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Entrevista:JAVIER BARDEM | Actor

"Ante los dramas humanos no hay más remedio que actuar"

Es uno de los actores más importantes del mundo y está a las puertas de un Oscar por su trabajo en la última película de los hermanos Coen, No es país para viejos, pero aquí Javier Bardem (Las Palmas, hace 37 años) habla sobre todo de su experiencia de apoyo a Médicos sin Fronteras, que dio origen a Invisibles, su primera película como productor.

En Invisibles (que EL PAÍS regala el lunes 31 de diciembre) intervinieron como directores Wim Wenders, Fernando León de Aranoa, Isabel Coixet, Javier Corcuera y Mariano Barroso.

Pregunta. ¿Cómo nació la pulsión de apoyar una causa solidaria?

"Tenemos una membrana muy curiosa y muy gruesa frente al dolor"

"Creo en los trabajadores, que también pueden ser creativos"

"Me gustaría hacer de Ricardo III. Pero para eso habrá que aprender"

Respuesta. Durante años he sido socio de Médicos sin Fronteras. Me llevaron a Etiopía y les vi trabajar. Volví con mucha fe en las personas que conocí. Regresé con esta convicción: ante los dramas de la gente no queda más remedio que actuar. Y esa gente está allí haciendo el trabajo de Dios en su ausencia...

P. ¿Qué le enseñó esta experiencia?

R. Me enseñó la escasez de la naturaleza humana. Les dije que quería agradecerles que me llevaran a Etiopía haciendo algo que les fuera útil. Médicos sin Fronteras es una ONG que pone mucho hincapié en conflictos y enfermedades a los que nadie presta atención. De los conflictos y enfermedades de que trata Invisibles sólo se habló en las televisiones, a nivel mundial, un total de siete minutos durante 2006... Tenemos una membrana muy curiosa y muy gruesa frente al dolor. Convivimos con él y para despertar nuestra curiosidad debe de suceder una catástrofe... Cuando seleccionamos los conflictos hablé con los directores y todos dijeron que sí enseguida. Reunimos un equipo de producción, que es el que acompaña a Fernando León, nos ayudaron Canon, TVE, y se hizo. Como una superproducción.

P. Una experiencia así acelera la adrenalina del compromiso, la de despertar la conciencia de la gente.

R. La gente tiene que tener su propia conciencia. España es uno de los países del mundo más solidarios a nivel humanitario. Pero hay una ansiedad que nos impide ver realmente cuáles son los elementos en los que debe centrarse nuestro compromiso humano con los otros.

P. ¿Cómo fue su implicación en los rodajes?

R. Lamentablemente, me perdí rodajes, mientras se produjo la película estuve rodando dos... Recuerdo que hablaba con el equipo de producción desde el set de El amor en los tiempos del cólera, caracterizado de anciano hablando de los problemas que surgían en los rodajes en África...

P. ¿Qué le preocupa a usted?

R. Por nombrar una preocupación inmediata que nos afecta a todos, el calentamiento global. Soy un tipo que usa ordenadores, que se deja el grifo abierto... ¿Qué hago yo en contra del calentamiento global? Si como colectivo somos incapaces de tomar unas medidas, ¿qué humanidad vamos a tener, cuál va a ser el porvenir de África?

P. Ese compromiso al que usted apela contradice el glamour con el que se asocia la palabra artista...

R. Es que yo tengo un problema con la palabra artista. Creo en los trabajadores, que también pueden ser creativos. El actor es un portavoz. No es un líder. Lo que ha cambiado es el mundo mediático, que ha sobreexpuesto la idea de que los actores son divinos, están rodeados de una frivolidad que no deja ver ni el sacrificio ni la pasión que estos trabajadores ponen para hacer su oficio. Hay que estar al nivel de la calle para hacer tu trabajo, si no serían imposibles Los lunes al sol o Mar adentro...

P. Hemos hablado de hacer el bien, de la solidaridad, y su última película, la de los Coen, es sobre el mal...

R. Y me costó meterme ahí. En ese papel. Siempre fue un sueño para mí poder trabajar con los Coen. Representan paisajes o ciudades profundamente americanas, y parecía que no habría espacio para extranjeros. Recibí el guión. Me lo pensé mucho, me leí bien la novela y creo que entendí la filosofía que hay detrás del personaje, los Coen me dijeron que eso era lo que ellos querían que yo transmitiera.

P. ¿Y qué hace usted ahí para que el papel le convierta en candidato a un Oscar?

R. Creo que es un ejemplo claro de que los trabajos creativos dependen muchísimo de la gente con la que trabajas, y tú dependes en ese contexto de una gracia que puedes llamar divina o azarosa y que toca a unos proyectos y a otros no. Este proyecto está tocado por un talento, que pertenece a los hermanos Coen. Ruedan muy bien; luego editan estupendamente ese material y crean un terror que no traje yo, lo crean ellos. Es su mérito.

P. Debe haber mucha fuerza interior en un actor que pasa de hacer el mal a hacer una novela de amor, El amor en los tiempos del cólera.

R. Eso es lo grande y lo maravilloso de hacer lo que te gusta. Eso es lo bonito. Pasar de los Coen a la otra película fue porque tenía necesidad de estirar los músculos, los instrumentos. Voy a ver qué pasa con ir de un extremo a otro. De ser un icono de la violencia a ser un icono del amor. Acabé agotado pero lo he hecho y ha sido placentero.

P. ¿Hay algún personaje que le ronde ahora, como ideal para usted?

R. Ricardo III, un personaje de una gran belleza. Sobre la virtud del alma y sobre lo que ennegrece el alma. Hermosísimo. Pero para eso habrá que aprender.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de diciembre de 2007