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La ofensiva terrorista

ETA reaparece con un coche bomba contra el cuartel de la Guardia Civil de Durango

Una furgoneta cargada con cien kilos de explosivo hiere a dos guardias civiles y causa graves daños materiales

Bilbao / Durango
Tras cuatro intentos fallidos desde que dio por acabada oficialmente la tregua, ETA perpetró ayer un atentado con una furgoneta bomba contra el cuartel de la Guardia Civil de Durango. El estallido fue amortiguado por los coches blindados aparcados junto a la instalación, lo que evitó mayores daños entre las diez familias (con cinco niños) que moran en el cuartel junto a los agentes solteros. El coche utilizado para la fuga fue alquilado en mayo en Portugal, lo que confirma la infiltración de ETA en ese país. La formación radical ANV, con cuatro concejales en Durango, se negó a condenar el atentado, ocurrido mientras el presidente francés, Nicolas Sarkozy, hacía en Bayona una declaración de fuerza frente a ETA.

ETA consumó ayer la ruptura de la tregua que dio oficialmente por cancelada el 5 de junio. Tras 70 días y cuatro intentos frustrados por las fuerzas de seguridad, al menos dos terroristas consiguieron hacer estallar a las tres y media de la madrugada una furgoneta cargada con explosivos (entre 80 y 100 kilos) contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Durango (Vizcaya). El estallido causó heridas leves a dos agentes y produjo cuantiosos daños materiales en los edificios del instituto armado y otros inmuebles próximos. En el cuartel viven 10 familias, con cinco niños en total. De no haber parado la onda expansiva los coches blindados aparcados en ese punto, el enorme estallido podría haber provocado víctimas mortales.

Tras salir huyendo, uno de los dos terroristas regresó al vehículo. Había olvidado algo

ETA consumó ayer la ruptura de la tregua que dio oficialmente por cancelada el 5 de junio. Tras 70 días y cuatro intentos frustrados por las fuerzas de seguridad, al menos dos terroristas consiguieron hacer estallar a las tres y media de la madrugada una furgoneta cargada con explosivos (entre 80 y 100 kilos) contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Durango (Vizcaya). El estallido causó heridas leves a dos agentes y produjo cuantiosos daños materiales en los edificios del instituto armado y otros inmuebles próximos. En el cuartel viven 10 familias, con cinco niños en total. De no haber parado la onda expansiva los coches blindados aparcados en ese punto, el enorme estallido podría haber provocado víctimas mortales.

Al menos dos encapuchados llegaban en sendos vehículos procedentes de Elorrio hacia las 3.30 a las inmediaciones de la casa cuartel, entre las calles de Montorreta y Urkiaga Torre. Los agentes que controlaban las cámaras de seguridad (que grabaron el atentado íntegramente) vieron llegar los coches y avisaron a dos compañeros que patrullaban el perímetro.

El primero de los terroristas, al volante de una furgoneta Citroën C-15, maniobró para orientar la parte posterior del vehículo hacia la entrada trasera de la casa cuartel, junto a unos Nissan Patrol blindados del instituto armado. Su intención era dirigir la onda expansiva hacia el edificio. De inmediato, el encapuchado bajó de la furgoneta, salió a la carrera y montó en un Seat Ibiza con matrícula portuguesa que conducía otro individuo. Ambos se dieron a la fuga, aunque, antes de perderse en la noche, uno de ellos regresó unos instantes a la furgoneta, posiblemente porque había olvidado alguna prenda o, incluso, activar la carga por el miedo y la precipitación.

Apenas un minuto después estallaba la carga, entre 80 y 100 kilos de un explosivo de media potencia, que los investigadores sospechan que puede ser amonal reforzado con pentrita. El estallido afectó a los dos agentes que se acercaban para ver qué ocurría. Se trata de Francisco Escolá Peijes, de 30 años, que sufrió cortes por impactos en la espalda, un muslo y el cuello, y José Carlos Espetón Quesada, de 37, con cortes en una mano derecha. Ambos fueron conducidos al Hospital de Galdakao, donde, tras ser curados de sus heridas leves, recibieron el alta a media mañana y volvieron al cuartel.

La explosión, cuyos efectos amortiguaron los Nissan blindados del instituto armado aparcados ante el edificio y el muro que allí se levanta, afectó a 16 de las 30 viviendas de la casa cuartel, muy dañadas o inhabilitadas. Diez coches oficiales y 12 particulares sufrieron graves daños. Éste es el décimo atentado que sufren el cuartel o las patrullas de la Guardia Civil de Durango desde 1978. La onda expansiva causó destrozos en edificios y negocios situados a 300 metros. El más afectado fue un inmueble en el que residen 60 familias, frente a la casa cuartel, cuyas ventanas y puertas quedaron destrozadas. Más de 300 personas han sufrido daños en sus posesiones.

Las fuerzas de seguridad analizan ahora cómo los etarras accionaron la carga, aunque creen que fue con un temporizador de muy corto recorrido. El agente que controlaba las cámaras de del cuartel activó un sistema de inhibición de ondas de radio, que evita los atentados en que se usa mando a distancia, nada más ver en uno de los monitores al encapuchado que descendía de la furgoneta. Fuentes de Interior, la Guardia Civil y la Ertzaintza afirman que se utilizó un temporizador con un lapso de dos minutos para salir pitando.

Los terroristas recorrieron en el Seat Ibiza los poco más de 11 kilómetros que separan Durango de Amorebieta y lo abandonaron en una zona de aparcamiento en la campa de Jaureguiberri de esta segunda población, donde estallaba en torno a las 4.30. Los dos etarras habían colocado en el turismo un artefacto incendiario para destruirlo y borrar huellas. Fueron vistos huyendo en dirección a Bilbao.

La furgoneta, a la que los miembros del comando pusieron matrículas falsas de San Sebastián, fue sustraída en la también localidad vizcaína de Mungia, posiblemente unas horas antes. Su propietario, residente en Gatika, la mantenía aparcada con un cartel anunciando su venta y en las últimas 48 horas no tenía constancia de su desaparición. Mientras, el Seat Ibiza, matrícula 15 BZ 35, fue alquilado en mayo en el Algarve (Portugal) y recogido en Oporto, un mes antes de que el 21 de junio fuera descubierto en Ayamonte (Huelva), en dirección hacia Portugal, otro coche alquilado en la capital lusa y que estaba cargado con 130 kilos de material explosivo.

El director general de la Policía y Guardia Civil, Joan Mesquida, suspendió sus vacaciones en Jaca (Huesca) para visitar en el hospital a los dos heridos y la casa cuartel junto al delegado del Gobierno en Euskadi, Paulino Luesma. Mesquida advirtió: "

El atentado podría haber sido una verdadera carnicería. Conocían el material, los mecanismos y las rutinas necesarias para perpetrar esta acción".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007