Crítica:CARLOS REYGADAS, visto por Jaime Rosales | Heterodoxos de la imagenCrítica
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Vigoroso, original y profundo

Carlos Reygadas es, junto a Lucrecia Martel, el cineasta más interesante de América Latina. Además, al igual que la argentina, va a ser uno de los cineastas que desempeñará un papel importante en el devenir del cine de este siglo. Su cine es personal, vigoroso, original y profundo. Las imágenes de sus películas nos acercan a la realidad moral, espiritual y sociológica de su México natal. Del campo a la ciudad y de la ciudad al campo. Todos sus largometrajes contienen sexo, amor, violencia, calma, belleza y ternura. Con tan sólo tres filmes, Reygadas ha conseguido definir un estilo propio; un estilo que combina el rigor con la imaginación, lo austero con lo barroco. Reygadas me recuerda a ratos a Bresson y a ratos a Tarkovski; a ratos a Rossellini y a ratos a Welles. Y todo siendo auténtico y único; nada que ver con un mero collage o una burda imitación. Cuando uno ve un plano de Reygadas lo reconoce inmediatamente.

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Carlos Reygadas no es sólo un gran cineasta, es un hombre de una gran generosidad, muy infrecuente entre hombres de talento. Carlos sigue ayudando a muchos cineastas jóvenes a arrancar sus carreras. Ha producido sus primeras películas a Amat Escalante, a Pedro Aguilera... Disfrutar de sus obras, de sus consejos y de sus ideas sobre el cine del futuro, es para mí un gran privilegio.

Carlos Reygadas (México DF, 1971) logró con su debut, Japón (2001), la mención especial de la Cámara de Oro de Cannes. Después llegaron Batalla en el cielo (2005) y Luz silenciosa (2007), ganadora del último festival de Huelva.

Jaime Rosales (Barcelona, 1970) ganó el Premio de la Crítica de la Quincena de Realizadores de Cannes con Las horas del día (2003) y es candidato a dos goyas con La soledad (2007).

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 25 de diciembre de 2007.

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