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La policía de Argelia blinda la capital para evitar más atentados de Al Qaeda

Las fuerzas de seguridad multiplican los controles en las calles y en los centros oficiales

Pese a la lluvia recién caída, los vaivenes de la excavadora que recoge escombros levantaban ayer pequeñas nubes de polvo entre los cascotes de un ala del palacio de Gobierno de Argel, sede de la presidencia del Ejecutivo y del Ministerio del Interior. En diferentes turnos, obreros y bomberos trabajan las 24 horas para retirar el amasijo de hormigón y metales retorcidos que quedó a la vista tras la explosión, el pasado miércoles, de un coche bomba conducido por un terrorista suicida. Mientras unos despejan el terreno para poder reconstruir, otros incrementan la vigilancia para blindar Argel.

El presidente no ha comparecido ante la opinión pública desde los atentados

En los accesos por carretera a la capital argelina o en los alrededores de los grandes hoteles, la presencia policial y los controles son más visibles y aparatosos. Los cuerpos policiales cumplen así las instrucciones dadas el jueves por la noche, tras la celebración de una reunión, encabezada por el presidente Abdelaziz Buteflika, para adoptar nuevas medidas para impedir nuevos ataques de Al Qaeda en la ciudad.

Argel fue duramente golpeada el miércoles por la explosión de sendos coches bomba ante la presidencia del Gobierno y en una comisaría cercana al aeropuerto, en los que se registraron 33 muertos y 57 heridos que han requerido hospitalización, mientras que otros 150 fueron dados de alta tras recibir las primeras curas. Los atentados han sido reivindicados por la rama de Al Qaeda en el Magreb cuya columna vertebral son los miembros argelinos del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate.

En paralelo a los obreros que tratan de reparar los daños, celosos funcionarios han retirado documentos y ordenadores de numerosos despachos del palacio de Gobierno, incluido el del primer ministro, Abdelaziz Beljadem, que hasta dentro de varios meses no podrá volver a trabajar en ese edificio, situado en un complejo administrativo construido durante el periodo de colonización francesa.

"Hay despachos inaccesibles", señala Ahmed, un bombero que formaba parte del turno vespertino. "Entrar en ellos es demasiado arriesgado", prosigue, "hasta que estén concluidos los trabajos de consolidación del ala del edificio". En los boquetes abiertos por el estallido en un flanco del inmueble han sido apilados ladrillos mezclados con hormigón para evitar su derrumbe.

La zona más dañada es la más cercana al aparcamiento, pero todo el complejo está afectado por la onda expansiva y sólo media docena de ventanales del octavo piso parecen mantener sus cristales intactos. "Hasta que se pueda volver a utilizar van a pasar meses", comentaba otro bombero.

La reconstrucción de la comisaría de Bab Ezzuar, un barrio situado a menos de un kilómetro del aeropuerto donde estalló el otro vehículo atiborrado de explosivos, no parece ser tan prioritaria como el palacio de Gobierno. Su fachada no deja lugar a dudas sobre la magnitud del atentado, pero no hay albañil que la repare. Tres vehículos policiales custodian el edificio en ruinas. Justo detrás, un cuartel de la Gendarmería también sufrió daños, aunque menores.

Ayer, viernes, equivalente al domingo en Argelia, se circulaba con facilidad por Argel y se podía detener brevemente el coche en una plaza céntrica para ver cómo un imán dedicaba su sermón a propugnar, desde una pantalla gigante, "la paz y la reconciliación". Era el mensaje sugerido por el Ministerio del Interior a los clérigos para los rezos del día festivo musulmán.

Hoy, primer día de la semana laboral, el tráfico ya de por sí caótico empeorará a causa de los controles policiales. El incremento de su presencia forma parte de las medidas antiterroristas adoptadas el jueves, sólo parcialmente desveladas por el ministro del Interior, Nuredin Yazid Zerhuni. Para intentar calmar a la población aseguró incluso que "la situación de seguridad es correcta" en la capital.

"Llevan tanto tiempo diciendo cosas parecidas con solemnidad que no les creemos", explicaba un frutero del barrio de Bab el Oued que acaba de reabrir su comercio después de la oración. Como ya ocurrió el miércoles, es probable que se vuelvan a propagar rumores sobre la colocación de coches bomba en tal o cual lugar, retrotrayendo a la población a la pesadilla que vivió hace una década: la guerra civil larvada se saldó con cerca de 200.000 muertos.

"Y parte de esos asesinos, que causaron nuestra mayor desgracia, han sido liberados en 2006", añade indignado el tendero en una alusión a la política de reconciliación nacional puesta en marcha por el presidente Buteflika. Consistió en otorgar un generoso perdón a cambio de la renuncia a la violencia.

Otro motivo de preocupación, que desata aún más rumores, es la ausencia del presidente Buteflika, que el jueves encabezó la reunión de seguridad, pero del que no se han visto imágenes ni se le han escuchado declaraciones desde los atentados. A finales de 2005, Buteflika fue operado en París de una úlcera gástrica con carácter urgente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de abril de 2007