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Reportaje:El conflicto de Oriente Próximo

Hamás pisa el freno en Gaza

Los islamistas aseguran que no habrá represalias contra los policías vinculados a Al Fatah

Decenas de dirigentes de Al Fatah y sus familias escaparon ayer de Gaza por el cruce fronterizo de Erez hacia Cisjordania, mientras algunos altercados -murieron dos milicianos de Al Fatah- alteraban la tensa calma impuesta por Hamás en el superpoblado territorio palestino. Parecían saqueos de gente necesitada más que acciones de milicianos islamistas. La residencia vacía de Yasir Arafat fue asaltada, y la terminal fronteriza de Erez, saqueada. Las personas abandonaban el lugar con piezas de chatarra.

Uno de los primeros objetivos del Gobierno de Hamás en Gaza: atajar la anarquía. Ahora no tiene la excusa de que los milicianos de Al Fatah se dedican al sabotaje permanente. Aunque el presidente Mahmud Abbas disolvió el jueves su Gobierno, el primer ministro islamista, Ismail Haniya, siguió en el ejercicio de sus funciones. Ayer anunció que queda prohibido que los hombres armados pululen enmascarados por las calles de Gaza y nombró a un nuevo comandante de los cuerpos policiales.

En la misma línea, dirigentes de Hamás aseguraron que las negociaciones para liberar al corresponsal de la BBC británica, Alan Johnston, marchan a muy buen ritmo y que podría ser liberado en breve después de más de tres meses de cautiverio.

Sería un tanto a su favor. Aunque, seguramente, sin ninguna trascendencia porque, haga lo que haga, el Ejecutivo de Haniya va a sufrir un boicoteo más duro todavía si cabe del que padece desde que triunfara en los comicios legislativos de enero de 2006.

De momento, el portavoz del Ministerio del Interior dirigido por Hamás, Jaled Abu Hilal (un militante de Al Fatah que permanece leal al Gobierno de Haniya), exigió ayer a todos los policías, sin importar su filiación política, que se reincorporen a sus puestos de trabajo. Contra los agentes de a pie, promete el ministerio, no habrá represalia alguna.

Todo son llamamientos a la tranquilidad después de las batallas. El portavoz de Hamás, Fauzi Barhum, se dirigió a quienes desean abandonar la franja una vez que los islamistas la controlan de norte a sur y de este a oeste. "No tienen nada que temer, nadie les va a dañar", afirmó.

Pero ya no se trata sólo de la guerra que libran ambos bandos. Todo el mundo es consciente en Gaza de que se avecinan tiempos duros y de que el acoso contra Hamás no va a detenerse. Los palestinos con medios económicos sólo piensan en salir de Gaza. No pueden hacerlo, de momento, porque el paso de Rafah, única vía de salida controlada por Israel, está clausurada desde hace una semana. En todo caso, su fuga sólo contribuirá a reforzar al movimiento fundamentalista en Gaza.

Después de una semana de cierre total de los cruces fronterizos con Israel y Egipto, comenzaba a apreciarse ayer en Gaza escasez de gasolina y harina. Mientras, los lugareños, que ven venir jornadas difíciles, se lanzaban a comprar en los mercados para almacenar alimentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de junio de 2007