Reportaje:

Cuba, en la encrucijada

La sociedad reclama cambios profundos cuanto antes

Cuba está viviendo un momento político crucial. Los debates realizados recientemente en barrios, centros de trabajo y células de bases del Partido Comunista (PC) han demostrado que la sociedad cubana reclama cambios profundos, y cuanto antes mejor. En voz cada vez más alta, académicos e intelectuales, también militantes comunistas, advierten que el futuro del país se decide ahora. "O nos orientamos pronto al arreglo profundo de nuestro socialismo, no a un simple retoque de mascarilla, o nos iremos al desastre", asegura el historiador Pedro Campos.

Como muchos cubanos preocupados por el futuro de su país, Campos aplaudió el discurso de Raúl Castro el 26 de julio, en el que el presidente interino anunció cambios "estructurales y de concepto" para reactivar la economía y revitalizar el socialismo. La discusión posterior de sus palabras, alentada por las autoridades, motivó un debate nacional en el que han participado cientos de miles de personas.

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"Se hizo un cuestionamiento total a la forma en que actualmente están funcionando y se encuentran estructuradas la economía y la sociedad cubanas, basadas en la excesiva centralización y el estatismo, solicitando dejar atrás las ideas del socialismo de Estado que nos han llevado al actual sistema burocrático de dirección (...). No verlo así es cerrar los ojos a la realidad", asegura Campos.

De las asambleas salió un inventario de problemas y calamidades, pero fue mucho más que una simple catarsis. "Se identificaron las causas de los problemas, que son estructurales, del modelo, no coyunturales; y se propusieron soluciones, que necesariamente pasan por una reforma sistémica, no se resuelve con parches", dice un economista, que lamenta el silencio de la prensa oficial sobre el debate.

Aunque ni una palabra ha sido publicada en Granma, son conocidas las demandas de la gente: liberalización de la iniciativa privada en los sectores no estratégicos; eliminación de la doble moneda; entrega de las tierras ociosas a campesinos y cooperativistas, y reformas para incentivar la producción agrícola; participación real de la gente en la toma de decisiones políticas; fin de las prohibiciones anticonstitucionales, como las que impiden a los cubanos acceder a los hoteles, entrar y salir libremente de su país o decidir sobre su propiedad individual.

Cientos de opiniones y propuestas fueron recogidas, y ahora el PC realizará un informe que debería servir de base al Gobierno para las reformas que vaya a emprender.

"De lo que se haga ahora, de la nueva lógica que se le dé a la sociedad cubana, dependerá el país en que vivamos", opina el escritor Leonardo Padura. Según él, "hay peligros que siempre están presentes; unos vienen de EE UU; otros, de las fuerzas estáticas que existen dentro de Cuba, de no mover absolutamente nada; otros de tratar de cambiarlo todo". A su juicio, "es lógico que haya cautela, pero es más lógico todavía que se produzcan los cambios".

Los debates, señala Campos, demostraron la existencia de dos "fuerzas" opuestas: la de la mayoría de la población, a favor de las reformas y en la línea de avanzar en los cambios propuestos por Raúl; y la de los "partidarios del anquilosamiento", que por inercia o defensa de sus "nichos de poder" pueden llevar al país al desastre. "Comandante, estoy apurado; el pueblo de Cuba está apurado y necesita los cambios ya", dice un cubano anónimo al comentar el último artículo del académico publicado en una revista digital.

Un defensor de la revolución admite que "los ritmos son importantes, pues las urgencias son grandes y el cansancio de la gente también". Los menos escépticos aseguran que las autoridades son conscientes del momento histórico que se vive, saben que ahora se decide si se sientan las bases de un país moderno o si se hipoteca el futuro. Sin embargo, Campos y otros intelectuales creen que medidas para endurecer el embargo como las anunciadas ayer por EE UU hacen que el Gobierno se ponga a la defensiva con toda razón, lo que refuerza a los más ortodoxos. Ante la magnitud del reto, crece la angustia. "Tengo días en que me levanto muy pesimista, almuerzo muy pesimista y me acuesto por la noche pesimista", asegura Padura; "hay otros días en que me obligo a ser optimista, sobre todo porque creo que la gente en Cuba merece un futuro mejor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de octubre de 2007.

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