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Editorial:

Efectos del cambio

Las graves consecuencias que para España perfila el cambio climático aún tienen remedio

El informe de un grupo de expertos sobre cambio climático, entregado hace dos días al presidente del Gobierno, ofrece datos muy alarmantes sobre las consecuencias previsibles de la creciente emisión de gases de efecto invernadero, con especial mención a nuestro país. Más allá de la cuantificación de los efectos catastróficos, que es la parte principal del informe y, sin embargo, lo más impredecible, parece fuera de duda que la actividad humana, en particular la que tiene que ver con el consumo de energía fósil, está alterando la composición de la atmósfera y que ello tendrá repercusiones climáticas potencialmente graves.

Algunos de los efectos de dicha alteración son ya inevitables y exigirán medidas para poner algún remedio, pero otros podrán ser evitados si hay un cambio en el ritmo y la intensidad de las emisiones. En consecuencia, uno de los factores en juego es la política energética que habremos de seguir. Desde luego, la labor de concienciación en el ahorro energético es esencial, aunque, como demuestra el despilfarro de electricidad en las fiestas navideñas, no es fácil que sea asumido ni siquiera por las autoridades.

Pero urgen otras iniciativas, incluidas las que afectan a la política de precios de la energía, comprensiblemente impopular, y más teniendo en cuenta los cuantiosos beneficios publicitados por las empresas del sector y la insostenible situación actual de diferir los costes eléctricos a los futuros consumidores. Los precios de la energía son un instrumento, no el único, disuasorio del despilfarro, como demuestra la correlación de los precios y el consumo de las gasolinas en EE UU y Europa. Otro factor importante es el de la diversificación energética.

El fomento de las energías renovables es una pieza esencial y hay que decir que nuestro país es hoy uno de los más avanzados del mundo, tanto por las medidas públicas de apoyo como por la cantidad de energía, particularmente electricidad, de origen renovable que producimos, junto con el liderazgo internacional de muchas de nuestras empresas. Pero probablemente no basta y, si queremos ser menos dependientes de los combustibles fósiles, resultará ineludible plantearse el debate sobre la energía nuclear como opción de futuro, a la vista de las condiciones de seguridad hoy disponibles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de noviembre de 2007