La otra cara de la fiesta

Los petardos causan secuelas muy graves a 30 menores de 12 años en un lustro

Las lesiones más habituales son la amputación de manos y dedos y las quemaduras severas

La pólvora no es cosa de niños. La decisión del Gobierno de elevar hasta los 12 años la edad mínima para comprar y utilizar material pirotécnico, en cumplimiento de la normativa europea, ha levantado una fuerte polémica a un mes para que den comienzo las Fallas. El Ayuntamiento de Valencia y los partidos de la oposición han reclamado una moratoria para la aplicación del reglamento. De entrar en vigor y cumplirse, sin embargo, se acabaría con amputaciones, quemaduras severas y consecuentes secuelas psicológicas como las que sufrieron 30 niños de menos de 12 años entre 2001 y 2005.

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La cifra se refiere sólo a aquellos pacientes que, debido a su gravedad, precisaron ser ingresados, indican fuentes hospitalarias. Una decisión que, según los médicos del área de quemados, sólo se decide en un porcentaje que oscila entre el 10% y el 15% de los pacientes. Los profesionales consideran por ello que el número real de niños pequeños atendidos en las puertas de urgencias de los hospitales valencianos ronda los 300. A ellos habría que sumar a todos los que son tratados en centros de salud.

Casi todos los niños de menos de 12 años ingresados sufrieron la amputación de dedos y de manos, quemaduras severas en diversas partes del cuerpo, sobre todo en el rostro, y otras lesiones como el vaciamiento de ojos. El suplicio de los niños no acaba ahí. Los chavales suelen arrastrar desde ese momento importantes secuelas psicológicas, señalan los médicos.

La mayoría de los casos se produjeron en el marco de las fiestas populares, y alcanzaron su pico durante las Fallas. Las comisiones falleras han sido precisamente uno de los actores que más resistencia han manifestado hacia la nueva normativa.

Las fuentes consultadas han constatado un descenso importante en el número de casos que se producen. Hace 30 años, señalan, las urgencias causadas por material pirotécnico que llegaban al Hospital Universitario La Fe una noche de Fallas llegaban a las 130. Y en los últimos años han descendido hasta las 40.

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El Gobierno tomó la decisión de reformar el Reglamento de Explosivos la semana pasada. Y eligió para ello la fórmula del decreto del Ministerio de la Presidencia, que fue publicado en el Boletín Oficial del Estado el sábado 3 de febrero y entró en vigor al día siguiente. El viernes día 2, un niño de cuatro años y un chaval de 14 habían resultado gravemente heridos mientras tiraban petardos en Jaén.

La reforma del reglamento resultaba obligatoria para el Gobierno, una vez aprobada la directiva de la Unión Europea sobre la cuestión, que fue apoyada en el Parlamento Europeo por los diputados socialistas y populares españoles. Para trasladarla a la normativa interna, sin embargo, el Ejecutivo disponía de un plazo de dos años y medio.

El reglamento mantiene los tres grandes grupos que dividían los materiales pirotécnicos en función de su carga. La venta de los más potentes, los del tipo 3, ya se encontraba muy restringida y no ha sufrido variaciones. Los otros dos engloban desde los más inofensivos hasta los masclets. Los cambios implican la prohibición de la compra y la venta de los petardos de tipo 1 a los menores de 12 años (antes era a los menores de ocho), con la excepción de los pistones de las pistolas de juguete. Y el incremento de 14 a 16 años del mínimo de edad para adquirir y tirar los del tipo 2.

El Ejecutivo, en línea con la UE, desconfiaba también del comercio de petardos por unidades -debido a las condiciones de almacenaje-, que ahora deben venderse por envases; y de los antiguos sistemas de etiquetaje, que ahora deben contener una información más prolija.

Los establecimientos autorizados para la venta deben cumplir estrictas medidas de seguridad. Entre ellas, contar con una cámara seca para su almacenaje que disponga de una puerta ignífuga. Fuentes conocedoras del sector, sin embargo, aseguran que las exigencias se incumplen a menudo. Las multas alcanzan fácilmente los 6.000 euros, pero en periodos como las Fallas, a los establecimientos les sale rentable pagarlas con tal de vender.

Dos niños con <i>trons de bac </i><b>participan en una </b><i>despertà</i><b> en el barrio de Velluters de Valencia, en una foto de archivo.</b>
Dos niños con <i>trons de bac </i><b>participan en una </b><i>despertà</i><b> en el barrio de Velluters de Valencia, en una foto de archivo.</b>SANTIAGO CARREGUÍ

Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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