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La OTAN busca en Riga una estrategia eficaz para Afganistán

La lucha contra los talibanes pone a prueba a los aliados ante la cumbre de Letonia

Los soldados aliados abatidos en Afganistán ayer, que acercan al centenar y medio los perdidos en 2006, caerán con estrépito sobre la mesa de la cena de los líderes de la OTAN que esta noche van a discutir en Riga (Letonia) qué hacer para estabilizar el país asiático. Mientras George W. Bush y Tony Blair van a pedir más tropas y el levantamiento de las restricciones que muchos Gobiernos ponen al empleo de sus fuerzas, otros países como Bélgica e Italia reclamarán una estrategia clara para determinar cuándo y cómo salir.

España dirá que sigue, pero sin aumentar efectivos ni salir de su zona, salvo in extremis. Todos insistirán en lo vital de complementar la acción militar con el desarrollo.

La cumbre que cada dos años celebra la OTAN estaba enfocada en este 2006 a subrayar los planes de renovación de la Alianza para adaptarse a los retos del siglo XXI. Para contribuir simbólicamente al cambio, la gran cita se celebra por primera vez en un país que perteneció a la Unión Soviética.

Todo el fasto ha quedado eclipsado por la operación en Afganistán, que está resultando mucho más difícil de lo esperado, con muertos aliados en la lucha con los talibanes que están poniendo a prueba el verdadero carácter de una Alianza (ayer murieron dos soldados canadienses en un atentado al sur del país). Desde un principio, la OTAN subrayó que Afganistán, como primera salida fuera de su zona histórica, era una prueba en la que no se podía fallar. Pero la evolución de los acontecimientos ha introducido recriminaciones entre los aliados. Unos reprochan a otros que no ponen suficientes soldados en las zonas donde hacen falta (en el sur), y los otros reprochan a los unos que quizá fueron al sur sin estar debidamente preparados ni ser conscientes de la envergadura del desafío.

La cena de esta noche, que fuentes diplomáticas aventuran "será franca", debe servir para poner disciplina en un coro disonante de voces y definir una estrategia efectiva, con propuestas para encarrilar la situación. También se hablará de la necesidad de que el Gobierno afgano contribuya seriamente al esfuerzo. Pero, sobre todo, de la necesidad de que todos los aliados muestren voluntad política de triunfar en el empeño. "Ir a medias no merece la pena", señaló ayer la presidenta letona, Vaira Vike-Freiberga. "Hay que estar con todas las consecuencias o abandonar el país a su suerte".

Abandonar Afganistán es un lujo que la OTAN no puede permitirse. "La eficacia de la OTAN y su capacidad para intervenir contra la amenaza terrorista se verá cuestionada si la más importante alianza de la historia moderna fracasa en su primera misión fuera de Europa por la falta de voluntad de sus miembros", alertó Richard Lugar, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, en una conferencia sobre la OTAN organizada en Riga al calor de la cumbre.

El terrorismo es una de las amenazas a corto y medio plazo que la Alianza identifica en las Directrices Políticas Globales de actuación que mañana discutirán y aprobarán los 26 jefes de Estado y de Gobierno aliados. Otra son las armas de destrucción masiva. O los Estados fallidos -"el agujero negro", en palabras del secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, que se quiere evitar que se convierta de nuevo Afganistán- o el caos en las líneas de aprovisionamiento energético. La garantía de ese aprovisionamiento figura en los principios estratégicos de la OTAN. En Riga se va a pedir a la Alianza que empiece a discutir el valor añadido que puede dar a la protección de las infraestructuras de transporte de energía y a las líneas marítimas de comunicación. "El uso de la energía como arma no es una amenaza teórica para el futuro. Ya está ocurriendo", señaló el influyente Lugar. "Tenemos que abordar ya la cuestión de nuestra vulnerabilidad energética".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de noviembre de 2006