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Reportaje:

La poesía en imágenes de Vilariño

El Nacional de Fotografía premia la visión de la naturaleza del artista gallego

A Manuel Vilariño (A Coruña, 1952) no le interesa captar el "instante decisivo", máxima que formuló el patriarca del fotoperiodismo, Henri Cartier-Bresson. Su obra, por el contrario, es "el tiempo suspendido", resultado de los días, semanas o meses que ha empleado en documentar sus proyectos. Así, desde hace tres décadas, el artista viene haciendo poesía de su fotografía y fotografía de su poesía.

Una obra que el Ministerio de Cultura ha reconocido con el Premio Nacional de Fotografía 2007 por una trayectoria que reflexiona sobre la vida, los ciclos vitales y el sentido del tiempo a través de su apasionada observación de la naturaleza", según se recoge en una nota difundida ayer. "Sus obras, que poseen una gran calidad técnica -en sus composiciones, en sus efectos-, muestran un intenso sentido poético y filosófico", añade el comunicado sobre la concesión del premio, dotado con 30.000 euros.

Una visión poética que se gestó durante la infancia de Vilariño, "en el silencio astral de las sierras gallegas", donde vivían sus abuelos. Luego vino una formación universitaria inconclusa que lo llevó de las ciencias -fue estudiante de bioquímica- a la poesía, al cine, a la filosofía. "He sido muy autodidacta", aseguraba ayer el artista, que este año fue seleccionado para habitar el pabellón español de la Bienal de Venecia -se clausura hoy- junto con el cineasta José Luis Guerín, Rubén Ramos y el dúo de artistas conceptuales Los Torreznos.

Allí expuso su Paraíso fragmentado, un friso de 15 naturalezas muertas, a modo de ofrenda brahmánica, con animales del paraíso en lechos de especias. Es la "metamorfosis de la materia", dice de una obra que evidencia la influencia de la filosofía oriental en su trabajo.

También mostró la Tabla bwa, un homenaje a África y un guiño a Bergman, "la gran partida ante la muerte que se juega en el gran damero". La literatura invade el discurso de Vilariño, que recurre a María Zambrano, a Rilke o a Scott Fitzgerald para describir su emoción artística. Pero también a la música de los silencios de John Cage.

Vilariño adoptó enseguida la fotografía como medio de expresión porque encajaba con su búsqueda de una "mirada interior". Además, porque, como con la poesía, "podía trabajar en ella con pocos elementos".

Confiesa que le fascinan las nuevas tecnologías, pero sigue usando cámaras analógicas de gran formato. Con ellas trabaja en su casa-taller, a 25 kilómetros de A Coruña, en su último proyecto: bodegones fotografiados en el breve tiempo que dura la aurora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de noviembre de 2007