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Entrevista:Ezio Frigerio | Escenógrafo

"Emociona el encuentro con la hoja en blanco"

A la fantasía poética de su mano de gran dibujante, Ezio Frigerio une la forja de un estilo poderoso con primacía de los elementos arquitectónicos. Si sus óperas y clásicos goldonianos junto a Strehler asentaron su fama y prestigio como el más importante escenógrafo europeo de su tiempo, no menos importantes son algunos de sus aportes al cine, desde el Galileo, de Liliana Cavani, al Novecento, de Bernardo Bertolucci, hasta el Cyrano de Bergerac, de Jean Paul Rappeneau.

El escenógrafo y diseñador de vestuario Ezio Frigerio (Erba, Como, 1930) inauguró el viernes pasado en el Centro Cultural de La Villa de Madrid una gran exposición retrospectiva de su trabajo como creador de escenarios, acompañándose en el montaje con una cuidada selección de vestuarios ideados por su mujer, la también italiana Franca Squarciapino, con quien forma desde décadas un prestigioso tándem artístico; ellos han realizado multitud de óperas y grandes ballets en los teatros más importantes del mundo. En España, sus trabajos han sido admirados en teatros como el Liceo de Barcelona, o la Zarzuela y el Real de Madrid.

La muestra, que estará abierta hasta el 14 de enero de 2007, con un montaje también teatral y escenográfico, recoge más piezas, maquetas y bocetos que la precedente de Roma realizada en 1999.

"Uso la arquitectura de manera impropia; la utilizo para dar sensaciones, a veces como un recuerdo"

"La tradición de la cultura italiana abarca el mundo del teatro. El artista italiano es siempre un hombre del teatro"

"He tenido grandes emociones en mi vida, pero debo ser sincero, ninguna comparable a cuando, con la sala ya oscura, se abre el telón"

"Muy raramente hay una solución única para cualquier problema escénico: siempre hay varias soluciones, y de eso se trata, de encontrarlas"

De la cama de Desdémona al Teatrino de Arlequín; del bosque de abedules de Chéjov al tenebroso San Petersburgo de Chaikovski, la exposición del Centro Cultural de la Villarecrea ambientes teatrales y ahonda en el ampuloso y posesivo estilo de Frigerio, un escenógrafo que quiere a toda costa dominar el espacio y su imaginario, someterlo a un capricho galante que a veces tiene su razón de ser en la música que lo alimenta, en la danza que lo anima o en la palabra teatral que lo sustenta. Con claras inspiraciones en la arquitectura renacentista y hasta en raros utopistas como Ledoux, la manera de mostrarlos les hace ganar terreno en su vertiente realista, que no es la misma pero sí complementaria a la que el espectador encontraría de estas mismas invenciones con las distancias y proporciones de un verdadero teatro.

Frigerio bajó del avión el viernes con dos horas de retraso y fue directamente a la sala de la plaza de Colón para supervisar personalmente los últimos detalles. Aparentemente agotado, apoyándose en dos muletas, el maestro se ocupa de todo. Pero cuando comienza a hablar de su trabajo, la fatiga desaparece y llega una gran energía y vitalidad, la pasión que se ha hecho oficio y belleza, una carrera donde están el cine junto a De Sica y Bertolucci, el ballet junto a Nureyev y el teatro junto a Strehler.

Pregunta. ¿Hay una preferencia entre la ópera, el teatro o el ballet a la hora de diseñar?

Respuesta. No exactamente. Cada una de esas manifestaciones escénicas lleva a un estado emocional diferente. No se puede decir que se prefiera uno en detrimento del otro, pues cada uno genera preguntas diferentes, mundos diversos.

P. La manera de abordar el espacio.

R. Eso; técnicamente como espacio son muy distintos, el teatro tiene sus particularidades, el ballet las suyas. También es muy diferente si hacemos un decorado para contar una historia, un argumento o si se trata de una cosa sólo estética, de atmósfera, de ambiente.

P. Eso lleva a la síntesis...

R. Está siempre presente la tentación de meter muchas cosas en escena, luego se comienza a cortar, a seleccionar.

P. Sus comienzos fueron como figurinista de teatro, de ahí pasó a la ópera y a asumir trajes y decorado.

R. Comencé como figurinista porque tenía una enorme facilidad para dibujar, y estuve tres años en el Piccolo, que después dejé con mucho dolor y al que he regresado.

P. Con Franca comparte la vida y el trabajo.

R. Sí, empezó por el amor y ha terminado en el trabajo. Desde hace años es ella quien hace los diseños de ropa. Yo no he vuelto a los figurines. Ella es un gran apoyo para mí en todos los sentidos y la verdad es que yo nunca podría hacer los diseños que hace ella.

P. Usted abandonó los estudios de arquitectura en el Politécnico de Milán y se fue a Brera.

R. No terminé la carrera, aun sintiendo una fuerte atracción por la arquitectura, su poder, su solidez convincente. Ahora yo uso la arquitectura de manera impropia, la utilizo para dar sensaciones, a veces como un recuerdo.

P. Y a veces jugando al teatro dentro del teatro.

R. Sí, claro, pues el espectador está también jugando un doble papel, usa doble postura ante la fantasía del teatro mismo, que se abre y se debe aceptar y a la que entra poco a poco. He tenido grandes emociones en mi vida, pero debo ser sincero, ninguna comparable a cuando, con la sala ya oscura, se abre el telón. Ese momento, ese pálpito, es lo más grande y lo más intenso.

P. Una complicidad entre espectador y decorador.

R. Es la convención del espectáculo. El teatro es un sitio donde se sabe que se hacen fantasías. Al enfrentarse al telón nos enfrentamos a algo que no es verdad, que es pura invención.

P. Y esa naturaleza teatral es muy italiana.

R. Somos así. La tradición de la cultura italiana abarca el mundo del teatro. El artista italiano es siempre un hombre de teatro, somos natural y tendencialmente teatrales.

P. Sus fuentes están más en la arquitectura entonces.

R. Me siento más ligado a la pintura del Renacimiento. Es algo más sólido y estructurado, más profundo que el teatro, que en suma me suena algo frívolo. En el Renacimiento se asientan leyes geométricas y matemáticas que le dan esa solidez de que hablo, lo contrario del efímero teatral. Y eso es lo que yo he querido siempre llevar al teatro, esas leyes que llevan a la abstracción.

P. ¿No resulta fatigoso volver sobre El lago de los cisnes o sobre Tosca una y otra vez?

R. No. Piense que cada coreógrafo ve la misma obra de manera distinta y eso me hace a mí versionarla también diferentemente. Muy raramente hay una solución única para cualquier problema escénico; siempre hay varias soluciones para el mismo problema y de eso se trata, de encontrarlas. He hecho el Arlequín, servidor de dos amos varias veces y siempre hay motivaciones nuevas, detalles y hallazgos nuevos.

P. Tiene a sus espaldas una obra monumental difícilmente igualable.

R. Pero no me siento cansado. Es mi vida. No sabría hacer otra cosa. Emociona el encuentro con una hoja en blanco. Cada vez que me pongo frente a la hoja en blanco siento algo indescriptible. Y cuando no tengo nada que hacer me desespero.

P. ¿Y hay en su haber una obra predilecta?

R. Pues sí, Le nozze di Figaro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de noviembre de 2006