Reportaje:

Llegan los árboles transgénicos

El auge de los biocombustibles reactiva la investigación

Tras muchos años de letargo, el previsible auge de los biocombustibles ha contribuido a reavivar los intentos de obtener y comercializar árboles forestales transgénicos. Se trata, sobre todo, de cambiar la composición de la madera, con el fin de que resulte más fácil y barato utilizar los árboles como fuente de energía o de pasta de papel, pero no se excluye intentar conseguir árboles que crezcan más deprisa o que sean resistentes a las plagas. Uno de los objetivos principales es reducir la cantidad de lignina, un compuesto químico que dificulta la conversión de la celulosa del árbol en biocombustibles como el etanol, o en papel.

En Europa se han realizado en los últimos años varios experimentos de campo con distintas especies. En Bélgica se comprobó en chopos que si se reduce la lignina parte de la biomasa se traslada a la celulosa, con lo que el trabajo de la madera es más fácil y el rendimiento es mayor. También se ha trabajado con pino, eucalipto y abedul. En España se trabaja en plantas forrajeras, como la alfalfa y el maíz, para hacerlas más digestibles, explica Pere Puigdomenech, especialista en genética vegetal.

Un objetivo es conseguir ejemplares bajos en lignina
La madera es fácil de trabajar para extraer etanol o pasta de papel

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El único gran experimento de campo con árboles bajos en lignina, realizado a lo largo de cuatro años en el Reino Unido y Francia, muestra que parecen crecer con normalidad y que no son vulnerables a los insectos, de acuerdo con un artículo publicado por los investigadores en Nature Biotechnology en 2002.

En Estados Unidos, el sector ha tenido recientemente una gran inyección de fondos del Ministerio de Energía. Vincent L. Chiang, de la Universidad de Carolina del Norte en Raleigh, ha desarrollado árboles transgénicos hasta con la mitad de lignina que los naturales. Los ecologistas opinan que dicho trabajo puede ser arriesgado, porque la lignina proporciona a los árboles rigidez estructural y resistencia a las plagas, y algunos científicos están de acuerdo. "Si pudieran sobrevivir, la naturaleza habría seleccionado árboles con menos lignina", afirma Shawn Mansfield, de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá.

El etanol se fabrica principalmente con el almidón de las mazorcas de maíz. Para aumentar la oferta de etanol, los científicos pretenden usar celulosa, un componente de las paredes celulares de las plantas. Pero la celulosa está cubierta de lignina, lo cual dificulta la llegada de las enzimas a la celulosa para descomponerla en azúcares simples que puedan convertirse en etanol.

Los científicos ya conocen el proceso para la creación de lignina y pueden obtener árboles bajos en este compuesto mediante el bloqueo de uno de los pasos. Una forma de hacerlo es silenciar el gen que gobierna la producción de una enzima necesaria para la formación de lignina.

En Estados Unidos sólo se conoce una empresa que está estudiando seriamente la ingeniería genética de los árboles forestales. La empresa, ArborGen, es pequeña pero tiene grandes avalistas, al ser propiedad conjunta de tres empresas de productos forestales: International Paper, MeadWestvaco y la neozelandesa Rubicon. ArborGen está desarrollando un eucalipto bajo en lignina que espera vender en Suramérica. "En los próximos cinco o diez años, veremos árboles transgénicos en el mercado", asegura Maud Hinchee, jefe de tecnología de ArborGen.

La única aprobación conocida de un árbol forestal genéticamente modificado procede de China, donde se están plantando grandes cantidades de álamos resistentes a los insectos.

A pesar de esta reanimación de la investigación y desarrollo en el sector, no está claro que la modificación genética sea la vía que tenga éxito para mejorar los árboles forestales, en opinión de Puigdomenech: "Los árboles son organismos muy naturales, tocar una vía metabólica implica tocar muchas cosas, va a costar mucho. Hay otras posibilidades, como obtener mutantes de la especie natural". Y hay otra dificultad. El polen de los árboles es muy ligero, viaja a gran distancia, por lo que las consecuencias medioambientales son muy difíciles de prever y será complicado cumplir la regulación que se establezca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de febrero de 2008.

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