicas, de los alumnos y de los enseñantes. Ahora, hay que impulsar el multilingüismo en las escuelas en lo que puede ser un programa europeo prometedor. Pero en España, lo urgente es el inglés.

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