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Reportaje:

"Vendo riñón, pido 10.000 dólares y no tengo vicios"

Agencias asiáticas y latinoamericanas se lucran con el comercio de órganos para trasplantes en Internet

Un occidental con dinero viaja a un país remoto para ponerse el riñón de un campesino sin recursos. En eso consiste el llamado turismo del trasplante, un fenómeno que se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de la Organización Mundial de la Salud. La disparidad de legislaciones a lo largo y ancho del mundo hace que en unos sitios sea legal y en otros no. "En cualquier caso, es inmoral", declara rotundo Rafael Matesanz, coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes de España. El turismo del trasplante se va desplazando por el mundo según los países van cambiando sus leyes. Lo reciben hospitales de Pakistán, China, Perú y Egipto, según señalan los expertos.

"Hola, vendo uno de mis riñones por necesidad, llevo una vida sana y tengo 18 años, soy de Chiclayo-Perú (...) mi hermana necesita una operación urgente (...), yo pido 10.000 dólares, no tengo vicios (...)". Encontrar anuncios como éste en Internet resulta sencillo. Detrás de ellos a menudo está un intermediario que se enriquece a costa de la desesperación ajena, una organización que fomenta el llamado turismo del trasplante, ése que empuja a un occidental que quiere saltarse las listas de espera a viajar con la chequera para ponerse el riñón de un campesino peruano o paquistaní. Un fenómeno que no cesa y que preocupa seriamente a la Organización Mundial de la Salud.

"Es una forma de esclavitud, cuerpo humano a cambio de dinero", dice Matesanz

El coste de un riñón en India va de 1.800 a 3.000 euros. El donante puede recibir 750.

De un lado está el occidental con dinero que quiere comprar entre 10 y 16 años de vida (esperanza de vida en los trasplantes renales). Del otro, la desesperación de una persona que cree encontrar en la venta de un órgano no vital como el riñón una salida de la miseria. En medio, el intermediario, el que realmente saca tajada en este turbio negocio.

"Es una forma de esclavitud, cuerpo humano a cambio de dinero", manifiesta sin cortapisas Rafael Matesanz, coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes. "Hay bases para criminalizar estas actividades", declara Luc Noel, coordinador de trasplantes de la OMS, organización que defiende que los órganos son un bien de la comunidad, no un objeto de negocio. El 10% de los trasplantes que se hacen en el mundo entran en la categoría de turismo del trasplante, una actividad que se mueve en medio de un vacío legal: la donación para trasplante no está legislada en unos países, y está escasamente controlada en otros.

Una supuesta Jenny Lee, de Singapur, aparece con sus gafas de sol en la web de uno de esos presuntos intermediarios. Cuenta cómo a sus 60 años está viviendo una "sana y vibrante" vida gracias al trasplante de riñón que se hizo en China. También anuncia que no hay que tener miedo de las noticias que han publicado los medios sobre muertes de pacientes extranjeros en operaciones de trasplante en ese país. Este periódico se puso en contacto con el supuesto marido de Jenny, Patrick, el hombre que responde al teléfono de contacto que ofrece la web.

La operación que ofrece, similar a muchas otras que proliferan en la red, cuesta 45.000 euros. Consiste en pasar por Singapur, hacerse unos chequeos previos y contactar con el intermediario, para luego volar juntos a China, donde se realiza la intervención (el hotel y esos chequeos previos no están incluidos en el precio). También se puede volar directo a China y contactar allí con el intermediario, pero entonces hay que desembolsar un 20% antes de viajar en clave de reserva de hospital. El órgano procede de un prisionero, asegura por teléfono el intermediario.

-¿Pero es eso legal?

-Legal o no legal, no tenemos que preocuparnos mientras estén dispuestos a darnos el órgano. Tiene usted que tener confianza, puede hacerlo. ¿Quiere o no quiere resolver su problema?

Ya en 1994, asociaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional denunciaron que en China, los órganos de los condenados a muerte eran extraídos de inmediato para nutrir un mercado con mucha demanda y escasa oferta. Un informe del Consejo Europeo, del año 2004, señala que un par de córneas procedentes de chinos ejecutados cuesta en el mercado negro 3.500 euros. En Bombay, 1.200. El coste de un riñón en India oscila entre 1.800 y 3.000. El donante sólo recibe entre 750 y 1.200 euros.

El coordinador de procedimientos clínicos de la OMS, Luc Noel, asegura que las autoridades chinas "están frenando" esta situación, pero que "siempre hay gente que intenta aprovecharse hasta el último momento". Según los países van mejorando sus leyes para combatir este fenómeno, éste se desplaza en busca de lugares más permisivos. "La meca del turismo de trasplante está ahora en Pakistán", afirma Rafael Matesanz. El sábado 26 de mayo se produjo una redada de las autoridades paquistaníes en un hospital de la localidad de Lahore. Seis personas fueron detenidas. Este periódico pudo comprobar esta semana cómo un hospital paquistaní de esa localidad, que también se anuncia en la Red, garantizaba por teléfono la obtención de un órgano para una operación de trasplante de riñón. "Hay pueblos enteros de la India con personas con un solo riñón", cuenta Matesanz.

La insuficiencia renal crónica causa un millón de muertos al año en el mundo, según la Organización Nacional de Trasplantes. Hay 1.600.000 personas en diálisis. Pero sólo se realizan 67.000 trasplantes de riñón al año. La desproporción entre oferta y demanda de riñones ofrece el marco perfecto para la comercialización de los órganos.

Matesanz afirma que recurrir a ello es inmoral. Y advierte de los riesgos al comprador occidental: "El donador altruista descubre su salud. Si ha tenido cualquier enfermedad, lo declara. Al que vende un órgano, le da igual no declarar que ha tenido una infección".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de junio de 2007