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El ladrillo amenaza la capital visigoda

Un proyecto de 1.300 viviendas en Toledo destapa y pone en peligro la metrópoli de los reyes godos

La construcción de 1.300 viviendas en Toledo ha hecho aflorar la antigua capital del reino visigodo de los siglos VI y VII. Y las palas excavadoras han abierto, a la vez que las zanjas, un profundo debate que opone la conservación del patrimonio histórico a un determinado modelo de desarrollo urbano. Con 66.000 viviendas proyectadas en el Plan de Ordenación Municipal, la capital manchega, Patrimonio de la Humanidad desde 1986, simboliza ahora este dilema. La Unesco, las reales academias de Bellas Artes, fundaciones y plataformas ciudadanas han lanzado informes y argumentos para preservar el patrimonio y frenar estos planes. Pero los promotores cuentan con el respaldo de las administraciones del PP y del PSOE. Y las parcelas ya están vendidas.

Todo el mundo sabía que allí había algo. Pero nadie se había imaginado que, a escasos metros bajo tierra, bajo ese descampado, se ocultaba una ciudad: Toletum. Los arqueólogos comenzaron a excavar el terreno hace un año. Y en esas tierras, en las faldas de la muralla de Toledo, en lo que se conoce como Vega Baja, a orillas del Tajo, empezaron a aparecer los primeros restos de la que fue la capital del reino visigodo: muros de casas y de murallas, de basílicas, de palacios, calzadas... Ha sido un proyecto urbanístico el que ha confirmado las sospechas de historiadores y arqueólogos.

El valor de las piedras visigodas de los siglos VI y VII se enfrenta ahora al de los ladrillos del siglo XXI, listos para construir las 1.300 viviendas públicas proyectadas en la zona. Los valores socio-culturales se oponen así a los valores socioeconómicos del modelo de desarrollo urbano imperante.

El hallazgo no tiene precedentes en España ni en Europa, según los expertos

Es la primera vez que aparece una ciudad que muestra la forma de vida urbana de los visigodos

Gregorio Marañón: "Es necesario salvar la Vega Baja por su excepcional valor paisajístico y arqueológico"

Pérez de Armiñán: "Quieren hacer de Toledo la sucursal de Madrid. Sólo se concibe el crecimiento en términos cuantitativos"

Y el hallazgo de todo un entramado urbano visigodo, que no tiene precedentes en España ni en Europa, según los expertos, ha generado una profunda división entre arqueólogos y defensores del patrimonio histórico, por un lado, que han elaborado sus informes y manifiestos de oposición a ese plan urbanístico; y constructores, promotores y administraciones públicas, por otro, que se resisten a dar marcha atrás en un proyecto "aprobado democráticamente".

Las palas excavadoras de las máquinas, además de empezar a abrir las zanjas para un colector esquivando los muros visigóticos que encuentran a su paso, han abierto también este importante debate, que ha llegado ya hasta los despachos del Ministerio de Cultura porque trasciende las murallas de esta ciudad declarada patrimonio de la humanidad en 1986.

"La Vega Baja siempre ha tenido una importancia fundamental en Toledo. Fue donde se centró la ciudad romana, donde se ubicaban todas las villas de los nobles romanos, junto al río. No es casualidad que el circo romano forme parte de esa zona", asegura Ramón Gonzálvez, director de la Real Academia de Ciencias Históricas y Bellas Artes de Toledo. "Los visigodos se asentaron apropiándose de las ciudades romanas e incorporando desde el poder sus costumbres culturales y habitacionales. Y vivieron allí dos siglos, hasta la llegada de los árabes. Lo que se ha encontrado es, ni más ni menos, que la capital del reino visigodo, que se extendía desde el norte de África hasta el sureste de la Galia (Francia). Una ciudad donde se firmaron numerosos concilios, adonde venían los nobles y obispos de todas las diócesis del reino. La información que puede dar es de sumo interés", dice.

Expertos, historiadores y arqueólogos coinciden en señalar que es la primera vez que aparece una ciudad que muestra la forma de vida urbana de los visigodos. Y que su análisis puede ayudar a rellenar el vacío histórico entre la España romana y la musulmana.

"Los hallazgos pueden tener un valor documental y de investigación, pero no un valor monumental", dice Mari Paz González, concejal de Urbanismo (PP). "La empresa municipal se ha gastado ya tres millones de euros en esas excavaciones. El Ayuntamiento no quiere destruir los restos de interés patrimonial, pero la ciudad se tiene que seguir desarrollando como demandan los ciudadanos y los restos deben incorporarse, integrarse", agrega.

Este debate de posiciones contrapuestas filtradas por intereses distintos podría producirse tranquilamente y sacar las conclusiones oportunas de no ser porque la situación ya ha llegado al límite. Y es que el Ayuntamiento (PP) ya ha vendido las parcelas y ha recuperado sobradamente la inversión que hizo en su momento al comprar los terrenos a Defensa por 3.800 millones de las antiguas pesetas; los promotores, que ya han pagado por ellas, quieren empezar a construir; y los cooperativistas, que ya han abonado las primeras cuotas, quieren saber cuándo tendrán sus casas.

Unos creen que se ha empezado la casa por el tejado, y otros opinan que se hicieron las catas correspondientes en su momento y que, tras ellas, se aprobó el plan urbanístico correspondiente.

"Sí, se aprobó un plan que se ha cambiado con modificaciones especiales y ha desprotegido lo que antes lo estaba. Y lo importante ya no es el desarrollo del campus universitario que se encuentra en la zona, ni ordenar el suelo con criterios de sostenibilidad y construir, si se puede, viviendas sociales... Ahora son viviendas públicas, son 1.300 en lugar de 1.000, más espacios comerciales y edificios de hasta cinco plantas", dice José Esteban Chozas, el concejal de IU que lleva librando esta batalla desde que en 2000 "cambió la filosofía del desarrollo" y que ha pedido la creación de una comisión especial en el Congreso para estudiar el asunto.

Pero ya no está solo. El pasado 2 de marzo, durante el acto de entrega de premios de la Real Fundación de Toledo, su presidente, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, en un discurso pronunciado delante del rey Juan Carlos; la ministra de Cultura, Carmen Calvo; el presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha, José María Barreda, y el propio alcalde de Toledo, José Manuel Molina, llamaba la atención sobre "el reconocimiento que debe tener la arqueología cuando, lamentablemente, la investigación de los restos que constituyen nuestra memoria se considera más riesgo que oportunidad, y los hallazgos, cuando se producen, más hipoteca que riqueza. La preservación del paisaje histórico toledano, y quizá de una parte de su riqueza arqueológica, corren un peligro inminente", dijo, a sabiendas de que la ciudad vive un momento clave con 66.000 viviendas proyectadas de aquí a 2016 en su Plan de Ordenación Municipal.

"Quieren hacer de Toledo la sucursal de Madrid. Una ciudad-AVE. Porque sólo se concibe el crecimiento en términos cuantitativos, no en patentes, y esto es propio de un país inculto, de una democracia iletrada", comenta Alfredo Pérez de Armiñán, presidente de la asociación en defensa del patrimonio Hispania Nostra. "Esto pone de manifiesto la inacción de las administraciones públicas en la defensa del patrimonio", añade.

Mientras el Ministerio de Cultura, tras haber recibido varias denuncias, elabora un informe sobre el asunto que emitirá a la consejería, gran parte del peso de esta disyuntiva, que obliga a optar entre las "reveladoras" piedras visigodas o los ladrillos "del progreso", recae sobre los arqueólogos.

Ellos deben elaborar los informes que determinen qué hay en el subsuelo y qué se puede hacer finalmente con esos terrenos. Contratados por las empresas promotoras -públicas, como la Empresa Municipal Vega Baja, del Ayuntamiento, y privadas, como Hupaco o Palomarejos Altos-, son los encargados de hacer los estudios para las constructoras que corren con los cuantiosos gastos de las excavaciones, tal y como dicta la Ley de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha desde que en 1990 fueran transferidas las competencias. Los arqueólogos, que viven con entusiasmo el hallazgo, se encuentran así en una encrucijada, conscientes de que sus apreciaciones pueden impedir el desarrollo de las obras e ir en contra de sus propios clientes, que, al fin y al cabo, les contratan y les pagan.

"Lo que hay que entender es que la historia no está en los monumentos, o no sólo, sino en el entramado de las edificaciones, en las calzadas, en las casas, en sus habitaciones, sus cocinas... Lo importante es el conjunto. Las piedras hablan de un pasado que explica un presente, incluso un futuro", comenta un arqueólogo que trabaja en la zona y que, como todos, prefiere no dar su nombre.

La palabra "integración", usada por políticos y promotores y aplicada a los yacimientos arqueológicos, pone los pelos de punta a más de uno después de ver cómo se han "integrado" otros restos en la zona. Es el caso del edificio de Fremap, que oculta en sus sótanos los muros del palacio visigodo conocido como Pretorio, pegados a los cimientos de hormigón.

Muchos buscan una salida a esta situación mediante el acuerdo. Algunos han propuesto alternativas: "Es falso el dilema que contrapone conservación a desarrollo", dice Gregorio Marañón. "De lo que se trata es de elegir entre un modelo de desarrollo, moderno y culto, que respete el paisaje y el patrimonio histórico, o el puro desarrollismo de los años sesenta, que sólo busca maximizar el beneficio inmobiliario. En Toledo, igual que se han rectificado los criterios que arrasaban paisajísticamente otras zonas, es necesario salvar la Vega Baja, por su excepcional valor paisajístico y arqueológico, respetando los legítimos intereses de los promotores y compradores. Basta con trasladar la edificabilidad prevista a otro lugar. No hacerlo supone una gravísima irresponsabilidad, y un incalculable perjuicio para el patrimonio común".

Alerta internacional contra la destrucción

Desde que hace un mes se aprobase el Plan de Ordenación Municipal (POM) de Toledo, que prevé la construcción de 66.000 viviendas en la ciudad y que incluye el plan especial de la Vega Baja, en donde se encuentran los yacimientos visigodos, no han faltado voces discrepantes.

Desde el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios histórico-artísticos (ICOMOS), que depende de la Unesco y que es la única organización internacional no gubernamental que tiene como cometido promover la conservación y protección de los monumentos, los conjuntos y los referidos sitios; hasta la Plataforma por Toledo, creada para defender el patrimonio histórico de la ciudad; pasando por todas las reales academias de Bellas Artes. Todas estas entidades han manifestado mediante exhaustivos y rigurosos informes o mediante manifiestos y denuncias su profunda oposición a un tipo de desarrollo que suponga el desmantelamiento de los bienes culturales históricos de esta ciudad patrimonio de la humanidad.

"La ciudad histórica y su paisaje, como elementos integradores del bien declarado patrimonio mundial, configuran una unidad inseparable", recogen las conclusiones del contundente informe de ICOMOS. "El POM no tiene en cuenta la totalidad de la protección de los espacios y valores protegidos señalados en el expediente de declaración de Toledo como patrimonio mundial", continúa. "El Ayuntamiento de Toledo debe revisar y corregir el POM para la correcta conservación de esos valores y, en virtud de la legislación vigente, las autoridades competentes de la Junta de Castilla-La Mancha deben intervenir para aprobar esas modificaciones... Si el POM se aprobase por las autoridades del ayuntamiento y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha sin haberse corregido los aspectos señalados en este informe, debe actuar, de acuerdo con la legislación vigente, el Ministerio de Cultura de España para impedir su aprobación definitiva".

Todas estas instituciones insisten en la importancia de la conservación de lo encontrado y en el impacto paisajístico de esas edificaciones. "La construcción de edificios en las vegas del Tajo destruiría la histórica silueta urbana de la ciudad", reza el informe de las reales academias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de julio de 2006

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