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LA EJEMPLAR COHERENCIA DE UN MAESTRO

Muere Julián Marías, la memoria de la filosofía

El pensador y académico, heredero de Ortega y Zubiri, falleció ayer en Madrid a los 91 años

El pensador Julián Marías falleció ayer en su casa de Madrid a los 91 años. En su dilatada vida demostró una gran coherencia entre sus principios y su actitud. Nació en Valladolid en 1914. Fue un destacado discípulo de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades. No enseñó en la Universidad española franquista por discrepancias ideológicas, pero fue conferenciante y profesor en numerosas universidades de Europa y América. Fue senador por designación real de 1977 a 1979, académico de la Lengua y de Bellas Artes y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. En 2003, 50 intelectuales y amigos publicaron el volumen-homenaje Historia de un siglo, y son numerosas las voces que consideran que sus aportaciones teóricas deberían valorarse en su justa medida. A las 12.45 de hoy se oficiará un funeral en el tanatorio de La Paz (Alcobendas, Madrid) y a las 14.30 Marías será enterrado en el cementerio de La Almudena.

Su Historia de la filosofía, publicada en 1941, y el hecho de que fuera el discípulo más cercano a José Ortega y Gasset convirtieron a Julián Marías en un personaje sobre el que pivotó la enseñanza de la filosofía en los tiempos oscuros de la posguerra. Sufrió, tras la Guerra Civil, la persecución política y académica; su amigo el filósofo Emilio Lledó nos dijo ayer que "la herida imperdonable" que le asestó la vida oficial española a Marías tras la contienda "le sumió en una soledad" de la que le rescató "su entusiasmo, su enorme energía".

Muchos españoles y latinoamericanos estudiaron con aquel libro, que fue prologado por otro de los maestros de Marías, Xavier Zubiri, y que ha sido objeto de numerosas reediciones. Marías fue también, además de un educador y de un filósofo, un polemista preocupado por las cuestiones contemporáneas, que juzgó a través de su interpretación cristiana de la vida.

Durante los primeros años de EL PAÍS, a cuyo nacimiento estuvo vinculado, publicó aquí muchos de sus numerosos artículos, y luego desarrolló en Abc la mayor parte de su vasta historia de escritor de artículos. Su hijo Javier, escritor y novelista, le recordaba recientemente, ya en los peores momentos de la enfermedad contra la que luchó hasta ayer, como un hombre que jamás perdió la memoria y que incluso en esos momentos de grave perturbación de su salud le recitaba citas enteras en sus idiomas originales, entre ellos el griego. El Rey ha llamado personalmente por teléfono al escritor Javier Marías para expresarle, en su nombre y en el de toda la familia real, el pésame por la muerte de su padre. Aparte de esta conversación, los Reyes y los príncipes de Asturias han enviado sendos telegramas de pésame a la familia del filósofo.

Julián Marías era de una cultura enciclopédica que nunca dejó de aumentar con una curiosidad infatigable. Católico, vallisoletano, viajero, cinéfilo, lector incansable; su casa era un caos de libros, muchos de ellos anotados, y no sólo enseñó filosofía a sus numerosos alumnos en España y en América, sino que también inculcó en sus hijos la pasión por saber. Aparte del escritor ya citado, es padre de Miguel, economista y cinéfilo; Fernando, catedrático de Historia del Arte, y Álvaro, músico. Su mujer fue Dolores Franco Manera, escritora también, que falleció en 1977.

Emocionados, ayer, dos amigos suyos, de distintas generaciones, la escritora e historiadora María Rosa Alonso, y Emilio Lledó, filósofo e historiador de la filosofía, trazaron el perfil completo del pensador que acaba de fallecer. Alonso, que le conoció en 1933, nos habló del joven Marías, cuya energía le servía también "para alimentar un extraordinario sentido de la amistad, que yo disfruté del matrimonio que él formaba con Lolita Franco. Sabía que yo no era creyente, y él lo era, y discutíamos sin cesar, pero con un respeto que es reflejo de la hondura de su ser. Después de la guerra fue perseguido por mil mezquindades; era un liberal antiguo, un hombre comprensivo, una excelente persona".

Lledó le conoció después de la guerra, cuando ya Marías tenía 30 años y su joven amigo acababa de cumplir los 20. El filósofo subraya rasgos que ya aparecen en el perfil que trazó Javier Marías de su padre: la mezquindad de la guerra llevó a un compañero suyo a denunciarle ante las autoridades franquistas; éstas tomaron nota, encarcelaron a Julián Marías y le cerraron el paso, tácitamente, a la Universidad, instando la suspensión de su tesis doctoral. "Fue una mezquindad enorme", nos decía ayer Lledó. "Si Marías hubiera estado en la Universidad, ésta era hubiera sido distinta: nadie tenía su claridad de ideas; no hay derecho a que Marías no hubiera tenido el lugar que le correspondía, por su claridad expositiva, por su energía, y por una sabiduría que entonces no podía compararse con la de ninguno de los que enseñaban filosofía".

Apartado de la Universidad, y resistente a doblegar su dignidad, Julián Marías buscó sus propias áreas de docencia, "pero jamás se recuperó de la herida imperdonable que sufrió bajo el franquismo". Desde 1964 era un académico muy activo. Lledó declaraba ayer que recientemente ha vuelto a su libro capital, su Historia de la filosofía. "Es un libro admirable; si se piensa que él tenía tan sólo 26 años cuando lo da a la imprenta, se ve muy fácilmente que con esta obra rompía la estrechez de miras con la que España se despertó después de la guerra. Y él siguió sufriendo la guerra. Le quise, le quiero mucho. Fue un referente. Perdone que le hable con tanta emoción".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de diciembre de 2005