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Crisis energética en Europa

La UE advierte a Rusia que el corte de los oleoductos destruye la confianza mutua

Merkel y Barroso consideran "inaceptable" que Moscú no les haya consultado la medida

La UE endureció ayer sus críticas a Rusia por permitir el corte del suministro de petróleo a varios países "sin consultar". La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, calificaron ayer de "inaceptable" el corte de suministro, que afecta a cinco Estados miembros y que, según Merkel, "destruye la confianza" mutua. El desafío energético fue uno de los asuntos dominantes de la reunión entre los representantes del Gobierno alemán y del Ejecutivo comunitario, que hoy presentará un ambicioso plan para reducir la dependencia energética.

La crisis entre Rusia y Bielorrusia, desatada el pasado lunes por el desacuerdo en el precio de tránsito del petróleo por este último país, ha causado seria preocupación en la UE al afectar a Alemania, Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa. El corte supone un grave problema para el abastecimiento de estos países, que deben recurrir a sus reservas estratégicas. Por el oleoducto Druzhba, cerrado ahora por las autoridades rusas, fluye el 12,5% del petróleo que consume la Unión Europea.

La canciller de Alemania, que desde el pasado enero ostenta la presidencia de la Unión Europea y del G-8, grupo de los países industrializados, insistió en que la reducción de la dependencia energética exterior se ha convertido "más que nunca en una prioridad". Merkel reconoció que "durante las últimas décadas Rusia se ha comportado como un socio estratégico fiable", cumpliendo sus compromisos incluso en los años de la guerra fría. Pero dejó bien claro que la decisión de Moscú, que visitará el próximo día 21, "sin consultas, ni diálogo, destruye la confianza de los europeos con Rusia". Para la dirigente alemana, "lo mínimo que debe hacerse cuando hay dificultades es iniciar consultas".

Merkel manifestó su voluntad de hablar con las dos partes y confiaba en alcanzar un acuerdo esta misma semana. Expresó también su convicción de que las negociaciones con Rusia para renovar el Acuerdo Comercial y de Cooperación, que no han podido iniciarse por el veto de Polonia, empezarían durante su presidencia.

Fin de los monopolios

Barroso, que hoy presentará el ambicioso paquete de medidas que, con el pomposo nombre de "nueva revolución industrial", definirán el marco de la política europea de la energía, precisó que el incidente del corte de petróleo "debería ser un estímulo para acordar una voz común sobre la energía". Ni Barroso ni Merkel quisieron dar ninguna pista sobre una de las propuestas más polémicas del paquete energético, que propugna la división de las grandes empresas de gas y electricidad para acabar con su posición de monopolio que dificulta el abaratamiento de los precios. Se trata de separar la propiedad de las actividades de transporte de las de generación y comercialización, para facilitar la entrada de nuevos competidores en condiciones de igualdad. Esta iniciativa, promovida por los comisarios Neelie Kroes (Competencia) y Andris Piebalgs (Energía), y apoyada por otros como Joaquín Almunia (Asuntos Económicos y Monetarios) ha tropezado con el rechazo de Merkel y del presidente francés, Jacques Chirac, que han asumido las peticiones de sus respectivas grandes empresas energéticas, las alemanas E.On y RWE y las francesas EDF y GdF.

Merkel advirtió, no obstante, que "no se trataba de medidas contra las empresas, sino que el objetivo era aumentar la competencia y la transparencia". El jefe del Ejecutivo comunitario anticipó tan sólo a grandes rasgos los objetivos de la propuesta: "Necesitamos aumentar la transparencia en las relaciones entre la generación y el transporte". Pero no precisó si finalmente se inclinaría por la ruptura de los monopolios o por una medida más moderada y tolerada por las grandes empresas, consistente en crear uno o varios gestores independientes de las redes de transporte, que "también podría conseguir los mismos resultados que la división de empresas", según fuentes comunitarias.

La filosofía de fondo de esta nueva política energética se sustenta sobre dos pilares: reducir la dependencia exterior y rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello se fijarán objetivos cuantitativos para aumentar el peso de las energías renovables (solar, eólica, biofuel), reducir las emisiones de CO2, utilizar nuevas tecnologías que perfeccionen el uso de carbón limpio; debatir el uso de la energía nuclear y mejorar el funcionamiento del mercado.

Paralelamente, se propugna la diversificación de países suministradores, promoviendo un papel más relevante para Argelia y otros países de Asia Central, como Kazajistán, Azerbaiyán y Turkmenistán, entre otros. En los borradores de los documentos se han manejado algunas cifras, como aumentar el peso de las energías renovables hasta el 20% para 2020, o que el uso del biofuel suponga el 14% en el transporte, o reducir las emisiones de CO2 en un 20% para 2020.

El corte del suministro de petróleo por parte de Rusia ha redoblado la sensibilización por la dependencia exterior, que se despertó hace un año, cuando Rusia cortó temporalmente el gas a Ucrania. La situación actual parece más controlada porque, a diferencia del gas, en el caso del petróleo los Estados tienen la obligación de constituir reservas estratégicas equivalentes a 90 días de consumo para sus principales productos. En este momento las reservas medias en la UE son de 120 días. La canciller Merkel recordó además las obligaciones de solidaridad entre los Estados miembros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de enero de 2007