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Reportaje:

La pesadilla literaria de Putin

El escritor Vladímir Sorokin desafía al nuevo zar con su novela 'El día del oprichnik'

La literatura rusa del último cuarto del siglo XX es impensable sin Vladímir Sorokin (1955). Escritor innovador y polémico, sus primeras obras no podían publicarse en la URSS, por lo que vieron la luz en Francia y Alemania. Sólo años más tarde, en 1989, en plena perestroika de Mijaíl Gorbachov, comenzaron a aparecer sus obras en Rusia. Ahora acaba de aparecer en España su última novela, El día del oprichnik (Alfaguara).

La grasa azul (1999) provocó un auténtico escándalo. El movimiento juvenil pro-Putin Nashi destruyó sus libros frente al teatro Bolshói echándolos a un improvisado retrete e instigó un proceso en contra de Sorokin por divulgar pornografía.

Sorokin recibió a EL PAÍS en su casa de Vnúkovo, en las afueras de Moscú. Preguntado sobre el sentido de El día del oprichnik (los oprichniks eran los sanguinarios guardias personales de Iván el Terrible), comenta: "Creo que has escrito un zagovór, un conjuro', me dijo un amigo. El zagovór es un ritual mágico durante el cual se conjura la enfermedad o la muerte, ahuyentándola. La verdad es que no pensé en ello cuando la escribí, pero la idea me gustó y creo que, en esencia, se trata de un conjuro. Quería plasmar una idea que ahora está en la mente de muchos rusos. Se trata de la idea de aislar Rusia, de que se puede levantar una gran muralla y separarse de ese Occidente que sólo le ha traído el mal. Gran parte del equipo de Putin es partidario de esta idea".

Sorokin cree que Putin puede poner en marcha una "limpieza cultural"

En su libro, Sorokin utiliza el pasado histórico, pero para hacer proyección de futuro: "Si se levanta una nueva cortina de hierro, a diferencia de la época estalinista, Rusia se hundirá en su pasado, es decir, en el siglo XVI, cuando de hecho fue creado el Estado ruso por Iván el Terrible. Si en la época de Stalin la Rusia soviética tenía una nueva forma gracias a la idea comunista y nuevos símbolos, ahora no hay ninguna idea nueva. Sólo existe la idea de aislamiento y, si se realiza, nos veremos en la Edad Media, no sólo ideológicamente, por la manera de pensar, sino también estilísticamente".

Cristiano ortodoxo convencido y confeso, el novelista no evita criticar a la jerarquía eclesiástica de su país: "Hace tiempo, los jerarcas ortodoxos excomulgaron a Tolstói, hicieron una gran tontería. Hay demasiados imbéciles en todas partes, y la Iglesia no es una excepción", asegura.

Sorokin se muestra tristemente convencido de que "Rusia está retornando a la Edad Media, y que lo que vivimos ahora no es una fascistización sino una feudalización. Vamos hacia una Rusia feudal donde las autoridades se convierten nuevamente en algo absoluto, incomprensible para el pueblo y que no toma en cuenta para nada al pueblo".

"El equipo ahora en el poder", añade, "está muy inquieto, se comporta con mucho nerviosismo y a veces cae en la paranoia. Si nos fijamos en los rostros de Putin y Medvédev

[el elegido por el primero para sucederle en el Kremlin], yo diría que transmiten intranquilidad, preocupación".

El grupo Nashi (Los Nuestros) ve en él la mismísima reencarnación del diablo. Sus miembros destruyeron sus libros públicamente, frente al teatro Bolshói. Él recuerda así aquel aciago día de fascismo cultural: "El asunto me impresionó fuertemente, pero El día del oprichnik no se refiere exactamente a Los Nuestros. Los Nuestros no son exactamente oprichniks, son los hermanos menores de los oprichniks. Es como el komsomol y el PCUS, El grupo Nashi son los komsomoles de hoy. En 2002, cuando ocurrió el conflicto, el poder todavía no era tan descarado e insolente como ahora. Hacía pruebas, y decidió probar qué pasaría si atacaba a los escritores. La causa criminal que incoaron contra mí duró un año, pero al final fue cerrada por orden desde arriba. Porque al poder no le convenía condenarme. Era el año en que Rusia sería invitada de honor a la Feria del Libro de Francfort y no hubiera sido prudente para ellos".

¿Quiere eso decir que hoy sí sería condenado? "Me contaron que entonces las autoridades tenían la intención de realizar un juicio ejemplar y condenarme a dos años condicionales para crear un precedente. Todavía no se han ocupado de los escritores, pero nadie sabe qué sucederá. Por ahora se ocupan de periodistas y otras categorías, como políticos indeseables".

La experiencia personal de Vladímir Sorokin se acerca a lo infernal, ya que tuvo que luchar por igual contra la opresión soviética que frente al nuevo zar Putin. "Mis obras son una reacción a la sociedad en que vivimos, con pocas excepciones. Yo comencé con cuentos que, en esencia, eran antisoviéticos, pero mi última novela es ante todo una obra literaria; no se trata de un panfleto o de una sátira pura y simple; eso no me interesa".

En su opinión, la literatura de la época de Putin se distingue de la anterior en lo siguiente: "En la época de Putin se escriben muchas antiutopías. Si tomamos a Víktor Pelevin, Olga Slávnikova, Dmitri Bíkov y otros autores, escriben sobre lo que sucederá, sobre el futuro. El género de la antiutopía se ha manifestado con fuerza en tiempos de Putin. No es por casualidad. Es una reacción al presente".

Sorokin no sabe si Putin se atreverá con los escritores, pero avisa: "El poder es impredecible y nadie sabe qué necesitará mañana. Puede que comience una campaña, por ejemplo, de limpieza de la cultura. Ya hay un proyecto presidencial. Putin se reunió con los jóvenes escritores y los instó a escribir cosas positivas. Pero entonces hay que hacer algo con las negativas. Aquí en Rusia no puede haber en la tienda cosas positivas y cosas negativas al mismo tiempo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de enero de 2008