Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La primera patata transgénica fractura a la Unión Europea

España apoya frente a Alemania la primera planta modificada desde 1998

El desacuerdo fue tal que los ministros de Agricultura de los Veintisiete reunidos ayer en Bruselas decidieron no votar la aprobación de la patata modificada genéticamente. Así, la aprobación siguió adelante, sin votos, para no escenificar el desencuentro. La caliente patata transgénica queda ahora en manos de Comisión Europea, que hace un año ya dio luz verde y que ahora tiene tres meses para decidir. España apoya su venta, mientras que Alemania, Austria, Letonia y Dinamarca se oponen e impiden el pacto. Los ministros de la UE también retrasaron la aprobación de cuatro variedades de maíz transgénico por la misma razón.

El tubérculo da un almidón robusto para utilizarse en la industria

"Lo lógico es que Bruselas apruebe la venta", según el Gobierno español

El tubérculo, propiedad de la multinacional alemana Basf, está diseñada para que su almidón sea más resistente y se pueda utilizar mejor en la industria. Los ingenieros de Basf llevan años trabajando en la patata Amflora (nombre técnico EH92-527-1).

"Se trata de una patata a la que se le inactiva el gen que sintetiza la amilosa. Así que el almidón que se extrae de la patata es mucho más robusto", explicó ayer Mette Johansson, portavoz del gigante alemán (52.600 millones de euros de ventas en 2006 y 95.000 empleados). Esa amilosa supone normalmente el 25% del almidón. El resto es otro compuesto, llamado amilopectina, mucho más útil para fabricar pasta de papel o para utilizar las fibras del almidón en la industria textil. Este almidón de patata tiene cada vez más uso como sustituto del plástico, por ejemplo. En el procedimiento convencional, las máquinas extraen y lavan la amilosa. La patata transgénica ahorra este procedimiento.

El sistema es novedoso y supone un salto adelante en la comercialización de transgénicos. En 1998, la UE dio luz verde al maíz transgénico contra la plaga del taladro (un insecto) y desde entonces sólo ha aprobado variedades comerciales de maíz.

Basf ha pedido la aprobación de Amflora como alimento para el ganado. "No es que la patata se vaya a usar para consumo humano, sino para uso industrial, pero creemos que la pulpa resultante tras extraer el almidón se puede utilizar para alimentar el ganado", añade Johannson.

En febrero de 2006, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria concluyó que Amflora "no supone un riesgo mayor para los humanos, animales y el medio ambiente que las patatas convencionales". La Agencia Española ya han dado el visto bueno a este transgénico.

Josep Puxeu, secretario general de Agricultura, explicó ayer desde Bruselas que España apoya la comercialización para consumo del ganado de las variedades planteadas: "Sabíamos que no habría acuerdo porque Alemania y Austria se oponen por razones de consumo interno y porque ellos no importan piensos, no como nosotros". Puxeu confió en que "en los próximos tres meses la Comisión apruebe las cinco variedades porque ya les dio el visto bueno en 2007". En el mismo sentido se manifestó la multinacional Basf.

Para vetar o aprobar un transgénico se necesita una mayoría cualificada (más del 70% de los votos) y la UE está profundamente dividida en esta materia. Mientras Francia asegura que el maíz transgénico supone un riesgo inaceptable, en España se cultiva en la cuenca del Ebro.

Normalmente, los transgénicos tienen problemas de aprobación porque pueden polinizar variedades convencionales y causar fenómenos de contaminación cruzada. Pero en la patata, que no se reproduce por semillas sino por clonación, no se puede dar esta contaminación, como destaca la multinacional.

La principal pega de los ecologistas es que los ingenieros han introducido a la patata también un gen para darle resistencia al antibiótico kanamicina. Juan Felipe Carrasco, de la organización ecologista Greenpeace, sostiene que el visto bueno de la agencia de seguridad alimentaria es "un cambio de postura inaceptable". "En 2004 dijo que no aprobaría transgénicos con resistencia a antibióticos y ahora un grupo de 20 científicos que trabajan a tiempo parcial ponen en riesgo la salud de millones de europeos", agrega.

Puxeu discrepa y destaca que "siete ministerios en España y la Agencia de Seguridad Alimentaria han dado el visto bueno a estas variedades". E insiste: "Somos muy cuidadosos en la plantación de transgénicos para evitar contaminaciones, pero no hay mayor problema en el consumo para ganado". El Ministerio de Agricultura resalta que España importa 10 millones de toneladas de grano (más que China) y que no puede oponerse a la tecnología.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de febrero de 2008