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La muerte de un ex espía

Detectada en más lugares de Londres la materia radiactiva que mató al ex agente

Tres personas serán sometidas a análisis clínicos tras el fallecimiento de Alexander Litvinenko

El ministro del Interior británico, John Reid, pidió ayer calma después de que 500 personas se pusieran en contacto con las autoridades sanitarias por temor a haberse contaminado con radiaciones nucleares tras la muerte del disidente ruso Alexander Litvinenko. Una treintena de comunicantes deberán someterse a análisis y tres fueron enviados a una clínica especializada. Ayer se supo que se ha detectado contaminación radiactiva en dos oficinas visitadas por Litvinenko, pero Reid pidió calma en los Comunes y aseguró que las radiaciones de polonio 210 "sólo viajan unos pocos centímetros".

El llamamiento a la calma se produce dos días después de que las autoridades pidieran que todas las personas que creen haber estado expuestas contactaran con el Servicio Nacional de Salud. En especial quienes hubieran visitado el restaurante japonés Itsu, en Piccadilly, y el hotel Millenium, en Grosvenor Square, donde estuvo Litvinenko el 1 de noviembre, día en que se cree que él mismo fue contaminado. El ex agente ruso murió el 23 de noviembre, tras tres semanas de agonía. Horas antes de su muerte se descubrió el veneno que le estaba matando: el isótopo radiactivo polonio 210.

Más de 500 personas han seguido esa recomendación y han sido sometidas a un detallado cuestionario. Pero sólo 26 personas han recibido la recomendación de proceder a análisis clínicos y tres han sido enviadas a una clínica radiológica especializada.

Ayer se supo que han sido detectadas radiaciones en otros dos lugares del centro de Londres, dos edificios de oficinas que fueron visitadas por Litvinenko el 1 de noviembre. Pero la policía ha subrayado que no se trata de edificios plenamente abiertos al público. Días atrás también se encontraron radiaciones en el domicilio familiar de Litvinenko en Muswell Hill, en los hospitales en que fue atendido, además del Itsu y el hotel Millenium. Siguen cerrados al público la zona de cuidados intensivos del hospital donde estuvo internado el ex agente ruso, la casa, el Itsu y algunas dependencias del hotel Millenium.

Las autoridades aún no han decidido si se va a realizar o no la autopsia al cadáver de Alexander Litvinenko. Mientras las autoridades sanitarias están todavía estudiando las precauciones a tomar para realizar la autopsia, quizás la justicia decida que no es necesaria, en la medida en que ya se sabe que la muerte se produjo por el efecto del isótopo radiactivo polonio 210, aunque aún se ignora la manera en que el veneno radiactivo entró en el cuerpo de Litvinenko.

La policía está intentando reconstruir los movimientos de Litvinenko el 1 de noviembre para establecer el momento en que pudo contaminarse. Los investigadores viajarán a Moscú y a Nápoles para interrogar a tres personas que se sabe que se vieron con él ese día. Pero la investigación se extenderá también a su complejo mundo de relaciones políticas y financieras.

Pero las autoridades británicas están escogiendo las palabras con extraordinaria prudencia al referirse a este caso. La policía, por ejemplo, calificó primero la muerte de Litvinenko como "por causas no explicadas" y ahora ha dado ya el paso de considerarla una muerte "sospechosa", pero aún no ha admitido que se trate de un homicidio o un asesinato, porque no considera probado que las radiaciones que le produjeron la muerte hayan sido provocadas por terceras personas. John Reid subrayó ayer que no está probado que la muerte haya sido causada "por terceros".

El Gobierno ha evitado también acusar directamente al presidente ruso Vladímir Putin o al Kremlin. El jefe del Foreign Office recordó ayer que el embajador ruso en Londres fue convocado el pasado día 24 para exigir la máxima colaboración, pero no fue más allá. El único miembro del Gobierno que se ha pronunciado en público señalando a Moscú ha sido el temperamental ministro para Irlanda del Norte, Peter Hain, que en declaraciones a la BBC el domingo afirmó que las promesas de Putin al llegar al poder, "se han visto ensombrecidas por lo que ha pasado desde entonces, incluyendo el lúgubre asesinato de una importante periodista rusa".

El primer ministro, Tony Blair, no le ha seguido en su criticismo. Su portavoz se limitó ayer a recordar que Blair "ha subrayado repetidamente algunos aspectos relacionados con los derechos humanos en Rusia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de noviembre de 2006