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El presidente Abbas ilegaliza la milicia de Hamás y ordena bloquear sus cuentas

El mandatario palestino comienza a gobernar por decreto con su nuevo Ejecutivo de emergencia

Ya funcionan dos Gobiernos en Palestina. El nuevo Ejecutivo de emergencia, cuyas decisiones en lo que respecta a Gaza pueden ser un brindis al sol, tomó posesión ayer en Ramala -Cisjordania- ante el presidente, Mahmud Abbas. Tiene dos metas: el levantamiento del bloqueo financiero internacional que pesa sobre la Autoridad Palestina y estrechar el cerco sobre sus rivales de Hamás. A golpe de decreto, sin apego a la legalidad, Abbas ordenó congelar las cuentas del Gabinete islamista que opera en Gaza y la ilegalización de la milicia y la policía creada por Hamás. "Sus miembros serán perseguidos y castigados", advirtió.

Pocos días antes de las elecciones legislativas de enero de 2006 -en las que Hamás dio un vuelco histórico a la vida política palestina con un arrollador triunfo-, el presidente Abbas llamaba por teléfono a dirigentes de países occidentales para anunciarles por anticipado la derrota de su partido, Al Fatah. EE UU había presionado firmemente a Israel para que admitiera la participación de los islamistas en los comicios. Calculaba Washington que el movimiento fundamentalista lograría un buen puñado de escaños, y que el estreno en la arena electoral acentuaría algunos síntomas de apaciguamiento que se observaban en Hamás. Las elecciones fueron modélicas, pero el resultado fue un fiasco para los intereses de EE UU, Israel y Al Fatah. Ahora se da marcha atrás. Mejor olvidar el experimento democrático.

El nuevo Ejecutivo encabezado por el primer ministro Salam Fayad, un economista que ya ejercía como ministro de Hacienda en el Gobierno de unidad con Hamás disuelto el jueves, contará con 12 carteras. Ayer juraron en Ramala sus cargos Fayad y los 11 ministros, algunos independientes, otros pertenecientes a Al Fatah y al Frente Popular para la Liberación de Palestina. Establecer el orden en las calles palestinas y lograr el levantamiento del embargo financiero sobre la Autoridad Palestina son sus objetivos inmediatos.

El nombramiento de Abdul Razaq al Yahia cómo ministro del Interior es una señal de por dónde van a ir los tiros. Este veterano dirigente de Al Fatah fue destituido por Yasir Arafat del mismo cargo por su rechazo frontal a la segunda Intifada, desatada en septiembre de 2000. Es previsible que no le temblará la mano en la represión de los milicianos de Hamás, muchos de los cuales se han cortado las barbas para evitar ser identificados o confundidos.

En Gaza, los dirigentes de Hamás arremetieron contra el Gabinete de Fayad. "El Movimiento de Resistencia Islámico considera ilegítimo este Gobierno. No lo reconoceremos y no trabajaremos con él", afirmó Ismail Raduan, portavoz de Hamás. El primer ministro, Ismail Haniya, añadió que el Ejecutivo de unidad, formado con Al Fatah hace tres meses, "es el que lleva a cabo sus cometidos de acuerdo con la ley". Haniya argumenta que el establecimiento de un Gobierno de emergencia y la prórroga de su mandato requieren la aprobación del Legislativo, dominado por Hamás. Según apuntan algunos expertos legales, Abbas aducirá que el Parlamento no puede constituirse por falta de quórum para justificar la permanencia del Ejecutivo de Fayad más allá de los plazos establecidos por la Ley Básica Palestina. Y es que 40 diputados de Hamás han sido encarcelados en el último año.

Sin tiempo que perder, el sábado por la noche, Abbas emitió un decreto presidencial por el que anula tres preceptos de la Ley Básica para permitir que el Gabinete de Fayad pueda gobernar más allá de los 30 días que la Constitución fija para esa eventualidad. El control del Parlamento ha saltado por los aires. En la mente de los dirigentes de Al Fatah está preparar el camino para nuevas elecciones. Cuentan para ello con el previsible alivio del bloqueo financiero impuesto por Israel, EE UU y la UE tras el triunfo de la organización fundamentalista en enero del año pasado, ahora que en el Gobierno de emergencia no figura ningún político de Hamás. Y para que sus contrincantes sufran la escasez de dinero, Abbas ordenó bloquear las cuentas del Gobierno de Haniya.

Si fue arriesgada la apuesta por la participación de Hamás en los comicios, el fiarlo todo a la capacidad del presidente Abbas para regenerar su partido y poder enfrentarse con garantías al movimiento islamista no es un envite carente de peligros. Al Fatah es una organización fragmentada en más de una decena de corrientes, con sus respectivos cabecillas al frente. Varios de ellos son enemigos declarados y algunos se oponen a los planes del presidente. Es muy llamativo el silencio de Maruan Barghuti, el carismático líder de la segunda Intifada encarcelado en Israel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de junio de 2007