Lula asume su segundo mandato con el crecimiento económico como gran reto

El presidente de Brasil negocia una amplia alianza para gobernar, incluido el centro-derecha

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó ayer ante el pleno del Congreso tras su toma de posesión para un segundo mandato de cuatro años que su Gobierno "no es populista, sino popular". Sin el fervor popular que caracterizó la investidura de su primer mandato en 2003, Lula prometió ayer ante 10.000 personas "coraje, osadía y creatividad" para abrir nuevos caminos de desarrollo económico y democrático en Brasil, y acelerar el crecimiento. También subrayó que desea gobernar para todos, pero "sobre todo a favor de los más pobres".

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Con un discurso enérgico y ante los diputados y senadores del Congreso, Lula presentó los nuevos retos que afrontará su Gobierno durante los próximos cuatro años: crecimiento económico (sin renunciar al rigor fiscal), mejoras sociales, revolución educativa, reformas políticas y la lucha contra la inseguridad ciudadana.

El presidente brasileño aseguró que su verbo preferido fue siempre "cambiar" Brasil, pero que serán los verbos "acelerar", "crecer" e "incluir" los que rijan en el país los próximos cuatro años. "Brasil no puede continuar como una bestia tras una jaula de acero invisible", dijo al Congreso. "Liberaremos a Brasil para que crezca más rápido", aseguró. La economía brasileña creció a una media del 2,6% en los últimos cuatro años, por detrás de otras potencias emergentes como China e India.

Para lograr sus objetivos, Lula aún está negociando una amplia alianza con la que pretende gobernar en su segundo mandato y que, además de las fuerzas de izquierda que lo apoyan, incluirá formaciones de centro-derecha, como el mayoritario Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Tras enunciar los principales logros de su primer mandato, entre ellos la mejora social y económica de las poblaciones más necesitadas, la creación de siete millones de puestos de trabajo y la lucha contra la corrupción, Lula, quiso subrayar que desea gobernar para todos, pero "sobre todo a favor de los intereses de los más pobres". Enfatizó que las elecciones de octubre le dieron 58 millones de votos, principalmente de los más pobres, y demostraron que "el pueblo ya no admite tutelas para escoger".

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El ex sindicalista señaló ante los aplausos del Congreso: "La educación de calidad será la prioridad de mi Gobierno". "Es un desafío gigante que otros países se propusieron en el siglo XIX o en el siglo XX, y que nosotros queremos realizarlo en los próximos años", dijo y confesó después, que "un grave déficit educativo aflige a este país".

Defender la democracia

Durante su investidura, Lula reconoció que nunca en este país la clase política estuvo "más desacreditada", tras los escándalos de corrupción que marcaron su primer mandato, pero que precisamente por eso se hace más necesario que nunca "defender la democracia". Dirigiéndose a la oposición, Lula pidió mayor interés "por lo que nos une que por lo que nos separa".

Entre otras cosas, criticó los escasos avances logrados para resolver grandes problemas como las desigualdades económicas o el terrorismo. Precisamente, el presidente calificó de "terrorismo" la ola de violencia que ha azotado Río de Janeiro en los últimos días y que se ha cobrado 25 muertos, y prometió mano fuerte contra la barbarie.

Lula dijo que las relaciones entre las naciones más ricas y más pobres "no han mejorado" y que "no se actualizaron" los organismos internacionales, entre los que citó especialmente la ONU, donde pelea un escaño permanente.

Entre los presentes a la ceremonia no se encontraban jefes de Estado y tampoco estuvieron algunos de sus viejos amigos del Partido de los Trabajadores (PT), que habían sido una pieza clave durante la primera parte de su mandato y que cayeron bajo el peso de la corrupción.

Alrededor de 1.800 personas, representantes de todos los estratos sociales, desde presidentes de entidades financieras hasta gente anónima de la calle, participaron primero en el Congreso como invitados y después durante los actos que sucedieron tras la investidura de Lula, en un discurso esta vez improvisado, emotivo y volcado hacia los más pobres.

Lula saluda junto a su esposa desde el coche que lo lleva al Parlamento de Brasilia para jurar el cargo.
Lula saluda junto a su esposa desde el coche que lo lleva al Parlamento de Brasilia para jurar el cargo.AP

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