Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
La OPE sanitaria

El tirón de la empresa pública

Más de 40.000 opositores acuden al reclamo de los primeros exámenes de la OPE de Osakidetza

Osakidetza abrió ayer su mayor Oferta Pública de Empleo (OPE) y por extensión de la historia de la administración vasca. Alrededor de 40.000 personas se examinaron de las pruebas masivas, es decir para celador, auxiliar administrativo, auxiliar de clínica y médico de atención primaria. La primera de las tres jornadas se desarrolló con normalidad, a excepción de unos incidentes protagonizados por partidarios del euskera durante el examen para celador. La OPE abre la puerta a la esperanza de miles de ciudadanos que sueñan con cambiar a un puesto de trabajo mejor y formar parte de la mayor empresa (pública y privada) de Euskadi con las ventajas laborales que eso supone.

Las 7,45 horas de la mañana. Una riada de miles de personas hace cola ya ante las puertas del Bilbao Exhibition Centre (BEC) para entrar al primer examen de la Oferta Pública de Empleo (OPE) de Osakidetza, la mayor convocada en la historia de Euskadi con 4.366 plazas en juego. Aún falta más de una hora para que la prueba comience de manera oficial, pero nadie quiere llegar tarde. El tráfico se convierte en un caos y aparcar en los alrededores de los pabellones es una odisea. La tensión empieza a hacerse patente. Muchos vienen a probar suerte y buscar un hueco en la bolsa de sustituciones, pero otros se juegan su futuro laboral. Es el caso de José Antonio Otxoa, de 42 años y que lleva ocho como celador con contratos temporales circulando por varios hospitales públicos. "Esta es mi oportunidad", asegura visiblemente nervioso. Es el tirón de la mayor empresa del País Vasco, Osakidetza, que cuenta con una plantilla de 22.000 personas.

Osakidetza empleó 18 kilómetros de mesas, 19.450 sillas y tres mil metros de cinta para delimitar zonas

"En la empresa privada siempre vives en el alambre. Sacar una plaza sería un pelotazo", dice una opositora

La prueba para la categoría de celador fue interrumpida con constantes protestas a favor del euskera

Las 9,00 horas de la mañana. Los 17.000 opositores que se han presentado al examen para celador (la prueba con más solicitudes) van ocupando sus lugares, pero el examen comienza una hora después de lo establecido en un principio. Ha costado acomodar a todos. El examen comienza a las diez de la mañana. De pronto, un grito en favor del euskera rompe la calma. Aplausos y silbidos. La escena se repite. Algunos aplausos y más abucheos. Durante la hora y media del examen las interrupciones se suceden. Incluso algunos jóvenes llegan a encadenarse cerca de la mesa del tribunal en demanda de un mejor tratamiento para el euskera. Los guardias de seguridad y los agentes de la Ertzaintza se emplean a fondo.

A las once y media de la mañana ha terminado la primera prueba. José Andrés Blasco, el director de Recursos Humanos de Osakidetza y uno de los principales responsables de la OPE, respira tranquilo. Aunque trata de restar trascendencia a los incidentes, reconoce que se vivieron momentos de "mucho nerviosismo". "Algunos puede que no se jugaran nada, como los que se han dedicado a interrumpir la prueba, pero entiendo el mal rato que han tenido que pasar los opositores que van a por todas".

A estas alturas de la mañana, el BEC se ha convertido en una romería donde miles y miles de personas hacen cola ante los diferentes pabellones para coger sitio, deambulan por los pasillos o buscan un rincón para dar el último repaso salvador. Begoña Rodríguez, una bilbaína de 35 años, se pierde por una de las esquinas del BEC en busca de tranquilidad. Su prueba, la de auxiliar administrativo, va a comenzar enseguida. Begoña trabaja como administrativa en una empresa de electricidad, pero la seguridad que ofrece Osakidetza le ha llevado a preparar el examen durante varios meses. "No he vivido obsesionada por las oposiciones, pero es una oportunidad. En mi empresa estoy a gusto, pero ya se sabe lo que pasa en el sector privado. Casi siempre en el alambre. Para mi sería un pelotazo sacar una plaza, aunque soy realista y sé que tengo pocas oportunidades". Begoña vuelve a sus apuntes hasta que una amiga le saca del ensimismamiento y le dice que ha llegado la hora.

Mientras, el director de Recursos Humanos sigue en "capilla", como él mismo dice. Un estado que no va a abandonar hasta el viernes, cuando culmine la primera tanda de exámenes masivos. En la primera jornada (la de ayer), pasarán más de 40.000 personas, 9.000 hoy y cerca de 18.000 el viernes. "Osakidetza es una empresa atractiva para la sociedad y por eso no es de extrañar el reclamo que han tenido estas oposiciones". Los recursos materiales empleados en la primera jornada han sido ingentes: 18 kilómetros de mesas (la distancia que separa Santurtzi de Bilbao), 6.400 tableros de madera; 19.200 caballetes para apoyarlos; 19.450 sillas; tres kilómetros de cinta de balizamiento empleada para delimitar zonas; 100 postes con carteles; 70.000 watios de potencia en los sistemas de megafonía y cuatro toneladas de papel.

Las 12,30 horas del mediodía. José Luis Otxoa hace ya un rato que ha terminado su examen para celador. Parece satisfecho y mucho más relajado. "No me ha ido mal", dice y se aleja para cotejar las respuestas con otro compañero. En el caso de los celadores, los opositores han tenido que trabajar sobre una lista cerrada de preguntas. En principio, este sistema facilita el aprobado general. Un sistema de examen similar al de los médicos de atención primaria, que están a punto de comenzar su prueba. Juan Antonio Abad, de 40 años, y Alberto Fernández, también de 40 años, no se muestran muy conformes con este sistema. "No demuestra lo que realmente sabe un médico", se lamenta Juan un minuto antes de entrar al pabellón. Este tipo de procedimientos no distingue a los profesionales más cualificados, ya que todos los aspirantes disponen previamente de las preguntas y también de sus correspondientes respuestas. Es la primera vez que Osakidetza realiza un examen de una OPE con este sistema.

Las pruebas para las categorías de auxiliares administrativos y médicos de atención primaria han comenzado a la vez. El trasiego sigue en los pasillos del BEC, aunque ahora se puede distinguir claramente que más que opositores, de lo que se trata es de familiares que esperan con interés los resultados de sus allegados. Josu Beitia y su madre Araceli Sanz aguardan a su hermana e hija, Josune, que se está examinando para auxiliar administrativo. La familia ha venido desde Vitoria y justo cuando llegaban al desvio para el BEC se encontraron con un monumental atasco. Los nervios, que hasta ese momento se habían mantenido bajo control, afloraron. Josune descendió del coche y se fue andando por el arcén hasta el BEC. "No sé si se había producido un accidente", comenta Josu, "pero lo mejor que podía hacer (su hermana) era ir andando". Ahora, aguarda impaciente noticias.

Otro que aguarda noticias, aunque sin nervios, es Andrés Calzada, de 35 años y que se presenta a celador, auxiliar administrativo y auxiliar de enfermería. Un maratón de pruebas en el mismo día. Y por si fuera poco, mañana tiene otros dos exámenes para integrar otra lista de sustituciones. Andrés ha venido hasta el BEC desde Vitoria en compañía de otras cuatro amigas, que también se han apuntado al maratón opositor. "Casi todos trabajamos en el sector privado y alguno en la administración. Nos presentamos para ver si hay suerte y podemos entrar en la bolsa de sustituciones. Sacar una plaza ni

me lo planteo porque los puestos son para la gente que está trabajando ya. Yo no puedo competir con personas que acreditan varios años de trabajo en el mismo puesto". Andrés admite que no se ha preparado excesivamente para los exámenes. "He mirado los apuntes, pero de una forma relajada. No creo que esta sea la ocasión de mi vida".

Las 14,00 horas. Juan y Alberto han terminado su examen para médicos de familia. Juan Trabaja actualmente en un centro de salud de Vitoria y Alberto en Pamplona. "Ha sido incluso más fácil de lo que podían haberlo hecho. Si dando las preguntas ya lo facilitaban, con las que han puesto lo han hecho aún más sencillo. Lo normal es que aprueben todos. Así tendrán un problema menos para adjudicar las plazas porque sólo se tendrán que fijar en la antigüedad y en el perfil lingüístico. Estoy francamente decepcionado", dice Juan. Desde enero lleva preparándose en una academia especializada y en julio, cuando se convocó la OPE le informaron del nuevo sistema de preguntas.

"No se busca", añade Alberto, "al profesional mejor preparado porque si no el examen sería distinto. Ahí es donde una persona con menos antigüedad puede demostrar sus cualidades profesionales. Esta vez no ha sido así. Con este sistema, mis posibilidades de obtener plaza son mínimas, a pesar de llevar cuatro años en la primaria". Tal vez tenga más suerte en la oposición que el Servicio Vasco de Salud tiene previsto organizar para el próximo año. Con esa OPE, serán seis las convocadas en los últimos cuatro años.

Manuel Fernández, de 28 años, ha venido desde San Sebastián para presentarse al examen para operario de servicios. Tras acabar la prueba, repasa mentalmente las preguntas. "Creo que el examen está aprobado. Otra historia es entrar en la plantilla. Es un sueño. La verdad es que hay mucha diferencia entre trabajar en el sector privado, al menos en las empresas en las que yo he estado, y la pública, donde se abre un mundo de posibilidades. Desde permisos a excedencias, además de la seguridad que supone trabajar en Osakidetza".

Esa misma seguridad persigue Isabel Lakarra, de 41 años, y profesora de Secundaria. Lleva más de 14 años de profesión a sus espaldas y se ha examinado para el puesto de celador. "Mi profesión me ha agotado. Siempre me ha gustado dar clases, pero las cosas se han complicado en los últimos años. Ahora busco tranquilidad, tener esa sensación de que terminas tu jornada de trabajo y no te llevas los deberes a casa y sigues dándole vueltas al coco sobre lo que ha pasado o ha dejado de pasar".

La OPE ha abierto una puerta a muchas esperanzas y casi todos son realistas a la hora de evaluar sus posibilidades. "Sé que aprobando el examen tengo muchas posibilidades de sacar la plaza", reconoce una médico de atención primaria, que prefiere no dar su nombre. Hoy toca el segundo capítulo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de diciembre de 2006