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Reportaje:

Laura Raya, morir por adelgazar

La familia de la joven que falleció en una operación de reducción de estómago denuncia mala praxis

"Ella siempre me había dicho que quería adelgazar. Yo no estaba de acuerdo, porque me gustaba tal como era". David, de 19 años, era el novio de Laura Raya, la joven que hace una semana murió tras someterse a una operación de reducción de estómago en una clínica de Barcelona. "Quería verse guapa y la gordura era su complejo. Cuando entraba en una tienda, quería comprarse ropa ajustada como sus amigas", explica uno de sus hermanos, Óscar. Los familiares de Laura se muestran indignados por la mala praxis con la que, a su juicio, actuaron los profesionales médicos que la atendieron. Reunidos en un bar de Palau de Plegamans (Vallès Occidental), explican su versión de los hechos.

"No padecía enfermedades ni tenía problemas para respirar o moverse. Hacía una vida normal y siempre estaba alegre. Sonreía a todo el mundo; era un pedazo de pan", cuenta Óscar. Desde hacía una semana, la chica trabajaba en una cadena de montaje de la casa de motos Yamaha. Para su hermano, es una prueba de "la agilidad y la buena salud" de la que gozaba Laura, que pesaba 105 kilos y medía 158 centímetros.

"Ella sólo quería verse guapa y la gordura era su complejo"

La familia asegura que los médicos no advirtieron a la joven del riesgo

"Queremos que no se repita un caso así", afirma su hermano Alberto

La joven decidió acudir a la sanidad privada sin pasar antes por la pública ya que, con toda seguridad, no habría sido admitida en las listas de espera. Los hospitales públicos exigen requisitos severos antes de admitir a un paciente para una clase de intervención que, según los expertos, es "de alto riesgo". Por ejemplo, que la persona sufra alguna enfermedad asociada a la obesidad mórbida (diabetes, dolencias cardiovasculares) o que haya intentado previamente seguir otros tratamientos. Dos supuestos que, en el caso de Laura, no se cumplían. "Ella disfrutaba comiendo. Había intentado seguir dietas, pero sufría mucho", prosigue el hermano.

Sin la necesidad de resolver un problema de salud inminente, Laura llamó a las puertas de Policlínica Londres por una cuestión de estética. La familia sostiene que, al contrario de lo que ha trascendido, sí estaba al corriente de las intenciones de la joven. Y desmiente que ésta pretendiera llevarlo en secreto. Más aún: pese a la oposición inicial por el temor a la intervención quirúrgica, la familia finalmente la apoyó. "Yo siempre me negaba. Pero una vez me dijo llorando que quería hacerlo", dice David.

Contra la versión ofrecida por la Policlínica Londres, la familia asegura que los responsables del centro "en ningún momento" rechazaron hacer la intervención. Todo lo contrario. "La animaron a seguir adelante. Se ganaron su confianza diciéndole que la operación de banda gástrica no ofrecía ningún riesgo", explica una de sus primas. La familia asegura que las visitas preliminares, las entrevistas con el psicólogo y hasta las radiografías se realizaron a través de la clínica. "Es falso que Laura eligiera al cirujano de una lista que le ofrecieron. Fue la clínica la que le dio el nombre, la fecha y el lugar para hacer la operación. ¿Cómo va a elegir mi hermana un médico?", se pregunta Óscar Raya.

Lo que más indigna a la familia es el trato recibido de los profesionales médicos, a los que atribuyen "irresponsabilidad" y "negligencia". Les culpan de la muerte de Laura. "El psicólogo le dijo a mi hermana, literalmente, que si se operaba se querría más ella misma, y que la querrían más los demás", dice Óscar. David también atribuye otra frase sorprendente a Vicente Dolç -el cirujano procedente de Valencia que operó a la chica- en una entrevista: : "Nosotros no somos Dios, pero jugamos a ser Dios".

La operación, el pasado viernes, debía durar "unos veinte minutos". Pero hubo complicaciones graves. Durante el tratamiento con laparoscopia, se le perforó la arteria cava y la joven sufrió una hemorragia. La familia cree que esa actuación fue negligente. "Por la tarde nos dijeron que había un problema y que tenían que trasladarla a otro hospital", dice David. El traslado nunca se produjo. Y un segundo cirujano que debía detener la pérdida de sangre tardó demasiado en llegar.

La información sobre lo que sucedía con Laura fue, explican los familiares, escasa y confusa. "Casi tuvimos que intuir que se estaba muriendo", explica su prima. Tampoco entienden por qué el médico forense se negó a practicarle la autopsia, a pesar de que la exigieron en la denuncia que presentaron ante el juzgado.

Alberto, otro de los hermanos de la joven, pide justicia: "Esta sociedad vende cuerpos perfectos. Mi hermana ha sido un poco víctima de eso. Queremos que esto no se repita". Al conocer la noticia, el novio sufrió un desmayo y fue llevado a una habitación. "Me dieron un zumo de naranja caducado desde hacía dos meses", asegura con lágrimas en los ojos. Está destrozado. La pareja estaba buscando piso y ahora él está en una nube: "Se han llevado a lo que yo más quería y no sé por qué".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de enero de 2008