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La huella española de Benjamin Franklin

Se clausura el congreso 'Norteamérica a finales del siglo XVIII: España y los EE UU'

Era, dicen, el americano que mejor conocía Europa, y también el americano más conocido en Europa. Durante su vida, Benjamin Franklin tuvo más fama en el Viejo Continente que en Estados Unidos. Tras su muerte, esta situación se invirtió: la historiografía norteamericana alimentó su legado, mientras la española reducía -y reduce- su bibliografía a dos biografías y dos autobiografías, según apunta Almudena Hernández, profesora de Historia de América de la Complutense de Madrid.

Celia López Chávez, María Ángeles Pérez Samper, Almudena Hernández y Thomas Chávez rememoraron ayer los vértices -inventor, político, filósofo- de la personalidad del padre fundador de EE UU, en la clausura del congreso Norteamérica a finales del siglo XVIII: España y los Estados Unidos, que se celebró en la Casa de América de Madrid.

La excusa para celebrar estas jornadas es el tricentenario del nacimiento de Benjamin Franklin (Boston, 1706-Filadelfia, 1790). Y su meta, destacó Eduardo Garrigues, coordinador del congreso, no es otra que ajustar cuentas: con Benjamin Franklin y su huella en las relaciones con España en el siglo XVIII y, por extensión, con la contribución española a la independencia americana.

Entre Franklin y la realeza española hubo una conexión musical. El norteamericano le proporcionó al infante don Gabriel, hijo del rey Carlos III, una armónica de vasos que él mismo había inventado. Y también fue Franklin quien tuvo que lidiar con el conde de Aranda durante la lucha de las 13 colonias. La impronta de Franklin, también la de España en EE UU, está encerrada en los archivos, pero, hasta el momento, no ha despertado demasiado interés en la historiografía española, mucho menos en la anglosajona. "No obstante, aquí hemos reunido a los historiadores que tienen una perspectiva diferente a la mayoría", concluyó Garrigues.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de mayo de 2006