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Reportaje:55º Festival de Cine de San Sebastián

Desdichas de dos mexicanos en Nueva York, y un pedante danés

Wayne Wang, Maribel Verdú y Hana Makhmalbaf, entre los favoritos

Con las proyecciones de Padre Nuestro, del estadounidense Christopher Zalla, y Daisy Diamond, del danés Simon Staho, finalizaron las películas que han participado en la sección oficial del festival. Hoy se proyectará, fuera de concurso, y tras la entrega de los premios, Flawless, del británico Michael Radford. Es tiempo, pues, de balance y vaticinios.

Padre Nuestro, primera obra de su realizador, llegó con el aura del Gran Premio del Jurado del festival de Sundance (EE UU) de este mismo año. Relata los primeros días en la ciudad de Nueva York de dos jóvenes mexicanos sin papeles, uno de ellos en busca de un padre al que no ha visto y sobre el que ha construido una imagen idílica, y el otro, un pícaro que no tiene ningún reparo en robarle las escasas pertenencias a su compañero de desdichas y hacerse pasar por él. Son dos personajes con vocación de supervivientes en todo tipo de junglas urbanas.

Hoy se hará público el palmarés del jurado internacional que preside Paul Auster

De Zalla sabemos que a los 18 años hablaba tres idiomas, había estudiado en 13 colegios, habitado en 21 casas y vivido en tres continentes, es decir, que no es de extrañar su interés por los que se sienten extranjeros en todas partes ni de que los sin tierra consideren a Nueva York como su capital mundial. Cámara en mano, escenarios naturales de un Brooklyn inhóspito, diálogos y escenas de gran dureza. Queda poco sitio para la ternura o la lírica. Real como la vida misma y un galardón de Sundance absolutamente justificado.

El danés Simon Staho, que ya había concurrido al festival con su Bang Bang Orangutang (2005), presenta este año Daisy Diamond, las vicisitudes de una joven madre que quiere ser actriz en Copenhague, empeño frustrado por la atención constante que exige la criatura, sin duda el bebé más perseverante en sus lloros que jamás haya fotografiado el cine.

El problema de Staho es, sobre todo, extracinematográfico: a sus 35 años sigue pensando que es un enfant terrible dispuesto a sorprender a los espectadores, a la industria y a todo lo que se mueve. Es cierto que el cine no tiene por qué evitar los experimentos, el vanguardismo y lo que apetezca. También lo es que no es obligatorio intentar provocar lo establecido con disquisiciones teóricas de solapa. Ya con su Bang Bang..., nuestro rebelde danés afirmaba que "a los cineastas les han lavado el cerebro. Ya no se quiere ofender a nadie" a la vez que se mostraba convencido de que el cine "es para la vista y las entrañas, no para la cabeza". A Staho le pierde la petulancia y una sobrevalorada autoestima.

Finalizada la sección oficial, llega el acostumbrado y personal momento de las quinielas sobre los premios que hoy hará público el jurado internacional que preside Paul Auster: Wayne Wang y su A thounsand years of good prayers (Mil años de oraciones) debería llevarse la Concha de Oro a la mejor película. La iraní Hana Makhmalbaf y su Buda explotó por vergüenza podría conseguir el de mejor dirección o el especial de Jurado (premio opcional). Maribel Verdú, el de mejor actriz por Siete mesas de billar francés. Viggo Mortensen (Promesas del Este) o Armando Hernández (Padre Nuestro), mejor actor. Gracia Querejeta y David Planell, mejor guión por Siete mesas..., compartido con Iciar Bollaín y Tatiana Rodríguez por Mataharis, y Dick Pope, mejor fotografía por Honeydripper. Un palmarés inútil y elaborado más con la memoria que con las entrañas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2007